México se ha comprometido unilateralmente a marcar el punto máximo de sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2026 en un detallado plan de cambio climático que es el primero en su tipo entre las naciones en desarrollo.
 
Anunciado el viernes pasado, el objetivo del plan —que también exige la reducción del carbón a un nivel 22 por ciento por debajo de los habituales, para 2030— se convertirá en la contribución oficial de México a un acuerdo global de cambio climático. Se espera que ese acuerdo se firme en diciembre en París y que incluya, por primera vez en la historia, medidas de reducción del carbono para países desarrollados y en desarrollo por igual. La Casa Blanca elogió al gobierno mexicano por “marcar un ejemplo para el resto del mundo” con su plan climático.
 
“En particular, el objetivo de México de marcar el pico máximo de emisiones en 2026 y comenzar a bajarlo desde ese año es un hito en la transición global hacia una economía baja en carbono”, señaló la Casa Blanca en un comunicado. “Esperamos que las acciones de México animen a otras economías a presentar [planes] que sean ambiciosos, oportunos, transparentes, detallados y alcanzables”.
 
Esta semana se cumplió el primer plazo informal para que los países presenten sus planes, apodados por la ONU como “contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional” (INDC, por su sigla en inglés). Estados Unidos y la Unión Europea habían presionado para que los principales emisores —y en particular los gobiernos de las naciones del G-20— presenten sus planes a finales de marzo. Hasta ahora, sin embargo, solo la Unión Europea, Suiza, Noruega  y Estados Unidos se han unido a México.
 
China se ha comprometido a alcanzar su punto máximo de emisiones para 2030, pero varias personas cercanas a la delegación de ese país dicen que el plan más detallado del gobierno probablemente se haya pospuesto para este verano (boreal).
 
Estados Unidos, por su parte, presentó el martes el esbozo de su plan para reducir sus emisiones entre 26 y 28 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para 2025.
 
México: “Mantenemos nuestra palabra”
Las autoridades mexicanas dijeron a ClimateWire que sentían que era importante que su país presente un plan tempranamente, a pesar de contribuir solo con un estimado de 1,5 por ciento de las emisiones globales. México ha formado parte de un grupo pequeño pero creciente de países en desarrollo que han instado a otras naciones emergentes a asumir más responsabilidad para luchar contra el cambio climático.
 
“Estamos tratando de demostrar que lo que decimos en las negociaciones, lo mantenemos. En segundo lugar, queremos mostrar que es factible”, dijo Roberto Dondisch Glowinski, el principal negociador de México en las conversaciones climáticas de la ONU.
 
En 2012, México fue el primer país en desarrollo en promulgar una ley nacional sobre el clima. La norma establecía que el país redujera las emisiones en 30 por ciento por debajo del crecimiento habitual para 2030, y 50 por ciento a mediados de siglo, pero esos objetivos estaban condicionados a la asistencia internacional.
 
El nuevo plan dice que el país va a reducir 22 por ciento sin importar cuánto contribuya el resto del mundo, y también que va a reducir 51 por ciento las emisiones de carbón negro en 2030. La Casa Blanca informó también sobre un grupo de trabajo conjunto entre Estados Unidos y México para ayudar al país a lograr sus objetivos.
 
¿Otra promesa fallida?
Los activistas ambientales dijeron que el anuncio de México marca un gran punto de inflexión para las naciones en desarrollo. Varios aseguran que, como el primer país en desarrollo en presentar un plan, el gobierno está mostrando a otras naciones emergentes que ellas también pueden liderar en el tema del cambio climático.
 
“Como un país que promulgó una ley de cambio climático innovadora y amplia, México entiende claramente la amenaza que representa este fenómeno y los beneficios económicos que tiene la acción inteligente para sus ciudadanos, y ahora da un paso más. Otros países deberían seguir el ejemplo de México y presentar planes con fuertes acciones muy pronto”, dijo Jennifer Morgan, directora global del equipo climático del Instituto de Recursos Mundiales, en un comunicado.
 
Morgan y otros señalaron que “el problema está en los detalles” del plan de México, pero opinan que la promesa de establecer un pico máximo en 2026 es “inspiradora”.
 
Los críticos del proceso internacional de negociaciones sobre el clima están menos impresionados. Frank Maisano, lobbista de Bracewell & Giuliani en Washington DC, que representa a clientes de la industria energética, dijo que los planes no cuentan tanto como la acción.
 
“Tal vez ellos consiguen hacerlo, tal vez no. El hecho es que vamos a escuchar un flujo constante de ‘Oh, mira lo que vamos a hacer’, pero eso no es diferente a cuando estábamos en Buenos Aires; no es diferente a cuando estábamos en La Haya o Copenhague”, dijo Maisano, haciendo referencia a los sitios donde se realizaron las principales cumbres climáticas de la ONU en las últimas dos décadas.
 
Maisano argumentó que los países han hecho muchas promesas en esas reuniones climáticas que no se han concretado. “He estado en el rodeo antes, y soy escéptico. Voy a ser escéptico hasta que la gente en realidad comience a hacer lo que dice que va a hacer”, dijo.
 
Los activistas y diplomáticos sostuvieron que París se perfila para ser fundamentalmente diferente a las promesas climáticas anteriores. Mientras que en el pasado los países en desarrollo establecieron metas supeditadas a la cantidad de dinero que podría darles el Occidente industrializado, bajo el nuevo acuerdo se espera que las naciones reduzcan sus emisiones independientemente de la ayuda monetaria.
 
“Queremos demostrar que se puede hacer. Como un país en desarrollo, tenemos que participar”, dijo Glowinski. “Es muy complicado para una economía que sigue creciendo. Créanme, estos números no van a ser fáciles para nosotros, pero estamos comprometidos”.
 

Tomado de ClimateWire con autorización de Environment & Energy Publishing, LLC.  www.eenews.net, 202-628-6500