Casi 200 naciones se reúnen hoy en Marrakech, Marruecos, para la conferencia anual de las Naciones Unidas sobre el clima. La 22ª Conferencia de las Partes, la COP 22, comienza apenas tres días después de que el acuerdo climático de París de 2015 entrara en vigor legal –lo que significa que los países están legalmente obligados a cumplir sus objetivos–. Y aunque muchos están celebrando este éxito, los representantes de los países en la COP 22 deben averiguar cómo van a cumplir sus promesas– principalmente, reducir las emisiones de CO2 para que el mundo pueda evitar los peores efectos del cambio climático–.

Muchas personas pensaron que ratificar el acuerdo de París tomaría años, posiblemente decenios. Por el contrario, solo transcurrieron unos meses antes de que una importante cantidad de países –55 naciones que representan el 55% de las emisiones globales– se uniesen al acuerdo para que pudiera entrar en vigor. Hasta la fecha, 97 países que producen el 69 por ciento de las emisiones mundiales lo han ratificado. Al hacerlo, han prometido hacer su parte para limitar las emisiones y lograr que las temperaturas globales no suban más de 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales. El acuerdo también alienta a las naciones a tratar de ir más lejos y limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius.

El acuerdo fue un logro muy importante porque las naciones prometieron reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en cantidades específicas. Por ejemplo, Estados Unidos se comprometió a reducir sus emisiones del 26 al 28 por ciento por debajo de los niveles de 2005, para el 2025. Ahora, en la COP 22, las naciones se enfocarán en cómo implementar el acuerdo. Están dispuestos a encontrar una manera para asegurarse de que las naciones cumplan sus promesas, lo que significa idear formas de rastrear y reportar las emisiones de los países y verificar su progreso. Los negociadores también discutirán sobre cómo hacer los exámenes quinquenales de los planes de acción de todo el mundo sobre el clima, durante los cuales los países evaluarán periódicamente si están cumpliendo o deberían aumentar sus recortes propuestos de emisiones. Las naciones desarrolladas también deben resolver los detalles de proporcionar apoyo financiero a los países en desarrollo. A estos últimos se les ha prometido $100.000 millones por año en fondos, pero no está claro si las naciones ricas se han comprometido lo suficiente para alcanzar ese número. Los representantes todavía necesitan resolver problemas tales como lo qué exactamente cuenta como financiamiento climático y cómo usar los fondos.

“Este es el ‘año de acción’ y los años venideros son los años de implementación”, explica Paula Caballero, directora mundial del Programa de Clima del Instituto de Recursos Mundiales. “Para el año 2018, necesitamos aclarar las reglas y procesos para implementar el acuerdo histórico que establecimos en París el año pasado”. Aunque probablemente no tendremos el emocionante gran final que vimos en París el año pasado, la COP 22 sigue siendo fundamental para resolver nuestro desafío climático.

La cumbre de las Naciones Unidas (ONU)  de este año se produce tras un año de intensos progresos en la lucha contra el cambio climático. En octubre, más de 170 países llegaron a un acuerdo para eliminar el uso de potentes gases de efecto invernadero conocidos como hidrofluorocarbonos. La industria de la aviación también acordó recientemente limitar o compensar sus emisiones de carbono. Pero aún así, el mundo no está en camino de cumplir con su meta climática. Un informe de la ONU publicado la semana pasada descubrió que si cada país cumpliera con su cuota de emisiones prometidas en París, las temperaturas globales seguirían subiendo por encima del límite de 2 grados Celsius. La COP 22 es necesaria para iniciar un trabajo importante para cumplir ese límite, pero para el mundo todavía hay mucho trabajo por hacer.