Del Gran Canal de Nicaragua se sabe que será una obra faraónica. Se sabe la ruta y se sabe cuántos barcos podrían atravesarlo cada día. También se sabe quién lo construirá y cuántos miles de metros cúbicos de tierra deberá remover. (Vea recuadro "Las obras")

Lo que no se sabe es cuál será el efecto en el medio ambiente de esta división en la cintura de América: el Gobierno de Nicaragua propuso el proyecto sin estudios ambientales, entregó el canal en concesión a la empresa china Hong Kong Nicaragua Canal Development (HKND) sin estudios ambientales y comenzó las obras sin estudios ambientales.

Pese a las críticas de nacionales y extranjeros, el presidente nicaragüense Daniel Ortega presenta la obra como una herencia positiva no solamente para su país, sino para todo el continente. No se conocen declaraciones suyas sobre la inexistencia de los estudios ambientales.

“Hoy somos una región donde defendemos el principio de la soberanía (...) por eso no es casual que esta obra se esté desarrollando cuando en nuestra América hemos logrado dar este gran salto histórico hacia la integración y la unidad de nuestros pueblos, de toda nuestra región”, dijo Ortega pocas horas antes de lo que calificó como el inicio de las obras, el 22 de diciembre pasado.

Apenas unos días antes, el 16 de diciembre, se había publicado un estudio ambiental sobre el impacto de las obras preliminares, pagado por la misma HKND, a la consultora ERM.


Esta sería la ruta del canal. Es una tres veces más largo que el canal de Panamá y pasa por el lago de Nicaragua. Crédito: La Voz Sandinista


 
¿Qué dice el informe preliminar?
El departamento de prensa de ERM negó que en Nicaragua se hayan iniciado las obras del canal, como dice el Gobierno, sino que afirmó por vía escrita a Scientific American que lo iniciado son “mejoras” para realizar los estudios de campo primarios, lo cual incluye limpiezas y creación de accesos.

A pesar de ser un informe solamente sobre obras preliminares, el documento señaló varios problemas que no se pueden subsanar realmente, ni siquiera con las medidas que ellos recomiendan.

Entre lo más grave, se señala que existe la posibilidad de que se den derrames o vertidos de combustibles en la zonas de trabajo, que se afecte a los peces de agua dulce, se interrumpa la actividad agrícola y ganadera y que se impacte el patrimonio cultural debido a actividades que perturbarán el suelo en zonas que son reservas indígenas.

Las obras preliminares son calificadas de “modestas” porque incluyen sobre todo la creación o mejoramiento de vías de acceso, el desbroce de un corredor de 50 metros de ancho y casi 24 kilómetros de largo, así como instalaciones de apoyo.

El documento señala, además, textualmente, que “la adquisición y compensación por compra de tierras, siguiendo los requisitos mínimos de las Leyes n. 840 y AMC, no cumple con estándares internacionales”.

Precisamente, a finales del 2014 hubo una serie de protestas en Nicaragua por la manera en cómo se estaban expropiando las tierras. Hubo decenas de detenidos y las agencias internacionales informaron en ese momento de la muerte de dos personas.

Scientific American solicitó una entrevista sobre este tema a representantes de HKND y al Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales de Nicaragua, pero no atendieron la solicitud.
 
Científicos de todo el mundo hacen advertencias
Ante esta situación, científicos de todo el mundo han expresado diversas dudas. Por ejemplo, la Asociación para la Biología Tropical y la Conservación dijo que el canal afectará “unos 4.000 kilómetros cuadrados de bosque, costa y humedales” que incluyen el sistema de humedales de San Miguelito (área protegida por la Convención Ramsar de la que Nicaragua es signataria), la Reserva Natural Cerro Silva, la Reserva de la Biosfera de Río San Juan, que comprende 7 áreas protegidas, incluyendo el Refugio de Vida Silvestre los Guatuzos, la Reserva Biológica Indio Maíz, y el Archipiélago de Solentiname”.

Según estos especialistas, esta red de reservas “es el hábitat de al menos 22 especies vulnerables y en peligro de extinción, de acuerdo con la Lista Roja de la UICN, incluyendo tapires, jaguares, tortugas marinas, corales y otras especies; así como algunos de los manglares sobrevivientes más únicos y vírgenes, arrecifes de coral, bosques secos, bosques húmedos y hábitat lacustre que aún perduran en Centroamérica”.

“El Corredor Biológico Mesoamericano diseñado por los gobiernos de la región será partido en dos, y el canal y su infraestructura crearán una barrera descomunal de dispersión para plantas y animales”, advirtieron al tiempo que pidieron “suspender toda actividad relacionada con la construcción del Canal y sus subproyectos hasta que se concluyan estos estudios independientes y se atiendan adecuadamente todas las preocupaciones substanciales”.

