LE BOURGET, Francia—El mayor momento político en la historia de cambio climático ya llegó.

Cuatro años de planificación, debate y publicitadas negociaciones de la ONU sobre cambio climático llegaron a un punto crítico ayer por la mañana en una ciudad llena de carpas fuertemente vigiladas en las afueras de París, mientras el presidente francés François Hollande inauguraba oficialmente las conversaciones frente a 140 jefes de Estado y miles de personas deseosas de ver un nuevo acuerdo global

“Las apuestas en torno a una reunión internacional nunca han sido tan altas, ya que lo que está en juego es el futuro del planeta, el futuro de la vida”, dijo Hollande ante una sala repleta de líderes, ministros y diplomáticos.

Los terroristas que masacraron a 130 personas en cafés, una sala de conciertos y un estadio de fútbol en París el 13 de noviembre pesan mucho en los acontecimientos. El presidente Obama pasó sus primeras horas en el país en el teatro Bataclan, junto a Hollande, rindiendo homenaje a las víctimas. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió a los delegados un minuto de silencio al comienzo de la ceremonia.

 “Hemos venido a París para mostrar nuestra determinación”, dijo Obama a los líderes. “¿Qué mayor rechazo a aquellos que quieren derribar nuestro mundo que canalizar nuestros esfuerzos para salvarlo?”

Hollande declaró que la lucha contra el terrorismo y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero deben ir de la mano.

“No estoy eligiendo entre luchar contra el terrorismo o contra el calentamiento global. Ambos son desafíos globales que debemos superar. Debemos dejarle a nuestros niños más que un planeta libre de terrorismo. Les debemos un planeta protegido de los desastres”, señaló, y agregó que “esencialmente, lo que está en juego en esta conferencia climática es la paz”.

Nunca antes tantos líderes mundiales se reunieron en un solo lugar y por una misma causa. Obama, el presidente chino Xi Jinping y el primer ministro indio Narendra Modi están allí. El presidente de Rusia Vladimir Putin y el de Turquía Recep Tayyip Erdogan —aunque están enemistados por el reciente derribo de un avión ruso— también están ahí. También está el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, al igual que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas.

“Ustedes tienen la responsabilidad moral y política por este planeta, tanto para nosotros como para las generaciones venideras”, dijo Ban a los mandatarios.

“Dos semanas difíciles por delante”

Al cierre de la cumbre que durará dos semanas, los líderes esperan lograr un nuevo acuerdo internacional que mantendrá el aumento de las temperaturas globales por debajo del umbral de 2°C que los científicos han considerado como una “barrera de seguridad” entre el cambio climático peligroso y el catastrófico.

Sin embargo, un acuerdo realmente ambicioso afectará a todos los sectores de todas las economías del mundo. A pesar de la pompa de la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático de la ONU (COP21), en Copenhague, de las miles de personas que marcharon en todo el mundo después de que las manifestaciones fueran prohibidas en Francia a causa de los ataques, y de los más de 20.000 pares de zapatos que se expusieron en la Plaza de la República para simbolizar a los manifestantes ausentes, los activistas saben que los últimos días de las negociaciones serán arduos.

“Hay optimismo. ... Se siente como un tipo diferente de COP. Está empezando de manera diferente, y esperamos que termine de manera distinta. Pero es necesario ir más allá de la publicidad y la emoción”, dijo Tim Gore, director de política de Oxfam Internacional.

“Necesitamos estar seguros de mantener los pies en el suelo y de que haya un acuerdo que anunciar”, señaló. “Tenemos dos duras semanas por delante para hacer ásperas negociaciones”.

En el corazón del acuerdo están los objetivos climáticos de cortar o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que a estas alturas han anunciado más de 180 países. Que los compromisos provengan de países ricos y pobres por igual ya es un cambio significativo desde el Protocolo de Kyoto de 1997, el primer y hasta ahora único acuerdo climático mundial, que solo pidió a los países industrializados frenar las emisiones.

Pero también son la fuente de una de las más grandes luchas que sostienen las negociaciones: cómo harán las naciones que están obligadas para cumplir con sus objetivos.

Estados Unidos en el marco del acuerdo de París se ha comprometido a reducir sus emisiones entre 26 y 28 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para el año 2025. La Unión Europea reducirá sus niveles en 40 por ciento para 2030. China ha dicho que llegará a su máximo de emisiones ese año.

