Una pequeña tortuga se arrastra por la arena de la playa de Tartarugas, en la remota isla de Trinidad, lo más rápido que sus aletas se lo permiten. Su objetivo es alcanzar la –relativa– seguridad del océano antes de que el cangrejo, o cualquier otro depredador, dé con ella. Este es el momento más vulnerable de su vida, y es por ello que las pequeñas tortugas se refugian entre la multitud para tener más oportunidades de sobrevivir.

La evolución ha favorecido que muchos animales que son presas de otros encuentren refugio en grupos. Un comportamiento típico es maximizar y sincronizar los nacimientos, ya que se satura la capacidad de reacción de los depredadores, y se diluye su efecto negativo. Ahora, en un artículo publicado en Proceedings of the Royal Society B, científicos de la Universidad Federal de Alagoas, Brasil, y de la Universidad de Bristol, Reino Unido, han demostrado que aumentar el número de crías de tortuga verde que salen del nido a la vez, reduce efecto de la depredación.

Por lo general, las crías de tortuga verde (Chelonia mydas), salen del nido –un hoyo en la arena de la playa, calentado por los rayos del sol– al amparo de la noche, ya que así evitan ser vistas por un mayor número de depredadores. Durante 21 noches los científicos monitorearon 33 nidos, para conocer tanto el momento de la salida del nido de las tortugas, como cuántas salían en un mismo evento. El estudio ha hallado que las tortugas de un mismo nido suelen emerger todas a la vez, y dirigirse juntas hacia el océano en grupos de unas 50 tortugas.

El principal depredador de las tortuguitas en la isla de Trinidad es el cangrejo amarillo (Johngarthia lagostoma), un animal nocturno, y poco más grande que sus presas. Esto hace que cuando cazan a una de las crías, se demoren en poder ir por la siguiente, y, en general, solo cacen una en el tiempo que las crías salen del nido y llegan al océano.

De las casi 3000 tortugas que emergieron del nido durante el estudio, menos de un tres por ciento cayeron presa de los cangrejos. Esto sustenta la hipótesis de que se salir en grupos más grandes reduce el riesgo de ser cazadas –sobretodo a primera hora de la noche, cuando los cangrejos están más activos y aún no están ocupados con una presa–. Aún así, se deben realizar más estudios para determinar como ha evolucionado la sincronización en la emergencia del nido y que factores influencian su temporización.

Los científicos se dirigieron a esta remota isla en medio del océano Atlántico, por tratarse casi de un santuario para las tortugas verdes (C. mydas), y su principal lugar de puesta de huevos. Se trata de un lugar remoto, donde estas tortugas amenazadas se comportan naturalmente sin apenas alteraciones por el contacto con humanos.

 “Quisiera destacar la importancia de trabajar en sistemas naturales, y el hecho de que estamos perdiendo muy rápidamente la oportunidad de estudiar y comprender las interacciones ecológicas y evolutivas naturales en ecosistemas costeros debido a las actividades humanas”, afirma Robson Santos, profesor asociado de biología de la Universidad Federal de Alagoas, y coautor del estudio a Scientific American.

“Trabajar en lugares como Trinidad es siempre un placer. Aún así, me entristece un poco porque me hace ver lo que hemos perdido en las áreas costeras, viendo que incluso áreas aisladas como Trinidad, están sufriendo debido a varios impactos humanos, como la sobrepesca en áreas cercanas o la polución por escombros marinos”, se lamenta el biólogo brasileño.