El próximo vehículo de la NASA diseñado para llevar astronautas al espacio está listo para ser lanzado –montado sobre un cohete Delta4–  a principios del próximo mes. Llevará a cabo un vuelo de prueba sin tripulación. Los planes actuales señalan que habrá un vuelo de prueba piloteado de la nueva nave espacial Orion a mediados de la década de 2020, para ese momento, el vehículo irá montado encima de un nuevo cohete de carga pesada de la NASA –el primero en medio siglo– para llevar astronautas más allá de la órbita terrestre. Lo que es más incierto en esta era post-transbordadores es a dónde irán después de allí.
 
Si el gobierno de Obama y la NASA logran sus deseos, los astronautas estarán visitando un pequeño asteroide que previamente habrá sido empujado a una órbita lunar alta y estable, por una sonda robótica propulsada por energía solar. Durante la misión de un mes de duración,  los astronautas se encontrarán con el asteroide, realizarán caminatas espaciales para recoger muestras y luego regresarán a la Tierra. Cuál asteroide será visitado aún no ha sido revelado y el remolcador espacial robótico todavía no se ha construido, pero la NASA espera tener la roca espacial ubicada en la vecindad lunar tan pronto como el 2021.
 
NASA ha bautizado a esta compleja tarea como la Misión de Redirección de Asteroide (Asteroid Redirect Mission, ARM )  y la cataloga como el primer paso crucial para las misiones humanas a Marte en la década de 2030.
 
Otros no están tan seguros. En junio pasado, el Consejo Nacional de Investigación publicó un informe afirmando que ARM podría "desviar  los recursos y la atención de Estados Unidos" de misiones más dignas. Un mes después, el Consejo Asesor de la NASA criticó la misión ARM y la catalogó como un  "callejón sin salida" en el camino hacia Marte. Las críticas más duras sorprendentemente vinieron de los científicos de asteroides que expresaron su descontento a través de declaraciones del Grupo de Evaluación de los Cuerpos Pequeños de la NASA, señalando que la ciencia de ARM "no es convincente." Mark Sykes, director del Instituto de Ciencias Planetarias, criticó ARM en septiembre, mientras testificaba ante un comité del Congreso, diciendo que la estimación de costos de la NASA de menos de $ 1.250 millones para el componente robótico de la misión era poco creíble.
 
"Yo no soy un gran fan de la exploración espacial humana como arte escénico, que es lo que ARM es", dice Sykes. "Porque el problema con el arte escénico es que su siguiente truco tiene que ser más grande que el último, y eso rápidamente resulta insostenible. ARM no será financiado. Nunca va a suceder. Es una pérdida de dinero. Realizarlo no avanza en nada y todo lo que podría beneficiarse de la misión podría ser logrado mucho más por otros medios, más baratos y más eficientes".
 
Michele Gates, directora del programa de la NASA para ARM, dice que el concepto de la misión está cumpliendo con sus hitos de desarrollo y que un estudio independiente de evaluación de costos está en marcha. Ella y otros funcionarios de la NASA señalan que la propulsión avanzada necesaria para ARM podría ser una tecnología que permita el desarrollo de una amplia gama de misiones futuras y que ARM sería una prueba crucial para muchas actividades en el espacio profundo necesarias para algún día llegar a Marte. Además, la misión permitiría hacer todo esto mientras se mantiene astronautas suficientemente cerca de casa, así que si algo sale mal, se podría intentar un regreso de emergencia a la Tierra.
 
"El año pasado, cuando el Consejo Nacional de Investigación publicó su informe, teníamos muy pocos detalles sobre el concepto ARM para el momento en que su grupo técnico estaba realizando su análisis", dice Gates. "Teniendo en cuenta la cantidad de trabajo que se ha hecho en el último año y la buena acogida que hemos recibido de tantas comunidades a nuestros más recientes resultados, me gustaría animar a todos a mirar los datos más recientes."
 
Las esperanzas de ARM parecen ahora más frágiles que nunca, y su destino puede haberse sellado ya por el resultado de las elecciones legislativas de este año, en el que los republicanos, que se oponen a la misión, tomaron el control del Congreso. Aún así, la NASA planea llevar a cabo una revisión formal del concepto ARM en febrero de 2015 y se espera que el próximo proyecto de presupuesto de la administración Obama solicite más fondos para ARM.
 
Un concepto básico ayuda a explicar cómo hemos llegado hasta aquí,  de donde  viene ARM y por qué tiene un conjunto tan grande y diverso de críticos: la inercia, la tendencia a que las cosas en reposo permanezcan así y que las cosas en movimiento se mantengan en movimiento a una velocidad y rumbo constante.
 
En el mundo de los cohetes,  el esfuerzo necesario para superar la inercia, para cambiar la velocidad y la trayectoria, se llama delta-V. Por lo general se mide en metros o kilómetros por segundo y, por lo general, se consigue con el disparo de motores de propulsión. Más delta-V permite mover objetos más grandes a velocidades superiores a una mayor variedad de lugares, pero para obtener lo suficiente para enviar astronautas a un planeta o una luna requeriría grandes y muy costosos cohetes. Visitar cuerpos más pequeños, como asteroides y cometas cercanos,  puede ser más fácil, porque estos viajes a menudo requieren menos delta-V.
 
