Hacia la segunda mitad del este siglo es probable que no haya suficiente helio en el mundo para llenar los globos que tanto gustan a los niños. También es posible que,  por su escasez, sea tan caro que comprar un globo se convierta en un auténtico lujo.
 
Pero más allá del disgusto que puede suponer esta situación para los más pequeños, si el helio se agota habrá otras consecuencias aún más traumáticas: sin helio no se pueden hacer resonancias magnéticas, ni pueden funcionar los aceleradores de partículas, ni la Estación Espacial Internacional, entre otras cosas.
 
De hecho, según datos de un artículo publicado en Nature, en el que se cita a investigadores de la Universidad de Cambridge, hacia el 2030 la demanda de helio para usos tecnológicos se triplicará y será mucho mayor que su producción.
 
En definitiva, hay muchos procesos de nuestra vida diaria, muchos más de los que percibimos, que dependen de este gas de origen fósil. No es extraño, pues, que en algunos estados de los Estados Unidos se estén aplicando restricciones al uso de globos de helio en fiestas. Si el mundo se queda sin helio, la salud mundial se resentirá, la investigación científica se detendrá y la exploración del espacio no podrá continuar. "La potencia en investigación de una nación se puede medir por su consumo de helio", explica Conrado Rillo, investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA-CSIC) y de la Universidad de Zaragoza, que actualmente investiga en técnicas para reutilizar este gas.
 
Recurso escaso
El helio es el segundo gas más ligero que existe. Tiene la característica de que permite enfriar a temperaturas extraordinariamente bajas: hasta un máximo de 273 grados Celsius bajo cero. Es muy abundante en el universo, pero no en la Tierra.
 
Aunque en la atmósfera hay, es poco y resultaría muy complicado y caro capturarlo. Así pues, lo que usamos se extrae de los yacimientos de gas natural, donde sale mezclado con otros componentes, como el metano y el hidrógeno. En los yacimientos de gas, la fracción de helio es variable y supone, en el mejor de los casos, un 3%. Una tercera parte del helio que se consume en todo el mundo proviene de Estados Unidos.
 
Una vez se ha utilizado, este gas fósil se escapa a la atmósfera en la mayoría de ocasiones y, por tanto, se pierde y no se vuelve a recuperar. Actualmente, tan solo algunas grandes instalaciones científicas cuentan con grandes y complejas estaciones que pueden recondensar el helio que se pierde, como es el caso de los grandes aceleradores de partículas, como el del CERN, en Ginebra, que cuenta con cuatro plantas que constantemente inyectan helio al anillo para enfriar sus súper imanes.
 
El helio se consume tanto en estado líquido como gaseoso. Los globos consumen el 8% del helio que se produce en el mundo. A pesar de ser una proporción importante, no es la única ni la más grande. “Donde más se consume helio es en los hospitales y los centros de investigación, con más de una tercera parte del consumo”, explica Santiago Álvarez, catedrático de química inorgánica de la Universidad de Barcelona. En ambos casos, se utiliza para enfriar a temperaturas extremadamente bajas, la mayoría de veces imanes superconductores. Por ejemplo, un aparato de resonancia magnética contiene en su interior entre 500 y 1.000 litros de helio.
 
¿Reutilizar o producir más?
El físico holandés Heike Kamerlingh Onnes, el descubridor de la superconductividad y premio Nobel de física en 1913, fue el primero en obtener una pequeña cantidad de helio líquido en 1908. Poco después descubrió sus aplicaciones en superconductividad al observar que se podía utilizar para enfriar mercurio.
 
En 1906 dos químicos estadounidenses, Hamilton Cady y David McFarland, descubrieron que el helio estaba asociado con otros componentes del gas natural. Así fue como se abrió paso una industria del helio bien próspera en EE. UU., hasta el punto de que en crearon una reserva federal. Lo consideraban un recurso estratégico porque pensaban que los globos dirigibles serían fundamentales, explica Álvarez.
 
En 1996 el gobierno estadounidense aprobó una ley para deshacerse de esta gran reserva ya que consideró que no era rentable y no era necesario. Esto hizo bajar mucho el precio de este recurso, en aquellos momentos infravalorado. Ahora, por la escasez, se ha girado la tortilla. El año pasado el Congreso estadounidense aprobó otra ley que frenó, por ahora,  el cierre de la reserva de helio.  

También se está investigando para encontrar maneras de ampliar la extracción en otros yacimientos de gas natural donde no se separa el helio por que no se considera rentable. El principal reto es conseguir que los esfuerzos de extracción no sean superiores a lo que se puede obtener con el helio.
 
Otra estrategia para aumentar la disponibilidad de este recurso es la reutilización. Desde hace tiempo, hay plantas de recuperación de helio en lugares donde se consumen grandes cantidades. Pero es muy caro y la mayoría de consumidores no se las pueden permitir.

El equipo que dirige Rillo en Zaragoza ha desarrollado y patentado un sistema para licuar y recuperar helio a pequeña y mediana escala al cien por cien. "Lo que hemos ideado se basa en el uso de las propiedades termodinámicas del gas y en un nuevo sistema de control de presión y flujo donde se almacena el líquido producido ", precisa el investigador del CSIC. Ya se ha comenzado a comercializar en Estados Unidos y espera introducirse pronto en otros países.