Mientras tanto, la Sociedad Internacional de Limnología emitió una declaración en la cual advierten que la construcción y operación del canal comprometería la capacidad del Lago de Nicaragua como fuente de alta calidad para agua potable, irrigación y el mantenimiento de la biodiversidad. “Estos impactos adversos podrían verse amplificados en el futuro por el incremento de los periodos de sequía debido al cambio climático”, se indica.

Las buenas prácticas internacionales “requieren que los estudios ambientales se completen, revisen y publiquen antes de que los trabajos comiencen. Las acciones del Gobierno están llevando a una atmósfera de desconfianza, confrontación y represión. Hacemos un llamado al Gobierno de Nicaragua para que paralice este proyecto hasta que los estudios estén completos y sean públicamente debatidos”, concluyen  en su declaración.  

El Centro Humboldt de Nicaragua realizó un pronunciamiento en términos similares en su estudio “Valoraciones Socio ambientales de la ruta del canal interoceánico”.   Según sus cálculos, para el canal habría una demanda de 7,5 millones de metros cúbicos de agua por día en época lluviosa y de 8,44 millones en época seca. Siguiendo los modelos de cómo el cambio climático afectaría a Nicaragua, para el año 2039 habría un déficit de agua de entre 3% y 4% para la operación del canal.


Academia de Ciencia de Nicaragua también alza la voz
Uno de los mayores críticos locales sobre cómo se ha manejado el proyecto del canal de Nicaragua ha sido su Academia Nacional de Ciencias. Su vicepresidente, el biólogo Jorge Huete-Pérez firma este viernes en la revista Science un editorial sobre el tema junto a otros especialistas.

En entrevista con Scientific American, Huete-Pérez dijo que para la comunidad científica la principal preocupación es lo que pueda suceder con el agua del Lago de Nicaragua. “A futuro nos afectará el cambio climático, habrá fuertes sequías y el lago es una reserva. ¿Vale la pena sacrificar en un canal el agua de consumo humano, que también sirve para la agricultura y el turismo?”, cuestionó el biólogo.

El especialista cuestionó la manera en como se discutió el proyecto antes de ser concesionado, con poca transparencia y con sesiones donde hubo preguntas que no se respondieron. “Aquí hay algo claro, que es el interés en hacer el canal sin importar las consecuencias. El fundamento del canal no está claro: no hay plan de negocio, no hay datos sobre el nivel de incertidumbre ni de los beneficios. Es irresponsable lo que se está haciendo”, añadió.

Huete-Pérez explicó que en esto influye el que “Nicaragua vive un periodo de concentración de poder y autoritarismo” y que “no hay mucho valientes que critiquen”, haciendo referencia a la presidencia de Daniel Ortega.

A pesar de esta situación, Huete-Pérez considera que una salida que puede ser satisfactoria para todas las partes, a la cual alude en el editorial de Science, es que el Gobierno de Nicaragua “reconsidere el proyecto con estándares internacionales” y que el trámite sea supervisado por una comisión nacional independiente.

No obstante, también advirtió que, ante el cierre de posibilidades legales a lo interno para frenar el proyecto, representantes de los pueblos indígenas afectados trabajan en un recurso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.


Las obras
El Gran Canal de Nicaragua es una obra cuyo costo se estima en $50.000 millones. Tendría 278 kilómetros de largo, mientras que el de Panamá tiene 77 kilómetros de largo. Su ancho variará entre los 230 metros y los 520 metros. Existe una franja de protección de cinco kilómetros a cada lado del canal.
Una buena parte del trayecto pasará sobre el Lago de Nicaragua (también conocido como Lago Cocibolca), el cual, con más de 8.600 metros cuadrados, es el lago tropical más grande del continente.
Las obras durarían cinco años y se espera que estén concluidas en 2020. Las estimaciones indican que generaría unos 50.000 empleos directos y unos 200.000 indirectos.
La empresa HKND tiene una concesión por 50 años, extendible por otros 50 años.
El proceso para la creación de este canal comenzó en febrero del 2012, cuando el presidente Daniel Ortega anunció que retomaría el proyecto, que ha estado en planes nicaragüenses desde el siglo XIX.
En julio de ese mismo año, la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la ley especial que sustenta su construcción (Ley n. 840) y da amplios beneficios al concesionario, como declinar la aplicación de leyes nacionales y la garantía de que no será castigado penalmente por un incumplimiento.
En junio del 2013 se entregó la concesión a la empresa china HKND, pero no fue hasta septiembre de ese año que se anunció que se harían estudios de prefactibilidad de obras.
En diciembre comenzaron las obras preliminares, una semana después de que se presentaron los estudios de impacto ambiental preliminares por parte de la empresa ERM, contratada por HKND.