Para el oyente inexperto, un montón de babuinos balbuceando puede parecer poca cosa. Pero el oído entrenado de los expertos ahora ha encontrado que nuestros primos primates pueden realmente producir sonidos de vocales parecidos a los que realizamos los humanos. El hallazgo sugiere que el último antepasado común de los seres humanos y los babuinos pudo haber poseído la maquinaria vocal para el habla –sugiriendo un origen mucho más temprano del lenguaje de lo que se pensaba anteriormente–.

Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS, por sus siglas en inglés) y de la Universidad de Grenoble Alpes, ambos en Francia, y sus colegas grabaron a babuinos en cautiverio, encontrando que los animales eran capaces de producir cinco sonidos distintos que tienen las mismas frecuencias características de las vocales humanas. Como se informó en PLoS ONE, los animales podían hacer estos sonidos a pesar de que, como disecciones revelaron más tarde, poseen cajas altas de voz, o laringes, una característica anatómica que durante mucho tiempo se pensaba que era un impedimento para el habla. “Esto rompe un importante obstáculo” en el estudio del lenguaje, dice el coautor del estudio, Thomas Sawallis, un lingüista de la Universidad de Alabama. “Las teorías de la evolución del lenguaje se han desarrollado basadas en la idea de que la capacidad completa del habla solo estaba disponible para el anatómicamente moderno Homo sapiens”, apoyando un surgimiento del lenguaje hace aproximadamente 70.000 a 100.000 años, dice, pero de hecho “podríamos haber tenido los comienzos del habla hace 25 millones de años”.

La evolución del lenguaje se considera uno de los problemas más difíciles en la ciencia, porque el proceso no dejó huella de ninguna evidencia fósil. Un enfoque práctico, sin embargo, es estudiar la mecánica del habla. A groso modo, el lenguaje está constituido por diferentes combinaciones de vocales y consonantes. En particular, los seres humanos poseen laringes bajas, lo que hace que sea más fácil producir una amplia gama de sonidos vocales (y, como observó Darwin, también hace que sea fácil que nos atragantemos con los alimentos). Una teoría fundacional de la producción del habla, desarrollada por el científico cognitivo de la Universidad de Brown, Philip Lieberman, en la década de 1960, afirma que las laringes altas y, por tanto, los tractos vocales más cortos de la mayoría de los primates no humanos, impiden producir sonidos parecidos a las vocales. Sin embargo, investigaciones recientes cuestionan la hipótesis de Lieberman.

Por un lado, los científicos han descubierto que una serie de otras especies, además de los humanos, incluidos los chimpancés y algunos tipos de ciervos, poseen laringes bajas. Además, los bebés pueden producir sonidos de vocales a pesar de que sus laringes no han descendido todavía, y los estudios en Neandertales, que también tienen laringes altas, han sugerido que estos seres humanos antiguos pudieron haber tenido la capacidad de producir tales sonidos también. Por otra parte, los científicos ahora piensan que la forma en que el músculo de la lengua y los labios contraen las vías respiratorias es más importante para producir el habla que la posición de la laringe.

En el presente estudio, un equipo dirigido por el lingüista y antropólogo Louis-Jean Boë grabó a 15 babuinos de Guinea (tres varones y 12 hembras) haciendo vocalizaciones espontáneas, que incluían gruñidos, “wahoos”, ladridos, chácharas y llamadas de copulación. Grabaron a los animales durante la media hora antes de su alimentación cuando eran más ruidosos. (No se grabaron a los animales durante la alimentación “para evitar la distorsión potencial de las vocalizaciones debido a la masticación y a las mejillas llenas”). A continuación, aplicaron una técnica conocida como análisis de codificación predictiva lineal (LPC, por sus siglas en inglés) para determinar los dos primeros “formantes” –frecuencias que son enfatizadas por la laringe y definen cómo suena una vocal– así como su frecuencia fundamental. “Cuando se pasa el aire a través de una cámara de resonancia, enfatiza y desenfatiza varias partes a lo largo de ella, esos son los formantes”, explica Sawallis. Él y sus colegas detectaron la presencia de cinco formantes similares a vocales en los sonidos que grabaron de los babuinos. Además, los babuinos usaban los mismos sonidos parecidos a vocales en vocalizaciones diferentes y encadenaban dos sonidos juntos para producir “wahoos”.

