Se supone que los antioxidantes mantienen saludables a las células. Esta es la razón por la que cada año millones de personas engullen suplementos como la vitamina E y el betacaroteno. Hoy, sin embargo, un nuevo estudio se suma a un creciente cuerpo de investigaciones que sugiere que estos suplementos tienen, en realidad, un efecto perjudicial en una enfermedad seria: el cáncer.

El trabajo, llevado a cabo en ratones, muestra que los antioxidantes pueden cambiar las células para impulsar la propagación del melanoma maligno —la forma más seria de cáncer de piel— a diferentes partes del cuerpo. La progresión hace que la enfermedad sea aún más mortal. Anteriormente, estudios sobre suplementos antioxidantes usados por la gente también habían dado pistas acerca de un efecto promotor del cáncer. En 1994, un ensayo grande reportó que grandes dosis diarias del antioxidante betacaroteno incrementaban en 18% el riesgo de cáncer de pulmón en hombres fumadores; y un ensayo de 1996 fue detenido antes de tiempo luego de que los investigadores descubrieran que altas dosis de betacaroteno y retinol, otra forma de vitamina A, incrementaban el riesgo de cáncer de pulmón en 28% en fumadores y en trabajadores expuestos al asbesto. Más recientemente, un ensayo realizado en 2011 en el cual participaban 35.500 hombres de más de 50 años encontró que grandes dosis de vitamina E aumentaban el riesgo de cáncer prostático en un 17%. Estos hallazgos han desconcertado a los científicos, porque la creencia popular dice que los antioxidantes deberían disminuir el riesgo de cáncer al neutralizar a los radicales libres que dañan las células y causan cáncer.

Pero ahora, los científicos creen que, a niveles suficientemente altos, los antioxidantes también protegen a las células cancerígenas de los mismos radicales libres. “Ahora existe una cantidad de información considerable que sugiere que los antioxidantes pueden ayudar a las células de cáncer de la misma forma como ayudan a otras células normales”, dice Zachary Schafer, biólogo de la Universidad de Notre Dame, y quien no estuvo involucrado en el estudio. El año pasado, los científicos encargados del estudio del melanoma encontraron que los antioxidantes promueven el crecimiento de otro tipo de malignidad: cáncer de pulmón.

Para el nuevo estudio, publicado en Science Translational Medicine, Martin Bergö, biólogo celular del Centro de Cáncer Sahlgrenska de la Universidad de Gothenburg, en Suecia, y sus colegas, decidieron estudiar al melanoma porque las tasas habían estado incrementando y porque se sabe que el cáncer es sensible a los efectos de los radicales libres. Alimentaron con el antioxidante N-acetilcisteína (NAC) a ratones que habían sido modificados genéticamente para ser susceptibles al melanoma. La dosis por peso que dieron a los ratones era consistente con lo que una persona consume típicamente en un suplemento. Aunque los ratones tratados no desarrollaron más tumores de piel que los ratones que no habían sido alimentados con antioxidantes, sí desarrollaron dos veces más tumores en sus nódulos linfáticos, una marca distintiva de la expansión del cáncer, un proceso conocido como metástasis. Cuando los investigadores añadieron NAC o una forma de vitamina E a células cultivadas de melanoma proveniente de humanos, confirmaron que los antioxidantes mejoraron la habilidad de las células para moverse e invadir una membrana cercana.

Los antioxidantes podrían reforzar la protección de estas peligrosas células. Bergö y sus colegas encontraron niveles altos de glutatión, un antioxidante producido por el cuerpo, dentro de células de tumor metastásicas de los ratones tratados, cuando se les comparó con ratones no tratados. Los ratones tratados también tenían un mayor radio de glutatión a glutatión disulfuro, la molécula en la que se convierte el glutatión luego de haber neutralizado a los radicales libres. Estos hallazgos sugieren que cuando se le da al cuerpo antioxidantes adicionales, sus células tumorales logran conservar más de los antioxidantes que ya producen por ellas mismas. Las células tumorales almacenan el excedente, mejorando su habilidad para sobrevivir daños. Esta idea es apoyada por  trabajo previo que mostró que algunos genes que promueven el crecimiento del cáncer encienden otros genes encargados de producir antioxidantes intrínsecos.

Las sustancias también pueden estar ayudando  a las células cancerígenas de otras maneras. Investigaciones previas sugieren que el glutatión afecta la actividad de una proteína llamada RhoA que ayuda a las células a moverse a diferentes partes del cuerpo. “Si tuviera que seleccionar una proteína conocida por estar involucrada en migración celular, esa es RhoA”, explica Bergö. Él y sus colegas confirmaron que el glutatión adicional en los ratones tratados causó un aumento en los niveles de RhoA de los tumores metastásicos. En un estudio de cáncer de 2014, también encontraron que los suplementos antioxidantes hacían que células de cáncer de pulmón desactivaran la actividad de un muy bien conocido gen supresor del cáncer llamado p53. Se cree que su desactivación conlleva a la metástasis. Y el trabajo de Schafer ha mostrado que los antioxidantes ayudan a sobrevivir a las células de cáncer de mama que migran, una vez que se han separado de su matriz extracelular, la red de proteínas que rodea a las células.

Estas investigaciones moleculares arrojan una luz sobre la gran cantidad de ensayos humanos que han relacionado a los antioxidantes con el cáncer. Es posible que estos suplementos no hayan desencadenado el cáncer, pero sí acelerado la progresión de cánceres existentes y no diagnosticados, haciendo posible después el descubrimiento de la enfermedad. En otras palabras, “podría ser que mientras los antioxidantes quizás prevengan daños al ADN —y así impedir el inicio de un tumor—, una vez que el tumor ya está establecido, los antioxidantes podrían facilitar el comportamiento maligno de las células cancerígenas”, dice Schafer.

La recomendación médica para la gente aún no está definida. Se necesitan más estudios para reforzar esta hipótesis y entender exactamente cómo afectan los antioxidantes a las células cancerígenas en humanos. Bergö, quien no es doctor en medicina, cree que las personas que están en mayor riesgo de sufrir cáncer de pulmón o melanoma, o quienes han sido diagnosticados con algunos de estos, deberían evitar el consumo de suplementos antioxidantes. “No hay evidencia concluyente de que sería beneficioso para ellos, y hay evidencia creciente de que podría ser perjudicial”, dice.

Sus resultados sí tienen un lado bueno. Sugieren una potencial nueva forma de atacar la enfermedad. Si el cáncer es muy sensible a los efectos dañinos de los radicales libres, entonces quizás sea posible desarrollar drogas dirigidas específicamente a las células cancerígenas para evitar que produzcan antioxidantes, o aumenten los niveles de radicales libres dentro de las células malignas, explotando así su recién descubierta debilidad.