NASA y sus programas de cohetes también tienen inercia, pero sus trayectorias se cambian solo a través de fuertes gastos de ese propulsor más difícil de alcanzar, llamado capital político. Uno podría bautizarlo delta-P.
 
El presidente George W. Bush trató de cambiar el curso de la NASA con el programa Constellation, que se comprometió retirar a los transbordadores espaciales y construir nuevos cohetes y naves espaciales para llevar a los astronautas nuevamente a la Luna y más allá. Pero su gobierno agotó su delta-P con una costosa guerra en Irak. Plagado de problemas de presupuesto, el programa fue visto como insostenible por el presidente entrante, Barack Obama, que gastó un poco de su delta-P con la cancelación de Constellation en 2009. En lugar de regresar de inmediato a la Luna o ir directamente a Marte, la NASA de Obama se centrará en la búsqueda de tecnologías de propulsión avanzadas que podrían proporcionar más delta-V por menos dinero, mediante misiones a lugares no especificados en el espacio profundo como sus terrenos de prueba.
 
Pero había un gran problema. Si Constellation desaparecía, miles de millones de dólares de contratos y miles de puestos de trabajo podrían desaparecer con él. Influyentes senadores y representantes acusaron a Obama de destruir la NASA mediante la cancelación de Constellation  sin proveer destinos y plazos alternativos. Frente a la oposición en el Congreso, la administración optó por preservar el   vehículo tripulado del programa Constellation, el Orión, y a regañadientes aceptó el desarrollo del Sistema de Lanzamiento Espacial, un programa de cohetes inquietantemente similar a Constellation. Pero aún así, los altos funcionarios de la administración Obama creyeron que el Presidente aún podría salvar sus propuestas anteriores con el anuncio de un nuevo destino para los astronautas de la NASA y un calendario para llegar a ellos.
 
El anuncio se produjo durante un discurso en abril de 2010 en el Centro Espacial Kennedy, cerca de Cabo Cañaveral, Florida, donde Obama se comprometió a enviar astronautas a un asteroide en 2025. Solo había un problema, la agencia estaba escasa de delta-P y delta-V. Un importante aumento en el presupuesto de NASA, políticamente insostenible, parecía ser la única manera de acelerar el desarrollo de cohetes y sistemas de soporte vital capaces de enviar astronautas en un viaje de meses de duración a un asteroide lejano, en el plazo señalado por Obama.
 
A través de una serie de estudios solicitados por la agencia espacial, se comenzó a investigar si en vez de enviar astronautas a un asteroide, se podría enviar un asteroide a los astronautas, tal vez a la Estación Espacial Internacional, en la órbita terrestre alta, o incluso alrededor de la Luna. La hazaña parecía posible, siempre y cuando la NASA pudiera desarrollar un motor de energía eléctrica avanzada. Aunque más débil que los cohetes químicos en términos de impulso, un motor de este tipo podría sostener el empuje durante años, entregando un delta-V lo suficientemente grande como para recuperar un asteroide cercano a la Tierra.
 
Un trabajo fundamental  para apoyar este enfoque apareció en 2012, en un informe elaborado por el Instituto Keck  de Estudios Espaciales, de Caltech. De acuerdo con ese estudio, por unos $2.600 millones, una grúa robótica podría encontrarse con un asteroide de unos siete metros  de diámetro y 500.000 kilos de peso, capturarlo en una bolsa desplegable y empujarlo a una órbita lunar alta en 2025 –es decir,  justo a tiempo para que los astronautas cumplan con el plazo del Presidente. Uno de los líderes del estudio, Louis Friedman, cofundador  de la Sociedad Planetaria, presentó los resultados a Lori Garver, el entonces administrador adjunto de la NASA, quien los compartió con Bill Gerstenmaier, jefe de los esfuerzos de Vuelos Tripulados de la NASA. Con el apoyo de altos mandos de la NASA, la Casa Blanca dio, con dudas, su aprobación.
 
Fue así como ARM nació, aunque de forma ligeramente alterada: NASA rebajó el costo estimado a menos de la mitad y estableció dos escenarios que compiten por la entrega de un objeto de aproximadamente cinco metros de ancho a la órbita lunar alta: la opción A –una misión atrapa-asteroide en una bolsa similar a la estudiada por Friedman y sus colegas–; y la opción B ­–usar un brazo robótico para tomar un pequeño pedazo de roca de un asteroide más grande–. La NASA planea elegir entre estas opciones este diciembre.
 
