Entre a cualquier aula de escuela secundaria y le será obvio que la pubertad llega a algunos niños antes que a otros. Algunos estudiantes fantasean con besos mientras otros todavía están planeando su siguiente creación con LEGO. Ahora, un nuevo estudio sugiere que los genes que impulsan la pubertad también influyen en algunas de las siguientes etapas de la sexualidad: la edad de la primera relación sexual y –para las mujeres– la edad al primer parto.

Por supuesto, los genes no son el único factor. El estilo de crianza de los hijos, la religión, las costumbres sociales, los compañeros y muchos otros factores entran en juego. Pero investigadores de la Universidad de Cambridge calculan que la genética puede explicar cerca de una cuarta parte de la diferencia en la probabilidad de que un individuo tenga relaciones sexuales relativamente a una edad temprana o espere a iniciarlas. En comparación, cerca del 80 por ciento de su estatura está determinada genéticamente y entre el 30 al 50 por ciento de muchas enfermedades comunes son accionadas por la genética.

La edad de una persona al iniciar el comportamiento sexual es importante, porque la sexualidad precoz y convertirse en padre a una edad temprana está vinculado a muchas medidas de salud y éxito económico. "Si nos fijamos en la literatura [científica], edades relativamente tempranas en la primera relación sexual y el primer nacimiento se han asociado con un menor rendimiento escolar, peor salud física, peor salud mental –una compleja red de cosas negativas–", dice John Perry, genetista de Cambridge que dirigió la investigación, publicada en la revista Nature Genetics. Perry dice que estaba particularmente intrigado por la idea de que algo que la gente piensa es puramente una cuestión de libre elección tuviera una gran contribución genética. (Scientific American es parte de Springer Nature.)

El genetista y pediatra endocrinólogo Joel Hirschhorn del Hospital Infantil de Boston, quién no participó en el estudio, dice que él también encuentra este resultado interesante y creíble. Pero cree que el equipo puede haber estirado demasiado sus datos al sacar otra conclusión: que la asociación que veían entre los genes implicados en la pubertad y los que participan en la impulsividad y la irritabilidad significa que estos rasgos también desempeñan un papel causal en el momento de inicio de las relaciones sexuales. El tipo de análisis genómico que utilizan, llamado aleatorización mendeliana, a veces puede ser difícil de interpretar, según Hirschhorn. "Puede que no sea una relación directa de causa y efecto", dice, añadiendo que se necesita investigar más para probar la causalidad.

El equipo de investigación se basó en datos del Biobanco del Reino Unido, que ha compilado secuencias genéticas. También recogieron pruebas de sangre, cuestionarios y otros indicadores de salud de 150.000 adultos. Los científicos realizaron un análisis de asociación del genoma de más de 125.000 participantes que eran de ascendencia europea y de edades entre 40 y 70 años. (Perry dice que cuando el Biobanco alcance su asignación completa de 500.000 participantes, tendrá suficientes datos para incluir otros grupos raciales y étnicos.)

El equipo encontró que 38 regiones específicas del genoma contribuyeron a la edad en que las personas tuvieron la primera relación sexual. Las regiones aproximadamente se dividían en dos grupos, dice Perry: genes que actúan sobre los procesos biológicos reproductivos como la señalización de estrógenos, y los genes que parecen desempeñar un papel en el comportamiento y la personalidad. Un gen que el equipo asoció con el comportamiento sexual temprano, CADM2, influye en la adopción de conductas riesgosas, y el otro, MSRA, conduce a la irritabilidad. "No esperábamos encontrar este tipo de cosas cuando empezamos", dice Perry, pero "si usted está pensando en conductas riesgosas, si usted está pensando en la irritabilidad, podría ver cómo eso tendría un efecto sobre su comportamiento reproductivo y las decisiones que toma". Hace hincapié en que él no está diciendo que los genes hacen que las personas tengan sexo temprano, pero que los factores genéticos juegan un papel en las acciones de las personas relacionadas con la sexualidad. "Creo que cualquier padre o cualquier persona se vería reflejado en mucho de lo que estamos diciendo en el artículo", dice. "Si usted está madurando sexualmente antes que sus compañeros, va a pasar más tiempo persiguiendo a las niñas o los niños que trabajando, y sus prioridades cambian y sus comportamientos cambian".

La psicóloga Kathryn Paige Harden, quién no participó en la nueva investigación, dice que le gusta el estudio, ya que corrobora su investigación sobre gemelos y también tiene el potencial de cambiar la conversación pública sobre la actividad sexual de los adolescentes.

Mucha gente asume que es la propia actividad sexual temprana en sí la que causa un trauma emocional y conduce a los malos resultados que han sido reportados previamente –incluyendo depresión, delincuencia y problemas por el consumo de sustancias– dice Harden, profesora asociada en la Universidad de Texas, en Austin. En Texas las escuelas públicas están obligados por ley a enseñar a los estudiantes que el sexo antes del matrimonio provoca "trauma emocional", señala Harden. Pero añade que el nuevo estudio sugiere que la genética puede respaldar tanto la sexualidad temprana como el trauma emocional, en lugar de que la sexualidad temprana active el trauma.

Disponer de las herramientas genéticas proporcionadas por el estudio ayudará a científicos sociales, como ella, a profundizar sus propios análisis, dice Harden, quien codirige un proyecto de investigación con una muestra de alrededor de 750 pares de gemelos de entre ocho y 18 años de edad. "Ahora tengo un mejor control para poder separar cuál es el efecto del medio ambiente o cómo ese riesgo genético interviene de manera diferente en diferentes ambientes", dice ella.