El cambio climático está ampliando el rango de acción de insectos vectores de enfermedades. Entre ellos, los mosquitos han demostrado ser un rival duro de vencer. Dengue, malaria y chikunguña necesitan de estos insectos para expandirse.

El incremento de temperaturas y las precipitaciones y la generación de eventos climáticos extremos están ampliando el área de cobertura de estos vectores de enfermedades que antes estaban recluidos a sitios tropicales.

En América Latina el dengue pasó de tener una tasa de 16,4 casos por 100.000 personas en la década de 1980 a 218,3 casos cada 100.000 durante la década de 2000. En 2013 la incidencia fue de 430,8 cada 100.000. Ese año se registraron 37.692 casos de dengue grave y 1.280 muertes.

Mientras se esperan tratamientos y vacunas para curar la enfermedad, la lucha cuerpo a cuerpo contra el mosquito transmisor, el Aedes aegypti, se hace difícil. La estrategia utilizada frecuentemente es la eliminación de los sitios en los que se cría y el uso de insecticidas. Pero la eliminación del insecto parece imposible y, para algunos investigadores, una estrategia equivocada. La solución es combatir a los mosquitos infectados con mosquitos sanos.

En 2014, la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) puso en marcha el proyecto “Eliminar a dengue: Desafío Brasil”. Con una novedosa técnica para evitar que los mosquitos se infecten con el virus.
La clave está en una bacteria llamada wolbachia. Cuando el Aedes aegypti tiene esta bacteria en el organismo, no puede infectarse con dengue.

“El mecanismo por el cual wolbachia bloquea al virus se debe probablemente a una mejora en la inmunidad mosquito. Cuando la bacteria está presente, el mosquito esta ‘vacunado’. O también debido a la competencia por los recursos celulares. Wolbachia y el virus necesitan de las células para replicarse. Pero la bacteria probablemente gana la batalla", explica Luciano Moreira, líder el proyecto.

Para lograr el objetivo, primero se inocula con wolbachia a una población de mosquitos criada en el laboratorio y luego se liberan en un sitio donde hay mosquitos infectados. Cuando un insecto con Wolbachia se aparea con uno infectado con dengue, el resultado es toda una descendencia “wolbachia positiva” y por lo tanto libre de dengue.

Ya se realizó la primera prueba en Tubiacanga, Río de Janeiro. “Liberamos mosquitos desde septiembre 2014 hasta mediados de enero de 2015. Los resultados son muy prometedores ya que estamos detectando la presencia de Wolbachia en muchos mosquitos”, comenta Moreira.
 

Liberación de mosquitos como parte de la prueba piloto.  Fundación Oswaldo Cruz



El investigador señala que a diferencia de otras estrategias para erradicar al vector, la de ellos es natural, porque wolbachia está presente hasta en el 60 por ciento de todas las especies de insectos en el mundo; y autosustentable, porque los mosquitos con wolbachia se liberan por unas semanas y luego la naturaleza se encarga de expandir la bacteria en la población de insectos salvajes.

Aunque no lo menciona en la comparación, Moreira se refiere a la polémica idea de liberar mosquitos transgénicos en el ambiente. En Campinas, Brasil, está instalada una sede de la firma inglesa Oxitec, que ha desarrollado el mosquito Aedes aegypti OX513A. Se trata de un insecto transgénico macho, el cual al copular genera toda una descendencia que muere antes de que lleguen a su fase adulta, por lo que no podrá picar ni infectar a ningún ser humano.

El año pasado la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio), dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil, aprobó el uso de estos insectos mutados para combatir el dengue.

Sin embargo, advirtió que debe utilizarse en conjunto con un monitoreo de la población del Aedes albopictus, otra especie vector de la enfermedad que puede ocupar el nicho vacío que deje el Aedes aegypti.

A su vez, la ONG GeneWatch, denunció que la técnica no es efectiva. Un estudio similar en las Islas Caimán mostró que se necesitan liberar más de 7 millones de mosquitos transgénicos para eliminar algunos 20.000 mosquitos salvajes, según la ONG.
 
Contra la malaria
El año pasado, un grupo de investigadores del Imperial College de Londres desarrollaron mosquitos de la especie anopheles (transmisor de la malaria) que solo conciben crías macho. En el laboratorio, esta técnica ha logrado eliminar la población del insecto en solo seis generaciones. Ahora deberá probarse en un ambiente natural.

El investigador brasileño Marcelo Jacobs-Lorena, del Instituto de Investigación de la Malaria Johns Hopkins, en Estados Unidos, piensa que es insuficiente el uso de mosquitos transgénicos porque se necesitarían de grandes poblaciones para erradicar al parásito de la malaria de los insectos. Aun así dejarían el nicho vacío que podría ser ocupado por otra población.

“El uso de insecticidas tampoco es una estrategia práctica para eliminar mosquitos en el ambiente. No se puede ir afuera y rociar con insecticidas miles de kilómetros de campos. No es práctico” apunta.

Y agrega: “La solución es llenar ese nicho con mosquitos que no puedan transmitir la malaria”. Jacobs-Lorena está desarrollando una técnica en este sentido que resulta prometedora para controlar al anopheles. En lugar de modificar al mosquito, Jacobs-Lorena modificó los microorganismos que viven dentro del estómago del insecto para eliminar a la malaria sin eliminar al mosquito.

En el estómago medio del anopheles, el parásito de la malaria cursa su etapa más vulnerable. El investigador ha desarrollado un antiparasitario que actúa en ese momento. Se trata de un péptido, el cual lograron que sea segregado por un microorganismo presente en el estómago del mosquito.
“No interfiere en el desarrollo del mosquito ni tampoco de los mamíferos con los que entra en contacto el insecto. Demostró un 98 por ciento de efectividad”, señala.

Lo interesante es que esta bacteria, llamada serratia, pasa a los huevos del insecto y también está presente en el esperma de los machos. “De esta forma es posible convertir toda una población de mosquitos salvajes en insectos incapaces de transmitir la enfermedad”, explica.

La técnica ya está desarrollada. Según Jacobs-Lorena, ahora el mayor problema es regulatorio: obtener un permiso para liberar estos mosquitos en el ambiente para estudiar cómo se comportan y cuán efectivo es el método.

“Nuestra técnica es muy prometedora y pienso que no tiene riesgos porque es muy específica. Pero reconozco que no será fácil convencer a las autoridades y a la gente de que esto puede ser parte de la solución para erradicar la malaria”, asegura.
 

El investigador brasileño Marcelo Jacobs-Lorena, del Instituto de Investigación de la Malaria Johns Hopkins (EE.UU.) Foto cortesía del  Instituto Johns Hopkins