Sentí un extraordinario sentimiento de orgullo y admiración mientras salía de los cuartos de la tripulación de astronautas la mañana del 29 de octubre de 1998. Iba acompañando a mi héroe de infancia, el famoso astronauta convertido en senador, John Glenn, en su regreso al espacio a los 77 años. Era un legendario piloto de combate militar, heroico astronauta pionero y servidor público dedicado a quien había admirado desde que era un niño, y con quien compartiría una nave espacial. Cuando entró por primera vez en la oficina de nuestra tripulación meses antes (justo cuando comenzó su entrenamiento para la misión), rápidamente detuvo nuestra reverencia y las demostraciones de admiración con una sonrisa y una advertencia: “Mi nombre es John o Especialista de Carga Número 2. Si me llaman senador Glenn, ¡los voy a ignorar!” Muchas veces a lo largo de nuestro entrenamiento, los ingenieros estrella, los controladores de vuelo, los técnicos y el público usaban la “palabra con H” para dirigirse hacia él. Rápidamente y genuinamente retrocedía, diciendo de forma tímida que no se sentía digno de tan alto elogio. “Pero ser un héroe está en el ojo del espectador”, y agregaba, “realmente aprecio sus amables palabras”.

En primer lugar, John era un patriota americano que sirvió valientemente a su país en el combate aéreo durante dos guerras. Luego, asumió riesgos aún mayores en las líneas de frente de la guerra fría, a través de nuestra competencia con el programa espacial soviético que llevaba la delantera. Nunca olvidaré que estaba a su lado en el Museo Nacional del Aire y el Espacio en ocasión de su retiro del Senado de los Estados Unidos en la primavera de 1998. Mirando a través de una ventana de la minúscula cápsula del Mercury, llamada “Friendship 7”, señaló con atención las luces de advertencia que habían sido encendidas durante su espantosa reentrada, con los controladores en tierra sin tener la seguridad de si su escudo térmico permanecería intacto y lo traería vivo a casa. Sentí como si estuviera flotando sobre su hombro en esa misión histórica, y que él todavía sabía sus cosas, por dentro y por fuera. Nunca se había jactado una vez, pero estaba claro que le encantaba ser parte de esta conquista del espacio y de que todavía tenía un propósito increíble en la vida como pionero estadounidense.

Después de que el Proyecto Mercury terminó a principios de la década de 1960, continuó con una carrera muy exitosa como servidor público y hombre de negocios. Estuvo en el Senado de los Estados Unidos durante cuatro importantes períodos, de hecho una vez se lanzó a la política presidencial. Incluso durante sus últimos años tenía un dominio increíble de la política, la tecnología y de la historia. Amé discutir sobre actualidad mundial con él, muchas eran áreas a las que él personalmente les había dado forma. Fue también un piloto activo hasta sus ochenta años y un modelo a seguir no solo para los jóvenes aspirantes a astronautas, sino para las personas mayores que aspiran a vivir bien y contribuir de manera significativa durante su vida.

Y no se puede hablar de John Glenn sin pensar en el amor de su vida, Annie (Castor) Glenn, con quien creció y estuvo casado por más de 75 años. Su profunda amistad y amor el uno por el otro era palpable incluso en una sala llena de gente.

Compartir la inusual experiencia de un vuelo espacial con John es mi recuerdo más preciado, especialmente verlo flotar hasta la cubierta de vuelo poco después de que hubiéramos alcanzado la órbita. Estaba viendo el planeta allá abajo por primera vez en 37 años, y creo que vi lágrimas pequeñas que comenzaban a brillar en sus ojos. El presidente John Fitzgerald Kennedy había decidido desde hacía mucho tiempo que era un tesoro nacional demasiado valioso como para arriesgarse a volar de nuevo, pero la tenacidad y propósito científico convencieron a los Institutos Nacionales de Salud y al administrador de la NASA, Dan Goldin, de que había una buena razón científica en su último viaje. En nuestra misión STS-95, se convirtió en el astronauta de más edad en volar en el espacio, ayudándonos a entender mejor el proceso de envejecimiento y cómo proteger a los astronautas en misiones futuras a Marte y más allá.

John Glenn fue el héroe más grande de mi niñez, mi amigo y mentor como compañero astronauta, y será una estrella guía para los próximos exploradores y estadistas por mucho tiempo en el futuro.

¡Qué Dios te acompañe!, John Glenn.