El asombro fue universal en diciembre del año pasado, cuando el Acuerdo de París sobre el cambio climático incluyó la aspiración de limitar el calentamiento a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, un objetivo mucho más difícil que el anterior de 2°C, que ahora es visto como demasiado riesgoso.

Fue un triunfo considerable para una larga campaña de los pequeños países insulares, y demostró que incluso las pequeñas naciones con un fuerte caso moral pueden cambiar el mundo.

¿Pero qué significa un objetivo global del 1,5°C? ¿Es alcanzable? ¿Qué diferencia habría entre 1,5°C y 2°C? Esta semana, una conferencia en la Universidad de Oxford reunió a destacados científicos para comenzar a responder estas preguntas.

Nadie puede dar respuestas firmes, pero han surgido algunas observaciones sorprendentes. Una cosa está clara: dada la gran cantidad de dióxido de carbono que ya está en la atmósfera, y que aún hay más por venir, limitar el calentamiento a 1,5°C requerirá “emisiones negativas”.

Las tecnologías de emisiones negativas tienen como fin extraer el dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo de forma segura. Algunas tecnologías propuestas incluyen máquinas que extraen el dióxido de carbono del aire, lo concentran y luego, de alguna manera (las respuestas son vagas), lo almacenan. Para hacer esto a una escala que logre marcar una diferencia significativa se requiere una gran infraestructura que incluye máquinas de extracción de carbono, equipos para realizar la concentración y tuberías.

El método de emisiones negativas comúnmente más mencionado involucra la generación de electricidad mediante la quema de biomasa, principalmente de residuos de cultivos, de madera, y de los cultivos plantados con ese propósito: capturar dióxido de carbono de las emisiones y almacenarlo bajo tierra.

Para hacer una diferencia sustancial respecto al calentamiento global se debería renunciar a enormes extensiones de tierra para dedicarlas a plantar cultivos para biomasa. Esto podría privar de cultivos alimentarios a los pobres y destruir ecosistemas, pues se dedicarían grandes áreas de tierra a cultivar biomasa para obtener energía.

Así que aquí está la primera perspectiva preocupante. Aunque el calentamiento de 1,5°C generaría mucho menos daño que 2°C, es posible que el daño ecológico causado por los proyectos necesarios para alcanzar ese logro supere los beneficios, al menos para algunos.

Si bien el objetivo general de las negociaciones climáticas es evitar el “cambio climático peligroso”, tal vez sea necesario modificarlo para que se convierta en “minimizar el cambio peligroso para el sistema terrestre en su conjunto”, un viraje dramático en la manera en que pensamos acerca la cuestión.

Debe empezar pronto

Para lograr la meta de 1,5°C, las actividades vinculadas a las emisiones negativas a gran escala deberían comenzar pronto, antes de 2030, y expandirse rápidamente, de modo que para 2050 o antes, la cantidad de carbono retirado de la atmósfera supere la emitida a partir de la quema de combustibles fósiles.

Nadie confía en que eso pueda hacerse. Algunos sugieren que cuando el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) incluyó a las emisiones negativas en sus escenarios futuros de emisiones no fue más que como un “factor compensatorio”/“factor de elusión”, para hacer que el límite de 2°C pareciera posible.

Aparte del costo, el mayor obstáculo para las tecnologías de emisiones negativas es qué hacer con el carbono capturado. Aunque es posible extraer dióxido de carbono del aire, hasta ahora nadie ha desarrollado una forma viable y económica de almacenar miles de millones de toneladas de esta sustancia. Debe hacerse de manera segura y permanecer allí durante miles de años, sin que se escape.

Hace algunos años, los gobiernos se entusiasmaron con la idea de bombearlo en formaciones geológicas, pero los proyectos piloto realizados en el mundo han sido abandonados porque se encontraron con problemas técnicos y costos explosivos. Ahora se cree que aún llevará décadas hacer posible el almacenamiento de dióxido de carbono bajo tierra a gran escala.

Rebasar el umbral

El mundo ya se ha calentado 1°C y viendo el impulso del sistema climático es casi seguro que alcanzará 1,5°C, tal vez ya en el año 2030. Entonces, si nuestro objetivo es limitar el calentamiento a 1,5°C, habrá un “rebasamiento” que llevará el calentamiento hasta al menos 2°C y tal vez a 3°C, antes de que la temperatura global promedio puede bajarse nuevamente.

Esta es la segunda posibilidad preocupante. Si el mundo se calienta 2 o más grados podrían desencadenarse efectos de retroalimentación, como derretimiento imparable del permafrost (hielo permanente) siberiano, que podría enviar más gases de efecto invernadero a la atmósfera. Eso haría prácticamente imposible estabilizar el calentamiento a 2°C, y mucho menos a 1,5°C.

Y si pudiéramos sobrepasar el límite y luego regresar a 1,5°C, ¿podrían sobrevivir los ecosistemas y las especies vegetales y animales vulnerables, ese período de rebasamiento que quizá dure tres, cuatro o cinco décadas? Los científicos esperan que los ecosistemas tengan suficiente “resiliencia temporal” para sobrevivir el período de rebasamiento, de modo que puedan recuperarse cuando regresen las condiciones más frías.

E igualmente preocupante: aquellas criaturas y ecosistemas que sí puedan adaptarse a un entorno 2°C o 3°C más caliente, ¿podrán hacer frente a un ambiente más frío cuando la temperatura global retroceda a 1,5°C?

Cuando los países del mundo adoptaron en París el ambicioso umbral de 1,5°C, los políticos estaban muy por delante de los científicos. Ahora los científicos están luchando para recuperar terreno.