Como ha revelado la campaña presidencial de EE.UU., cuanto más miente una persona, más fácil se vuelve mentir. Pero la política no es el único ámbito donde abunda la falta de honradez. En 1996, Bernard Bradstreet, co-director ejecutivo de la compañía de tecnología Kurzweil Applied Intelligence, fue condenado a prisión por fraude. Sus transgresiones iniciales fueron relativamente menores: para impulsar los resultados trimestrales, permitió que las ventas que no se habían sido cerradas se incluyeran en los libros contables. Pero no pasó mucho tiempo para que se llegara a falsificar firmas de grandes clientes, se alteraran documentos y se reportaran millones de dólares en ventas falsas, lo que permitió a la compañía mostrar beneficios cuando estaba perdiendo dinero, mientras los inversores pagaban millones por acciones de la empresa. Historias similares surgieron después del escándalo de Enron, uno de los casos de quiebra más grande en la historia de EE.UU.

Los informes anecdóticos de engaños que aumentan con el paso del tiempo son comunes, por lo que un equipo de investigadores del University College de Londres (UCL) y la Universidad de Duke decidieron investigarlo. “Ya se trate de evadir impuestos, ser infiel, consumir drogas en el deporte, falsear datos o cometer fraude financiero, los mentirosos a menudo recuerdan cómo los pequeños actos de deshonestidad fueron haciéndose más grandes con el tiempo, como una bola de nieve”, dijo a la prensa la neurocientífica del UCL, Tali Sharot, autora principal del trabajo, en una teleconferencia el viernes pasado. Los hallazgos del equipo, publicado en Nature Neuroscience, confirman en un entorno de laboratorio que la falta de honradez crece con la repetición. Los investigadores también usaron imágenes cerebrales para revelar un mecanismo neuronal que puede ayudar a explicar por qué. “Sospechamos que podría haber un principio biológico básico en la forma en que funciona nuestro cerebro que contribuye a este fenómeno, llamado adaptación emocional”, dijo Sharot.

En el estudio, los investigadores reclutaron a 80 adultos para participar en una tarea que implicó estimar y asesorar a un compañero sobre la cantidad de dinero que había en un frasco de vidrio con monedas de un centavo, que contenía entre 15 y 35 libras esterlinas (entre 18 a 43 dólares). Cada participante vio imágenes grandes, en alta resolución, de los frascos durante tres segundos y le dijeron que su compañero (interpretado por un actor) vería una imagen más pequeña del frasco durante un segundo. A los participantes les dijeron que el objetivo de su compañero era estimar la cantidad con la ayuda de sus consejos, que serían enviados a través de computadoras conectadas. Esto permitió que los investigadores registraran las estimaciones que hacían los participantes de cada frasco cuando no tenían ninguna razón para mentir. Luego, los participantes recibieron instrucciones diferentes que les daban incentivos para ser deshonestos. La comparación de las estimaciones entre las situaciones honestas y deshonestas permitió al equipo medir grados de deshonestidad.

Dependiendo del escenario, la falta de honradez podría beneficiar al participante a expensas de su compañero, beneficiar al compañero a expensas del participante, o beneficiar a ambos sin afectar al otro. Por ejemplo, en el primer caso a los participantes se les dijo que serían recompensados según en qué medida su compañero sobreestimó la cantidad de monedas, mientras que su compañero sería recompensado por la precisión. También le dijeron a los participantes que su compañero no estaba al tanto de estas nuevas instrucciones.

El equipo encontró que la falta de honradez aumentó en 60 presentaciones del frasco, pero solo cuando beneficiaba a la persona. Los participantes también mintieron cuando solo se beneficiaba su compañero, pero esta falta de honradez se mantuvo constante. Cuando ambas partes se beneficiaban, los participantes mintieron más, lo que sugiere que encontraron que este tipo de mentira era más aceptable. “Las personas mienten más cuando es bueno para ellos y para la otra persona”, dijo Sharot. “Cuando solo es bueno para ellos, pero perjudica a otra persona, mienten menos”. Pero las mentiras solo aumentaron con el tiempo cuando el participante se beneficiaba, lo que sugiere que el interés propio era necesario para que le mentira se intensificara”. Este estudio supone la primera evidencia empírica de que el comportamiento deshonesto se intensifica cuando se repite, mientras todo lo demás se mantiene constante”, dijo a los periodistas Neil Garrett, neurocientífico cognitivo del UCL y autor principal del estudio.

Veinticinco de los participantes llevaron a cabo la tarea en un escáner de resonancia magnética funcional, lo que permitió que los investigadores midieran la actividad cerebral. Los expertos analizaron las áreas del cerebro que se sabía que respondían a la estimulación emocional, identificadas usando una gran base de datos de resultados de imágenes cerebrales. Estas consistían principalmente en la amígdala, una región del cerebro conocida por responder y procesar las emociones. La actividad en esta área fue inicialmente alta cuando los participantes mintieron, pero disminuyó con el tiempo durante las siguientes mentiras.

Es importante destacar que las reducciones más grandes en la actividad predijeron mentiras subsiguientes más grandes. Esto sugiere un mecanismo biológico que podría subyacer en la intensificación de la mentira. Un fenómeno llamado adaptación hace que decaigan las respuestas neuronales a los estímulos repetidos. Por ejemplo, en el caso de la emoción, la activación de la amígdala en respuesta a imágenes desagradables disminuye con la repetición. Un proceso similar puede estar operando en ese caso. “La primera vez que uno hace trampa, por ejemplo en los impuestos, uno se siente mal por ello. Pero eso es bueno, porque restringe la deshonestidad”, explicó Sharot. “La siguiente vez que uno hace trampa, ya se ha adaptado. Hay menos reacción negativa que lo frene –y uno podría mentir más–”.

Sin embargo, algunos investigadores dicen que los resultados neuronales necesitan ser confirmados por otros estudios. “Es una intrigante posibilidad que la adaptación a la respuesta de la amígdala podría ser la razón de la intensificación de la falta de honradez por interés”, dice el neurocientífico Tom Johnstone, de la Universidad de Reading, que no participó en la investigación, “aunque los resultados necesitan ser replicados en una muestra más grande de participantes, de modo de analizar la intervención de muchas otras regiones del cerebro que ya han mostrado que tienen un papel en la generación y regulación de respuestas emocionales”.

El equipo de Sharot especula que los resultados podrían ser relevantes para otros tipos de comportamiento. “Este mismo mecanismo también puede ser la base de otros tipos de intensificación, como el aumento de comportamientos de riesgo o de conductas violentas”, dijo Garret, añadiendo que el estudio “destaca los peligros potenciales de participar en pequeños actos de deshonestidad regularmente”.