Todo el mundo tiene sus personajes favoritos de Game of Thrones. No faltan héroes y escaladores sociales de dónde escoger, pero a medida que van pasando las sangrientas temporadas, me ha entristecido ver cómo mis personajes predilectos van muriendo uno tras otro. En el continente de Westeros, esta especie de lobo terrible encara la misma extinción que sufrieron las criaturas del mundo real.

Los lobos creados por George R.R. Martin son una raza extraña. Son bestias enormes, se dice que algunas hasta tienen el tamaño de caballos, y son parte del pastiche pleistoceno del novelista. En el mundo real, el lobo terrible Canis dirus vivía en la Tierra no hace mucho, junto a los mamuts lanudos. Y aunque Game of Thrones ha abandonado a estos pobres cachorros, los paleontólogos han logrado aprender mucho acerca de las vidas de estos cazadores de la Edad de Hielo que recorrían Norteamérica a sus anchas.

Si usted pudiera caminar por las Américas de la Edad de Hielo entre hace 125.000 y 10.000 años, podría haber escuchado los aullidos de los lobos terribles en casi todas partes. Sus huesos han sido desenterrados desde el sur de Alberta, en Canadá, hasta Bolivia, y desde el nivel del mar hasta los 7.400 pies de altura. Existían de costa a costa de lo que sería luego Estados Unidos, pero los cientos de especímenes recolectados en los pozos de alquitrán del Rancho La Brea, en el sur de California, sobrepasan con creces a las demás colecciones.

Todos estos restos componen un animal que no habría sido tan imponente como Lady, Ghost y los demás lobos del mundo ficticio de George R.R. Martin. No obstante, aunque no tenían el tamaño de un caballo, Canis dirus era un carnívoro más grande y fuerte que los demás lobos del pleistoceno, ya que pesaba unas 130 libras, contra las escasas 88 de los lobos grises. Aparte de eso, ambas especies no eran tan distintas, salvo en la dentadura. Las diferencias están en que el lobo terrible tenía un primer molar moldeado para darle más eficiencia a la hora de desgarrar carne.

Una pequeña muestra de la cantidad de lobos terribles hallados en los pozos de alquitrán del rancho La Brea. Crédito: Brian Switek.

 

A pesar de sus diferencias anatómicas marcándolos como especies distintas, es probable que los lobos terribles vivieran de la misma forma que los lobos grises, los cuales aún existen en Norteamérica. La cantidad de restos hallados en La Brea es tal, que sobrepasa la de cualquier otro vertebrado grande, y eso solo tiene sentido si los lobos terribles hubiesen sido cazadores grupales; eso a su vez concuerda con la evidencia de que estos carnívoros perseguían herbívoros medianos como caballos. Los lobos no pueden agarrar las cosas como hacen los felinos, y más bien usan su resistencia y sus mandíbulas, por lo que los expertos imaginan a Canis dirus navegando por los hábitats prehistóricos en manadas. Además, algunos restos de lobos terribles en La Brea muestran heridas dolorosas que habrían paralizado a los animales, y que no obstante muestran señales de curación. Esto sugiere que estos canes tenían algún tipo de estructura de apoyo social que les permitió sobrevivir. 

Los dientes y mandíbulas de los lobos terribles hacen más que completar detalles acerca de sus vidas como cazadores: tanto machos como hembras tienen dientes caninos del mismo tamaño, lo cual sugiere que el lobo terrible formaba lazos con su pareja en los cuales ambos competían por la dominancia. Los dientes guardan además un récord de tiempos difíciles. Hace unos 15.000 años, los lobos terribles de La Brea masticaban más hueso que músculo. Dientes rotos apuntan a que los lobos terribles realmente tenían que aprovechar hasta el último trozo de cadáver. Tiempos mejores llegaron hace 12.000 años, aunque el último ejemplar de estos carnívoros desapareció hace unos 10.000 años. Por qué no los podemos ver merodeando las Américas sigue siendo un misterio. 

"No se ha visto un lobo terrible al sur de la Muralla en más de 200 años”. Eso es lo que dice Theon Greyjoy cuando Robb Stark descubre una camada de seis cachorros huérfanos tras la muerte de su madre, al puro comienzo de Game of Thrones. Parece que la serie va a extirparlos nuevamente, repitiendo en la ficción la extinción que sufrieron sus contrapartes reales. Pero, según el mito, aún existen lobos terribles al norte de la Muralla, y el invierno se aproxima. Espero que con él lleguen también los lobos terribles.

Referencias:
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