Cuando Sergio Jorge Pastrana tiene grandes archivos que debe descargar de la web se espera hasta salir de su isla. Como secretario de Relaciones Exteriores de la Academia de Ciencias de Cuba, él tiene un asiento en primera fila cuando de investigación de vanguardia se trata, pero la capacidad de ancho de banda limitada de su país es un recordatorio constante del embargo económico de Estados Unidos contra Cuba, que ha obstaculizado la importación de tecnología informática, junto con las herramientas de investigación de la medicina moderna.
 
El embargo, que se remonta a la época de Kennedy, se encuentra todavía en pie, pero los científicos de ambas naciones están siguiendo cuidadosamente los recientes comentarios del Presidente Barack Obama sobre el descongelamiento de las relaciones entre los dos países. Obama ya ha procedido a normalizar las relaciones y establecer una embajada en La Habana, pero el levantamiento del embargo requiere de una acción del Congreso de Estados Unidos. En su discurso del Estado de la Unión, el pasado 20 de enero, el Presidente instó al Congreso a "comenzar el trabajo para poner fin al bloqueo". El levantamiento de la prohibición, dicen los científicos, podría marcar el comienzo de una nueva era de oportunidades, sobre todo en la medicina.
 
El embargo ha afectado el sector médico de Cuba desde que se estableció la barrera económica a principios de 1960. Aunque la exportación de suministros médicos a Cuba es legal, restricciones extensas limitan dichas ventas. "Como cuestión de política [estadounidense], la venta de tecnología de última generación en este sector no está autorizado", según un informe de 2011 de las Naciones Unidas. Como resultado, Cuba es a menudo incapaz de adquirir determinados suministros médicos para la investigación o se ve obligada a buscar alternativas costosas. El bloqueo impide a las compañías norteamericanas hacer negocios en Cuba y evita que la mayoría de los estadounidenses puedan viajar allí y gastar dinero en calidad de turistas. La ley de Estados Unidos también asestó un duro golpe a la labor médica de Cuba al imponer multas a países terceros que realicen negocios con la nación caribeña. A principios de la década de 1990,  EE.UU. amplió el embargo al prohibir que las filiales extranjeras de empresas estadounidenses realizaran comercio con Cuba. Muchos investigadores biomédicos de Estados Unidos no pueden trabajar con científicos cubanos porque la investigación de Estados Unidos se apoya normalmente a través de subsidios federales, y esos dineros no pueden ser utilizados para apoyar a las asociaciones de ciencia cubano-americanas.
 
Los científicos cubanos son a menudo incapaces de mantener gran parte de su tecnología de escaneo médico si no tienen acceso a piezas de repuesto de las empresas estadounidenses. No pueden descargar fácilmente grandes conjuntos de datos o incluso comprar algunos libros de medicina. Según el informe de 2011 de la ONU, el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de Cuba no contaba con un citómetro de flujo, la tecnología que se utiliza para estudiar las células cancerosas, porque la compañía estadounidense Becton Dickinson and Co. se negó a venderle a Cuba una vez que conoció de su intermediario quien estaría utilizando las máquinas. Y hasta hace varios meses Cuba no había podido adquirir una moderna máquina de resonancia magnética de alta potencia.
 
El día después del discurso del Estado de la Unión, Pastrana dijo a la revista Scientific American, "este es un muy buen paso para alentar al gobierno a poner fin al embargo", pero advirtió, "queda por ver hasta qué punto puede llegar con los republicanos". Por ejemplo, mientras el embargo permanece vigente, los Institutos Nacionales de Salud no han recibido orientación sobre cómo estos movimientos de la Casa Blanca en busca de normalizar las relaciones afectarán las posibilidades de investigación conjunta y la financiación de estas cooperaciones científicas.
 
Los investigadores médicos de Cuba no han estado completamente aislados. A pesar de las limitaciones del embargo, un pequeño número de científicos de Estados Unidos se han asociado con sus homólogos cubanos, utilizando fondos privados o de fundaciones. El año pasado, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) y la Academia de Ciencias de Cuba se comprometieron a trabajar juntos para futuras investigaciones sobre el cáncer, las enfermedades emergentes e infecciosas, investigación cerebral y resistencia a los medicamentos. Sin embargo, hay poco dinero disponible para apoyar esa iniciativa. El levantamiento del embargo a Cuba, dice Pastrana, sin duda fortalecería el trabajo en esas cuatro áreas de investigación.
 
