Las células cancerosas más temibles no descansan nunca. Producen metástasis, esto es, migran del foco inicial a otras partes del organismo donde crean nuevos tumores. Y cuando el cáncer se extiende es más difícil de erradicar. Un estudio a cargo de biólogos del desarrollo aporta un nuevo indicio sobre cómo las células cancerosas adquieren la facultad de invadir otros tejidos, un paso indispensable para la metástasis. El trabajo revela que para que tenga lugar la invasión las células deben cesar de dividirse. Así pues, ambos procesos, la invasión y la proliferación, serían mutuamente excluyentes. El descubrimiento podría impulsar la creación de nuevos tratamientos contra el cáncer, los cuales suelen tener como blanco las células cancerosas que se multiplican con rapidez.

David Matus, de la Universidad Stony Brook, y David Sherwood, de la Universidad Duke, han recurrido a un gusano transparente para dilucidar ese proceso de invasión. Durante el desarrollo normal del animal, un tipo de célula llamado célula de anclaje se abre paso a través de la membrana basal, que en un principio separa el útero de la vulva. El proceso es similar al modo en que las células del cáncer humano invaden las membranas basales para acceder al torrente sanguíneo, que las arrastra a lugares distantes. Así que los biólogos han adoptado a Caenorhabditis elegans como organismo modelo de la metástasis, pues se presta a una fácil captación de imágenes y a una manipulación genética sencilla.

Después de activar y desactivar la expresión de cientos de genes de C. elegans, el equipo de Matus halló uno que regula la invasión de las células de anclaje. Mientras permaneció desactivado, las células no pudieron invadir la membrana basal. Pero también hicieron algo insólito: comenzaron a dividirse. Y viceversa, cuando los investigadores inhibieron la proliferación, cesaron de multiplicarse y reanudaron la invasión. Nuevos experimentos demostraron que la paralización de la división celular era al tiempo necesaria y suficiente para la invasión. Aparte de las observaciones esporádicas realizadas por algunos histopatólogos que apuntaban en la misma dirección, el nuevo estudio desvela el mecanismo genético que explica por qué ambos procesos son mutuamente excluyentes. Los resultados se publicaron el pasado octubre en la revista Developmental Cell.

El estudio demuestra también la consabida pero misteriosa observación de que el frente de invasión de muchos tumores no acoge células en división, sino que las células invasoras marchan en vanguardia y son aquellas las que las empujan hacia el tejido sano a medida que crece el tumor. "Este estudio cambia en cierta medida nuestro modo de ver el cáncer", aclara Matus. "Solemos pensar en él como una enfermedad de división celular incontrolada; tanto es así que muchos antineoplásicos están concebidos para atacar esas células en división. Pero el presente estudio plantea la importancia de averiguar cómo atacar las células que no se multiplican, puesto que son las invasoras".

No obstante, para que el descubrimiento trascienda a los tratamientos contra el cáncer, serán necesarios más ensayos. "Podemos ahora tomar este modelo sencillo y aplicarlo a sistemas más complejos, como los tumores malignos de mama", aclara Andrew Ewald, biólogo celular especializado en cáncer de la Universidad Johns Hopkins. Solo el cáncer de mama metastásico se cobra 40.000 vidas cada año en EE.UU., pero la supervivencia a los cinco años raya el cien por cien si es detectado antes de la diseminación.

 

Este artículo se reproduce con permiso y su versión en español se publicó primero en Investigación y Ciencia.