La crítica generalizada comenzó después de que ARM se hizo público en abril de 2013 y ha continuado sin cesar. Ya sea de astronautas esperanzados que quieren volver a la Luna o ir a Marte, los científicos espaciales opuestos a los vuelos espaciales tripulados patrocinados por el Gobierno, los contadores gubernamentales que se preocupan por un posible crecimiento de los costos o los republicanos en el Congreso que se oponen firmemente a cualquier propuesta de Obama, casi cada sector clave en la política espacial ha encontrado una razón para oponerse a la misión.
 
"Lo que los críticos no parecen entender es que si no enviamos seres humanos a un asteroide que está más cerca de la Tierra, no vamos a enviar humanos a ninguna parte en el futuro previsible, lo que significa en la próxima década o dos," dice Friedman . "Si dejamos morir esta misión, nuestros cohetes y módulos de  tripulación pueden ir tan lejos como la Luna, pero no vamos a ser capaces de aterrizar sin inversiones que son francamente poco realistas en este momento".
 
Críticos más duros del ARM, los científicos de asteroides, como Sykes, del Instituto de Ciencias Planetarias,  y Richard Binzel, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts,  siguen sin estar convencidos. "Es una amenaza vacía decir si usted no toma esta cosa que vino de la nada y que obtendrá nada, va a ser el final de todo", dice Sykes. "Bueno, está bien, muy bien, aprieten el gatillo, chicos. Tal vez algunas personas no reciban el juguete que quieren, pero hay otras opciones que nuestros líderes pueden perseguir ".
 
Sykes dice que él y muchos de sus compañeros quieren una misión a un asteroide; simplemente imaginan algo muy diferente y más transformadora que la propuesta ARM impulsada por la NASA. Algunos asteroides, anota Sykes, son ricos en hielo que puede ser procesado en combustible para cohetes, pero es escéptico de que ARM vaya a desarrollar la tecnología necesaria para utilizar esos recursos valiosos. Él también cree que los astronautas necesitan nuevas y mejores tecnologías para realizar tareas en el espacio exterior. Sus esperanzas de una misión tan ambiciosa se desplomaron, dice, cuando el equipo de ARM de la NASA envió emisarios en busca de la paz a una reciente reunión de científicos de asteroides en Washington, D. C.
 
"Ellos estaban mostrando las mochilas propulsoras y trajes espaciales los astronautas podrían usar para ir a la bolsa que tendría la roca traída de vuelta a la órbita lunar, y cómo iban a interactuar con ella," Sykes recuerda. "Me sentí como si estuviéramos viendo una pintura rupestre del Neolítico. ¿Realmente queremos agarrar superficies de un asteroide con nuestros dedos y examinarlas con los globos oculares a través de una placa frontal? Hoy se hacen cirugías en África y minería en Brasil a través de la telepresencia. Hagámoslo en un asteroide. Uno va a tener la mismas experiencia como si se estuviera ahí y puede realizar operaciones delicadas. Usted será capaz de observar a través de regímenes de longitud de onda y sensibilidades mucho mejores que las humanos".
 
Los argumentos de Binzel derivan más de las estadísticas simples, que destacó en un reciente artículo de opinión en la revista Nature (Scientific American es parte de Nature Publishing Group). El gran número de asteroides cercanos a la Tierra que están en órbitas bajas nativas susceptibles a visitas de los astronautas, dice, evita la necesidad de una misión cara de redirección. Es mejor y más barato, según él, para la NASA buscar mejor un asteroide antes de dar ese salto. Binzel propone a la agencia olvidarse de la fecha límite de 2025 y enfocarse primero en la construcción de un telescopio espacial para cartografiar los asteroides cercanos a la Tierra.
 
"Al mismo tiempo que lleguemos a remolcar una pequeña roca hasta la órbita lunar, estaremos descubriendo objetos más grandes y más atractivos que pasan entre la  Tierra y la Luna  y que son de más fácil acceso", dice Binzel. "Una misión de recuperación le consigue un asteroide, pero una encuesta le consigue miles que usted podría visitar, a un costo mucho más bajo". Al ritmo actual de descubrimiento, añade, la NASA estará violando la ley en 2020,  la fecha límite de un mandato del Congreso para que la agencia mapee el 90 por ciento de los asteroides potencialmente peligrosos de 140 metros o más en tamaño. Un telescopio de búsqueda de asteroides podría solucionar eso también.
 
Lindley Johnson, encargado del programa para el Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA, reconoce que la agencia  se encuentra actualmente en peligro de no cumplir su plazo del 2020 para el mapeo de objetos peligrosos y que Binzel está en lo correcto al señalar que una encuesta adecuada aún tiene que llevarse a cabo.
 
Añádalo todo y una conclusión sombría parece ineludible: hay una posibilidad muy real de que, al no invertir por primera vez en la búsqueda de asteroides ideales para misiones humanas, la priorización de la NASA de ARM podría llegar a ser un error muy costoso. Como ha sucedido varias veces antes, la inercia y el conflicto
parecen de nuevo haberse configurado para enviar los más recientes planes de la agencia espacial para el vuelo espacial humano a una caída en el vacío, sin dirección clara.