El bloqueo al progreso
Algunas de las dificultades de la colaboración cubano-americana son dolorosamente obvias. Pocas compañías aéreas ofrecen vuelos a Cuba. Ha habido problemas de visado engorrosos y restricciones en cuanto a los que los científicos estadounidenses pueden hacer en Cuba. Thomas Rothstein, un investigador estadounidense que ha colaborado en la investigación de vacunas contra el cáncer con un científico en La Habana durante los últimos cinco años dice: "No se puede comprar un pasaje y tomar un vuelo y llegar allí la próxima semana. Es lo mismo en la otra dirección. Para los científicos estadounidenses, viajar a Cuba ha sido generalmente limitado solo para acudir a conferencias". Cuando el homólogo cubano de Rothstein lo visita en Nueva York, en el Instituto Feinstein para la Investigación Médica, Rothstein dice que no suele saber hasta el último minuto si funcionarios estadounidenses aprobarán la visa para el investigador del Centro de Inmunología Molecular de La Habana.
 
Los cubanos han desarrollado ciertas soluciones temporales. En ausencia de máquinas de resonancia magnética de alto calibre, el país se ha centrado en imágenes alternativas del cerebro, dice Pedro Valdés Sosa, subdirector general para la investigación en el Centro de Neurociencias de Cuba. Él nació en EE.UU. y estudió neurociencia en la ciudad de Nueva York, pero para lograr una mayor investigación sobre el cerebro en Cuba su equipo se ha centrado en una tecnología menos avanzada, utilizando la electroencefalografía (EEG) para rastrear los impulsos cerebrales y búsqueda de anomalías en las oscilaciones neuronales. Mediante la medición de la actividad eléctrica del cerebro a través de una serie de electrodos colocados a lo largo del cuero cabelludo y vinculado a las computadoras, los investigadores, de una forma no invasiva, pueden observar la actividad cerebral.

"No es el mejor escenario, ya que nos estamos perdiendo técnicas más avanzadas –dice Valdés-Sosa–,  pero es una combinación de necesidad y elección. Hemos encontrado que es muy eficaz". En cuanto a los problemas de conectividad de Internet, Valdés-Sosa dice que la gente a menudo envía a su equipo de investigación discos con los datos por correo. De la misma forma, cuando los investigadores en Cuba quieren presentar documentos a una revista revisada por pares, dice, que a menudo envían a sus propuestas en un disco duro. Los datos y las revisiones serán luego enviados de vuelta, en discos, a Cuba. "Esto –dice– puede llevar meses".
 
El levantamiento del embargo, según los que proponen el descongelamiento, sería una gran ayuda para las empresas que se han visto obligadas a reducir su oferta en la isla. Desde 2003, más de tres docenas de compañías, incluyendo Philips Electronics of North America Corp., se han enfrentado a sanciones debido a violaciones al embargo de viajes, según el Servicio de Investigación del Congreso. El cambio podría significar también más opciones de análisis médicos más consistentes para la investigación. Las importaciones directas de suministros médicos de los EE.UU. han seguido siendo raras, a veces, Cuba ha tropezado con dificultades incluso para conseguir repuestos. En un momento dado, escáneres CT, angiografos y equipo de ultrasonido de Philips –tecnologías comunes en los centros de salud de toda Cuba– estuvieron ociosos, dejando a los pacientes con pocas opciones por tres años, de acuerdo con The Lancet Neurology. En diciembre de 2009 la revista informó que Philips, en un esfuerzo por cumplir con las regulaciones, "no había proporcionado ningún tipo de mantenimiento o soporte técnico desde 2006". Philips ha resuelto posteriormente esas cuestiones en consonancia con las regulaciones estadounidenses, informó la compañía a la revista Scientific American en un comunicado enviado por correo electrónico. La compañía ha "entregado nuevos equipos médicos a hospitales en Cuba para el beneficio del pueblo cubano", dijo la compañía. Pero Valdés-Sosa dice el mantenimiento de tecnologías médicas en Cuba sigue siendo una batalla cuesta arriba.
 
Para que los países de verdad  trabajen juntos el embargo tendrá que ser levantado, dicen los científicos. El año pasado, la comunidad internacional tuvo una visión de lo que esa cooperación podría significar. En respuesta a la crisis de ébola en el oeste de África, Cuba se unió a los EE.UU. en el envío de cientos de especialistas médicos para ayudar. "Cuando nuestros países han ido más allá de sus animosidades y sus diferencias, como con la respuesta al ébola en el oeste de África, los resultados han sido excelentes",  dice Pastrana.