Tesla Motors ha recibido más de 325.000 pedidos para su nuevo carro eléctrico, el Modelo 3, a pesar de que no estará disponible hasta dentro de al menos un año más. Esa cifra casi iguala los 340.000 carros eléctricos e híbridos que se deben enchufar que hay ahora en las carreteras estadounidenses. Tesla ha publicitado que sus vehículos generan cero emisiones, ayudando a alimentar la manía por conducir el divertido sedán, pero eso no es necesariamente cierto. Aunque un carro alimentado por baterías no produce ningún tipo de emisión por sí mismo, la planta de energía que genera la electricidad que se utiliza para cargar las baterías probablemente sí lo hace. Emisiones bajas, y muchísimo menos emisiones cero, es solo cierto en algunos lugares donde la mayor parte de la electricidad proviene de una combinación de fuentes de baja emisión de carbono, como el sol, el viento o los reactores nucleares.

Los carros eléctricos son excelentes para eliminar el petróleo del transporte, ya que muy poca electricidad en los EE.UU. se genera por la combustión de petróleo. Pero los carros eléctricos podrían ayudar o no al país a combatir el cambio climático –y todo depende de donde venga la electricidad–.

Thomas Edison y su carro eléctrico.
Crédito: Scientific American, 14 de enero, 1911.

Carros y camiones son responsables de aproximadamente el 24 por ciento de la contaminación por gases de efecto invernadero en EE.UU. –cerca de 1.700 millones de toneladas métricas por año–. Debido a que esas emisiones provienen de cientos de millones de tubos de escape, esta fuente de contaminación parece difícil de controlar. Desplazarla a cientos de chimeneas en las centrales que suministran electricidad para cargar los carros eléctricos, por tanto, parece ser una manera más eficaz de limpiar la flota.

Pero esas chimeneas, muchas conectadas a centrales eléctricas de carbón, son la fuente más grande de contaminación de gases de efecto invernadero en EE.UU., generando 2.000 millones de toneladas métricas de CO2 al año. Esa fuente crecería a medida que los carros eléctricos exijan más y más electricidad, a menos que se coloquen estrictos controles de contaminación en las centrales eléctricas o las empresas eléctricas se desplacen a fuentes menos contaminantes como la energía solar. Ahora mismo, un vehículo convencional Toyota Prius híbrido, que quema gasolina cuando sus baterías no están involucradas, y el totalmente eléctrico Nissan Leaf producen aproximadamente la misma cantidad de contaminación de gases de efecto invernadero: 200 gramos por milla, según datos del Departamento de Energía estadounidense.

Eso es un promedio a través de EE.UU. En California, que tiene una de las proporciones más altas de electricidad limpia del país, el vehículo eléctrico produciría solo 100 gramos por milla, la mitad que un híbrido. Lo mismo ocurre con Texas y Florida. Pero en el medio oeste y el sur, donde el carbón sirve de combustible para la mayor parte de la generación de electricidad, un híbrido produce menos CO2 que un carro eléctrico. En Minnesota, dependiente de los combustibles fósiles, un carro eléctrico en realidad emite 300 gramos de gases de efecto invernadero por milla. Como resultado, algunos investigadores sugieren que un enfoque regional de las normas para los vehículos ecológicos tiene más sentido que normas nacionales que requieren carros eléctricos a través de todo el territorio. Minnesota podría decantarse por los híbridos y California por los vehículos eléctricos.

 

Cortesía de la Universidad Carnegie Mellon

En este cálculo también importa la hora del día en que los electrones fluyen de un enchufe en la pared a las baterías de un carro eléctrico. La noche es a menudo el momento en que sopla el viento, pero también es cuando a los servicios públicos les gusta operar sus plantas eléctricas únicamente con carbón. Un estudio reciente encontró que un carro eléctrico cargándose durante la noche en la red regional de servicio público que se extiende a través de Ohio, Delaware, Pennsylvania y Virginia crea más contaminación por gases de efecto invernadero que si los propietarios enchufaran sus vehículos en momentos aleatorios durante todo el día, cuando la mezcla de combustibles usada es más variada.

El mismo argumento se aplica al mundo entero. Conducir un carro eléctrico en China, donde el carbón es por mucho el principal combustible de las plantas energéticas, es una catástrofe para el cambio climático. Y si la planta de carbón carece de controles de contaminación –o no las enciende– puede amplificar el alcance de la contaminación, la lluvia ácida, el hollín microscópico que daña los pulmones y otros males que surgen de la quema de combustibles fósiles. Lo mismo es cierto en otros países donde mayormente se quema carbón, tales como Australia, India y Sudáfrica.

La buena noticia: EE.UU. está haciendo un cambio con un amplio impacto al pasar de la quema de carbón para producir la mayor parte de su electricidad al uso de gas natural, que es más limpio. El cambio produce menos CO2, por lo que los carros eléctricos son más limpios en todo el país, aproximadamente equivalentes a un híbrido. Por otra parte, el componente principal del gas natural –metano–, es en sí mismo un potente gas de efecto invernadero. Si hay una fuga de metano en los pozos en los que se produce, las tuberías que lo transportan o las centrales eléctricas que lo queman, el clima no necesariamente se beneficia.

En resumen, los carros eléctricos son solo tan buenos como la electricidad que los alimenta. (El origen del combustible también es importante para los carros convencionales, la gasolina que procede de arenas bituminosas es más contaminante que la de la mayoría de los otros recursos petroleros, por ejemplo.) En ausencia de electricidad limpia, los automóviles híbridos que pueden viajar 50 o más millas con un galón de gasolina son los que producen las menores emisiones.

Los carros eléctricos todavía constituyen menos del uno por ciento de las ventas de automóviles en EE.UU., y menos aún de la flota mundial, que ahora se acerca a los 2.000 millones de vehículos. Por lo que su beneficio ambiental –dudoso por el momento, hasta que más plantas de energía abandonen el carbón– no es muy preocupante. El cambio actual a vehículos utilitarios deportivos que engullen mucho más petróleo que otros carros, impulsados ​​por los bajos precios de la gasolina, es un signo más preocupante para el futuro cambio climático. Tal vez para cuando los carros eléctricos sean omnipresentes, la contaminación proveniente de la generación de electricidad sea cero.