Los investigadores también diseccionaron las cabezas de un babuino masculino y femenino para medir las longitudes de sus tractos y pliegues vocales, así como examinar los músculos de la lengua. Los tractos vocales de los monos eran comparables con los de los niños humanos, mientras que sus pliegues vocales eran más similares en tamaño a los de los humanos adultos. Y como nosotros, los babuinos parecen producir sonidos parecidos a las vocales moviendo sus lenguas horizontal y verticalmente.

En conjunto, los resultados sugieren que la maquinaria bruta para el habla pudo haber estado presente en el último antepasado común de los seres humanos y los babuinos. Su hallazgos refuerzan los resultados de un estudio reciente del biólogo evolutivo Tecumseh Fitch de la Universidad de Viena y sus colegas. Estos investigadores utilizaron radiografías de anatomía vocal de macacos y modelos informáticos para mostrar que estos animales eran capaces de producir sonidos similares al habla humana.

Los dos estudios son complementarios, dice Fitch, que no participó en el nuevo trabajo. “Ellos están diciendo lo que realmente hacen los babuinos; nosotros estamos diciendo lo que [los monos] podrían hacer”. Su única “objeción” con el estudio fue el argumento de que los babuinos estaban produciendo sonidos similares a vocales a pesar de sus altas laringes. En su lugar, sugiere que tal vez los animales están bajando sus laringes –pero eso no cambia las conclusiones del estudio–. “La pregunta clave es sencillamente, ¿puede un tracto vocal no humano producir suficientes sonidos que le permita comunicarse lingüísticamente? Creo que la conclusión del estudio Boë y nuestro estudio es, sí”, señala.

Una de las razones por las que se pensaba que los primates no humanos eran incapaces de producir un habla parecida a la nuestra es porque algunos lingüistas creían que todo lenguaje tenía que tener el sonido de una “i”. Ese sonido, que el tracto vocal de los monos no puede manejar, serviría como una calibración que ayuda a los humanos a discriminar otras vocales. Pero esto podría, después de todo, no ser una característica necesaria de la lengua, dice Ian Maddieson, lingüista de la Universidad de Nuevo México. "Ahora conocemos muchos idiomas que no tienen ese sonido", dice.

“Este estudio de Boë et al. Es una pieza elegante de investigación”, escribió en un correo electrónico, Adriano Lameira, antropólogo de la Universidad de Durham. (Ni él ni Maddieson tienen vínculos con este trabajo). “Estos resultados añaden a nuestra comprensión de cómo el habla humana –es decir, los sistemas de vocales de las lenguas del mundo– se basa en  precursores primates y cómo funcionan los sistemas de vocales dentro de las restricciones anatómicas que también compartimos con nuestros primos primates”.

No todo el mundo es tan entusiasta. Lieberman cuestiona la técnica de análisis. En lugar de seleccionar formantes, argumenta, el análisis de LPC está seleccionando armónicos, o armónicos en múltiplos de la frecuencia fundamental. Sawallis reconoce que confundir armónicos y formantes es un riesgo con el uso de este método, pero señala que “el truco es identificar la configuración de LPC que es menos probable que identifique erróneamente a los formantes”, y dice que él y sus colegas se esforzaron en hacerlo.

Su resultado abre una gran cantidad de nuevas preguntas sobre cuándo y cómo evolucionó el lenguaje. Y los científicos ahora pueden usar este enfoque para buscar esta habilidad en otras especies, dice Sawallis. “Si las semillas del lenguaje fueron plantadas hace 25 millones de años en lugar de  hace 100.000 años, esa es una enorme diferencia”, señala.