En la remota ciudad de Sayaxche, Guatemala, científicos han puesto a prueba una ingeniosa trampa hecha a partir de llantas viejas para capturar los huevos de los mosquitos Aedes aegypti, transmisor de enfermedades como zika, dengue y chikungunya.

Los científicos compararon este nuevo diseño, bautizado como ovillanta, con las trampas estándar y se dieron cuenta de que el invento era capaz de recolectar casi siete veces más huevos, según reportaron en un estudio publicado en F1000Research.

La estrategia, liderada por Gerardo Ulibarri, de la Universidad Laurentian de Canadá, busca matar dos pájaros con la misma piedra: casi un 30% de los nidos de estos mosquitos se dan en los depósitos de agua en llantas abandonadas y, al usar estas en su diseño, convirtieron parte del problema en la solución. También es ecológico pues evita el uso de pesticidas no selectivos que pueden dañar a otras especies.

La trampa se puede fabricar fácilmente en un taller mecánico, y su uso y mantenimiento es sencillo, convirtiéndola en un instrumento de valor para controlar mosquitos en poblaciones remotas.

Ovillanta. Crédito: Daniel Pinelo

La ovillanta se fabrica con dos secciones del neumático: una contiene agua y pedazos de papel poroso donde los insectos pondrán sus huevos, la otra se usa para cubrir la trampa. Cada semana debe realizarse el mantenimiento de la trampa, que consiste en retirar los pedazos de papel –que pueden ser enviados al laboratorio para realizar el control de las poblaciones de mosquito– y se filtra el agua usando un trapo donde quedarán atrapados huevos y larvas que se deben eliminar de manera segura limpiando los filtros con agua con cloro o jabón.

El agua se recicla porque en ella hay feromonas que desprenden los huevos de mosquito al eclosionar y que le indican a los mosquitos que ese es un lugar seguro para desovar. En el estudio, los científicos utilizaron además feromonas falsas que imitan las naturales, pero si no se dispone de ellas, no es un problema, ya que en el agua reutilizada la feromona se va concentrando y convierte la ovillanta en un lugar irresistible para la crianza del mosquito.

Crédito: Gerardo Ulibarri

La comunidad ha respondido positivamente a la estrategia de control, “porque saben que ahora hay pocos mosquitos en sus casas, así que han venido ellos mismos a las oficinas a pedir más ovillantas”, afirma Roy Flores, director del Área de Salud de Sayaxche. Asegura que puede tratarse de una muy buena estrategia a largo plazo, y desea expandir el invento a otros núcleos urbanos.

Anecdóticamente, no se reportó ningún caso de dengue en la zona durante los 10 meses de 2015 en los que se desarrolló el proyecto –habitualmente se habrían dado entre 20 y 30 casos en ese tiempo–. Aunque no se pueden sacar conclusiones aún, es un dato esperanzador

En estos momentos Ulibarri y su equipo esperan comenzar una segunda fase del estudio, donde el objetivo es aumentar el numero de ovillantas en la cuidad y monitorear el índice entomológico de dengue, zika y chikungunya en la región. “Muchas veces estas comunidades están abandonadas en temas de salud, hay monitoreo, pero no se les sigue correctamente. Darles la posibilidad de que ellos solos se cuiden, por si mismos, es un reto muy grande”, afirma Ulibarri.

El proyecto fue financiado por el Stars in Global Health Project de Grand Challenges Canadá, organización sin ánimo de lucro dedicada a respaldar ideas innovadoras con un gran impacto en salud global.