Una nueva aplicación que muestra emisiones volcánicas, erupciones y temblores en todo el mundo da a los científicos una visión diferente de cómo se comporta nuestro planeta.
Medio siglo de datos pueden ser visualizados ahora unidos, lo cual está permitiendo a los científicos encontrar relaciones entre uno y otro evento de manera más sencilla.

Con cerca de 40 volcanes sobre la superficie terrestre haciendo una erupción cada mes, los datos no harán más que ir creciendo.

Este proyecto –llamado E3 por las siglas en ingles de “erupciones, temblores y emisiones”– es financiado por varias instituciones, pero entre ellas destacan el Instituto Smithsoniano y el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés).

Además, forma parte de un proyecto más amplio que lo engloba, el Programa de Vulcanismo Global, y de él forman parte universidades y centros de investigación de todo el mundo.

“¿Ha tenido usted un momento “eureka” cuando de repente ve orden en lo que parecía caos? Esta aplicación es abundante en este tipo de momentos”, explicó Elizabeth Cottrell, jerarca del Programa de Vulcanismo Global del Instituto Smithsoniano, con sede en Washington, DC.

“Conforme los eventos geológicos se acumulan a lo largo del tiempo, las placas tectónicas de la Tierra aparecen ante nuestros ojos. Lo que tomó a los geólogos más de 200 años para entender, a un usuarios de la aplicación le toma segundos. Queremos compartir esta emoción con una audiencia tan grande como sea posible. Esta es la primera vez que podemos presentar estos datos juntos para el público”, añadió.

¿Qué hace el E3?

En la aplicación, la cual incluye datos posteriores a 1960, los usuarios puede adelantar o retrasar la velocidad para ver el paso del tiempo y cada evento registrado.

Para científicos y público en general queda clara una relación entre los procesos internos de la Tierra y las emisiones que se generan.

Además, el E3 tiene el valor de permitir visualizar unidos fenómenos los cuales dejan una clara marca (como la mayoría de las erupciones), con otros que pueden llegar a hacerla, aunque no necesariamente (los temblores) y otros que son tan efímeros como una nube (las emanaciones).

Algunos tipos de actividad tectónica están relacionados entre sí: los terremotos pueden disparar erupciones, mientras que el movimiento del magma a la superficie envía tremores por la tierra y algunos volcanes en erupción sueltan grandes plumas de sulfuro y carbono. Conocer esos procesos mejor podría ayudar a salvar vidas y a disminuir la afectación económica.

Por ejemplo, en el 2010 el volcán islandés Eyafjallajökull hizo una potente erupción que afectó el tráfico aéreo y costó a la industria unos $2.000 millones. Actualmente, el volcán Turrialba de Costa Rica hace erupciones que, aunque mucho menores, han sido más constantes, lo cual está afectando la agricultura y la ganadería en las zonas más próximas y ha provocado el cierre del principal aeropuerto de este turístico país en varias ocasiones por períodos de hasta 24 horas.

Aplicaciones

Precisamente, uno de los científicos que además de estar aprovechando estos datos está nutriendo constantemente el sistema con información nueva es Maarten de Moor del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de la Universidad Nacional, en Costa Rica. “En Costa Rica tenemos dos volcanes con actividad muy interesantes de analizar, el Turrialba y el Poás. Los resultados muestran cambios muy grandes en la composición de gases que salen de ambos y variaciones muy grandes en la cantidad de gas”, explica a Scientific American.

¿Quiere decir esto que los cambios en la emisiones de gas podrían convertirse en una manera de predecir las erupciones volcánicas en el corto plazo? De Moor matiza esta idea: “Los volcanes son sistemas muy individuales y únicos. Se debe estudiar a cada uno para tener una línea base y luego analizar varias erupciones para ver qué sucede. Con el Turrialba hemos visto unos seis periodos eruptivos que duran una o dos semanas y como una semana antes hemos visto un pico de dióxido de carbono”, comenta el científico.

“Entonces, es importante tener primero una observación de las señales que da el volcán antes, pero también entender cuál es el proceso que predomina en el cambio. En el caso del Turrialba ese dióxido de carbono extra es magma muy profundo que se acerca a una cámara superficial que está a unos tres o cuatro kilómetros”, añadió.

Los datos recopilados por De Moor y sus colegas del Ovsicori durante los últimos años ya están disponibles para ser descargados en distintos formatos y forman parte de la visualización en el E3.

El proyecto tiene como meta al 2019 triplicar el número de volcanes monitoreados en la actualidad, que supera los 300.

Ese mismo año esperan tener instrumental en 15 de los 150 volcanes más activos, muchos de los cuales implican todo un reto debido precisamente a sus constantes emanaciones de gases y materiales.