Europa ha exigido que cualquier acuerdo de París sea jurídicamente vinculante. De hecho, fue uno de los tres pilares que Hollande nombró al describir un acuerdo exitoso. Estados Unidos, mientras tanto, ha dejado claro que no puede tener objetivos y plazos vinculantes, o el acuerdo se vería obligado a ir ante el Senado de Estados Unidos para obtener consejo y consentimiento.

Más allá del antagonismo, sin embargo, hay una profunda batalla legalista de lenguaje preciso. Los negociadores europeos dicen que si bien saben que Estados Unidos enfrenta limitaciones, quieren al menos ver un lenguaje que asegure que los países promulguen políticas para llegar a sus metas de emisiones. Estados Unidos, en tanto, está trabajando en diluir el lenguaje en la redacción del acuerdo, buscando cambiar la frase que señala que los países “deberán asegurar” que las políticas se pongan en marcha para apoyar los objetivos por una que diga que los países “perseguirán el desarrollo” de dichas políticas.

“Es parcialmente una cuestión constitucional. Es, en gran medida, una cuestión política. Ellos no quieren ser vistos como si estuviesen tomándole el pelo al Congreso”, dijo un negociador europeo.

El tema del dinero ocupa un lugar destacado

Estados Unidos y los países europeos también están presionando para lograr un acuerdo que incluya un sistema por el cual las naciones puedan revisar y aumentar sus objetivos cada cinco años, un tema profundamente controversial para China e India. India ha luchado contra esa medida, y los negociadores dicen que dicho país quiere asegurar dinero para los países en desarrollo antes de aceptar cualquier cosa que pueda bloquearlo en futuras reducciones de emisiones, mientras aún está tratando de impulsar su economía.

El dinero, de hecho, está en la raíz de muchos de los problemas que persisten en las negociaciones. En 2009, los países ricos se comprometieron a movilizar 100.000 millones de dólares anuales para 2020 y, de acuerdo con algunas estimaciones, ya recorrieron alrededor de dos tercios del camino para lograrlo. Los países en desarrollo quieren ver una promesa en París de que los 100.000 millones de dólares es un “piso” de la financiación que aumentará con el tiempo, algo que los países ricos como Estados Unidos dicen que no están listos a aceptar.

Se espera que el importante anuncio de Obama, otros 19 líderes del mundo y el fundador de Microsoft, Bill Gates, de duplicar el dinero de investigación y desarrollo para la energía limpia impulse la discusión financiera. Pero los líderes también reconocieron que no es un sustituto de un paquete financiero para ayudar a los países más pobres que se enfrentan a los impactos del cambio climático y tratan de hacer la transición de los combustibles fósiles.

Aún así, el anuncio está listo para hacer un importante revuelo. Adnan Amin, director general de la Agencia Internacional de Energías Renovables, lo calificó como “muy bienvenido”.

“Es excelente que el sector privado esté asumiendo la responsabilidad”, dijo. “Si podemos dar un nuevo impulso a la investigación y el desarrollo, será un cambio dramático”.

Mientras tanto, las pequeñas naciones insulares, que son las que tienen más que perder ante un acuerdo débil, dicen que están comprometidas con un acuerdo que promete mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5°C y ofrece una manera de ayudar a los países que ya sufren tormentas más fuertes, inundaciones, ciclones y otros efectos del cambio climático.

“Estamos preocupados”, dice el embajador Ronny Jumeau de las Islas Seychelles, quien también es vocero de la Alianza para los Pequeños Estados Insulares. Jumeau señala que EE. UU., China e India están luchando contra las naciones insulares y los países menos desarrollados para el establecimiento de un objetivo más estricto de 1,5°C como parte del objetivo del acuerdo global en París. Mientras que una diferencia de 0,5°C puede parecer pequeña, dijo, la diferencia es enorme en países como el suyo.

“Hace una gran diferencia para cosas como los arrecifes de coral. Con un aumento de 2°C, ellos están muertos. Con 1,5 grados, hay una oportunidad de mantenerlos con vida”, dijo Jumeau, señalando que lo mismo vale para la pesca, el turismo y otras de las principales industrias de la isla.

“El punto crucial es el objetivo vinculado a la temperatura, porque todo fluye a partir de eso”, dijo. “Indicará la cantidad de daño que hará”.

Los líderes de todo el espectro dijeron que tienen esperanza de que los diplomáticos lleven el impulso de la primera jornada hasta el final.

“El acuerdo está ahí”, dijo el negociador sudafricano Alf Wills. “Solo hay que tener el valor de tomarlo”.

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