Los mamíferos y las aves son animales ampliamente reconocidos por exhibir comportamientos complejos que reflejan una alta capacidad de aprendizaje y adaptabilidad a su ambiente. A diferencia de estos, los anfibios no son considerados particularmente listos, según Andrius Pasukonis, un etólogo de la Universidad de Viena.

“Los anfibios no suelen responder a los estímulos típicamente utilizados en experimentos de aprendizaje en cautiverio y su comportamiento, usualmente caracterizado por largos períodos de inmovilidad, puede ser muy difícil de interpretar”, dice Pasukonis. “Parece haber un ‘sobre entendimiento silencioso’, entre muchos investigadores, de que los anfibios simplemente no muestran habilidades avanzadas de aprendizaje, pero esto está basado principalmente en falta de estudios en dichos animales,” añade Pasukonis.

Sin embargo, ahora, un nuevo estudio sugiere que una de las pequeñas ranas venenosas de Centroamérica, la Dendrobates auratus,  es más lista de lo que se pensaba.

La nueva investigación, publicada en la revista Animal Behaviour, demuestra por primera vez que estos pequeños anfibios son capaces de tener un comportamiento flexible como el que exhiben mamíferos y aves, que se adapta a los problemas que encuentran en su camino.

En el estudio, se analizó el comportamiento de 10 ranas, cuatro machos y seis hembras, criados en cautiverio. Para evaluar la capacidad de aprendizaje de estos anfibios, los investigadores diseñaron un laberinto simple que consistía en una cámara central unida a dos pasillos opuestos. La cámara central contenía señales visuales cuyo objetivo era orientar a las ranas. Cada pasillo conducía a una puerta, una de ellas permanecía cerrada, mientras que la otra, una vez abierta, conducía a un refugio. Para incentivar a las ranas a buscar el refugio, los investigadores crearon condiciones secas y calientes en la cámara central (las ranas están acostumbradas a un ambiente húmedo).

Cada cierto tiempo, los investigadores cambiaron la ubicación de la puerta que conducía al refugio, de manera que las ranas debían aprender que, a veces, la puerta cambiaba de lugar.

“Basado en su sorprendente comportamiento en la naturaleza, teníamos un fuerte presentimiento de que estas ranas venenosas eras animales listos, pero nuestros experimentos iniciales fracasaron,” dice Sabrina S. Burmeister, neuroetóloga de la Universidad de Carolina del Norte, y autora principal del artículo.

“Nos tomó varios intentos,  con diferentes laberintos, hasta que finalmente logramos un diseño que funcionara. De hecho, la primera vez que aprendieron a usar nuestros laberintos, las ranas usaron una estrategia más complicada de lo que habíamos pronosticado. ¡No lo podíamos creer!”, dice Burmeister.

Una rana frente a una de las puertas del laberinto./Foto de Yuxiang Liu.
Rana frente a la otra puerta del laberinto./Foto de Yuxiang Liu.

Los resultados del estudio demostraron que todas las ranas lograron encontrar la puerta correcta, al paso de siete a 22 días. “Estas ranas no solo pueden aprender a ir directamente a la puerta correcta, sino que también pueden aprender a cambiar lo que aprendieron cuando los investigadores cambiaron la ubicación de la puerta,” dice Kyle Summers, biólogo evolutivo de la Universidad de Carolina del Este y coautor del estudio.

Burmeister piensa que sus resultados son sorprendentes, pero no considera que sean representativos de todas las ranas, y admite que aún falta mucho por aprender. “Ahora planeamos realizar estudios similares con otras especies para saber qué tan común es esta habilidad,” dice Burmeister.

Ahora que han descubierto esta curiosa habilidad de estas ranas venenosas, los autores planean entender cuál es la base genética y neurobiológica de su inteligencia. “Estamos investigando los patrones de expresión genética en el hipocampo de estas ranas con el objetivo de identificar genes involucrados con su habilidad cognitiva. Eventualmente, esperamos correlacionar estos genes con la evolución del cuidado parental en ranas venenosas”, dice Burmeister.

 

* Nota del editor (01/07/16): Por error, en una versión anterior se atribuyeron las fotografías del experimento a Kyle Summers, lo correcto es que las fotografías son de Yuxiang Liu.