En 1970, los servicios sociales de Los Ángeles descubrieron que una joven de 14 años había vivido en aislamiento social casi absoluto desde su nacimiento. Infeliz participante de un experimento no deliberado, la joven, apodada "Genie", despertó el interés de psicólogos y lingüistas, quienes se preguntaron si aún estaría a tiempo de adquirir el lenguaje pese a no haber estado expuesta a él.

Genie permitió a los investigadores acotar mejor el período crítico en el desarrollo del habla. Aunque se hizo rápidamente con un vocabulario, no llegó a dominar la gramática. Dado que, por fortuna, los casos como el de Genie no son frecuentes, se han llevado a cabo ensayos de aislamiento con loros, pájaros cantores y colibríes; animales que, como nosotros, aprenden de sus congéneres a usar la voz para comunicarse (no se trata de una facultad innata).

En el caso de los mamíferos, la mayoría de las especies con capacidad para el aprendizaje vocal (elefantes, ballenas, leones de mar) no resultan fáciles de estudiar. Por esa razón, los zoólogos de la Universidad de Tel Aviv Yosef Prat, Mor Taub y Yossi Yovel recurrieron hace poco al murciélago egipcio de la fruta: una especie que también usa la voz para interaccionar con sus semejantes y que, al igual que los niños, balbucea antes de dominar la comunicación. Los resultados del estudio, el primero en criar murciélagos en un entorno sin estímulos vocales, fueron publicados el pasado mes de marzo en Science Advances.

En el experimento, cinco pequeños murciélagos fueron criados exclusivamente por sus respectivas madres, por lo que no tuvieron oportunidad de oír comunicaciones entre adultos. Tras el destete, los investigadores los agruparon y los expusieron al parloteo de ejemplares adultos a través de un altavoz. Un segundo grupo de cinco crías medró en una colonia, junto con otros ejemplares adultos. Mientras que los murciélagos criados en grupo acabaron pasando del balbuceo a una comunicación normal, los que lo hicieron aislados se aferraron a sus vocalizaciones inmaduras hasta bien entrada la adolescencia. Se las apañaban para emitir sonidos adultos, pero no diferenciaban entre las vocalizaciones infantiles y las maduras.

Al juntar ambos grupos, los murciélagos que habían crecido aislados alcanzaron al resto. Yovel señala que la comunicación entre estos mamíferos se asemeja más a la humana que el canto de las aves: "Las vocalizaciones del murciélago de la fruta se emiten en un contexto conversacional", explica el investigador. "No cantan para anunciar su estatus, como los pájaros, sino que emplean la voz de un modo mucho más parecido a como los humanos usamos el habla".

Erich Jarvis, neurobiólogo de la Universidad Duke que estudia el aprendizaje vocal en los pájaros, coincide en que, al tratarse de mamíferos, los estudios con murciélagos cuentan con un potencial mayor para entender la adquisición del lenguaje en humanos. Con todo, señala que los murciélagos del experimento tal vez recibiesen reacciones no auditivas por parte de sus madres, lo que podría haber influido en el proceso de aprendizaje vocal.

Ahora los investigadores quieren saber qué se dicen los murciélagos, tanto en el laboratorio como en libertad. Tal vez haya algo en su vocabulario que resuene en nuestras propias habilidades lingüísticas.

 

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en  Investigación y Ciencia.