Un conjunto de herramientas antiguas y restos de animales con huellas humanas encontrados en un sitio arqueológico de Argentina de cerca de 14.000 años de antigüedad se suman a las evidencias que sugieren que el poblamiento de América del Sur ocurrió mucho antes de lo pensado.

Este nuevo trabajo, junto con otros sitios de América del Sur, indica que los seres humanos llegaron al Cono Sur antes que la cultura clovis (11.250 y 10.600 años atrás) lo hiciera en América del Norte –considerada por mucho tiempo como la más antigua cultura indígena del continente– pero después el último período glacial que tuvo lugar hace 19.000 a 20.000 años.

En el trabajo que se publica hoy en la revista PLOS ONE,  Gustavo Politis, María Gutiérrez, Daniel Rafuse y Adriana Blasi, investigadores de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina,  describen un antiguo campamento de cazadores fechado entre 14.064 y 13.068 años atrás.  

El sitio arqueológico se llama Arroyo Seco 2 y está ubicado en la provincia de Buenos Aires. Allí encontraron herramientas antiguas y restos óseos de una variedad de especies extintas entre las que hay huesos con fracturas provocadas por herramientas humanas.

“El sitio se está investigando sistemáticamente desde hace más de 30 años por un equipo multidisciplinario y desde hace muchos años hay evidencias de un poblamiento temprano. Pero en los últimos años hemos precisado mejor la antigüedad de la primera ocupación y hemos hallado evidencias más fuertes de la presencia humana”, señala Gustavo Politis.

Además, en los últimos años se han mejorado las técnicas de extracción de colágeno del hueso.  El material que fue datado por espectrometría de masa por Thomas W. Stafford, de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, confirma la presencia humana en las pampa argentina hace 14.000 años, asegura Politis.

Conjunto de pruebas

Si bien no fueron encontrados restos humanos, en Arroyo Seco 2 se dio una coincidencia de fenómenos que permiten inferir su presencia hace unos 14.000 años: los tipos de fracturas en los huesos de los animales no parecen haber sido causadas por la mordida de algún carnívoro y en el sitio se encontraron herramientas líticas con huellas de haber tenido contacto con huesos.

A esto se suma el hecho de que se encontraron una concentración de restos de especies en un área restringida con características particulares del paisaje, poco vinculadas con sitios donde los animales podrían haber muerto por causas naturales. A su vez, hay una selección de las partes de esqueletos de los animales, en especial de las extremidades por sobre los huesos del tórax y el cráneo lo cual se asocia a que los cazadores solo podían aprovechar algunas partes de los animales cazados.

Aunque quizás cada una de estas observaciones se puedan explicar por otras variables no humanas, la explicación más sencilla de que se hayan dado todas juntas allí es la intervención del Homo sapiens.

Lo ocurrido en el sitio hace unos 13.000 a 14.000 años puede contarse como una historia, aseguran los investigadores: los ocupantes de esas tierras persiguieron hasta cazar a un caballo (Equus neogeus) y a un perezoso gigante (Megatherium americanum), probablemente a lo largo de la frontera de un lago temporal cerca del lugar. La faena de las extremidades traseras de las presas comenzó en el lugar de la caza. Luego, esas extremidades fueron partidas en partes más pequeñas y transportadas a la parte superior de una loma. Esa zona habría funcionado como un campamento temporario de procesamiento final. Allí los trozos fueron desarticulados y los huesos más grandes se rompieron con grandes herramientas de piedra. Algunos artefactos más pequeños también se utilizaron para cortar y procesar las pieles.

“El valor de este estudio es su enfoque altamente disciplinario. La investigación fue llevada a cabo durante varios años, lo que proporciona una perspectiva detallada y espacialmente extensa del sitio, por lo que fue muestreado extensamente. El estudio publicado representa lo que es realmente el sitio”, indica Tom Dillehay, arqueólogo de la Universidad de Vanderbilt (EE.UU.), que conoce Arroyo Seco 2 y que ha realizado hallazgos similares en Monte Verde, Chile.

Para Dillehay, quien no formó parte de este trabajo, el artículo es un excelente estudio que documenta una relación clara entre los primeros humanos y la megafauna extinta en las praderas abiertas de Argentina.

En Monte Verde, Dillehay encontró herramientas de piedra de una antigüedad de 14.500 a 18.500 años. Politis asegura que su trabajo está en consonancia con lo hallado en Chile. Sin embargo, entiende que muestran dos formas de vidas diferentes de estos primeros americanos.

“Arroyo Seco parece ser un campamento temporario a orillas de una laguna en donde se carnearon un caballo americano y un megaterio, ambos ya extintos. Monte Verde parece ser un campamento más permanente, donde la economía se basaba en las plantas. Hay muy pocos huesos de animales”, describe.

En todo caso, ambos sitios son evidencias muy contundentes de que el poblamiento americano se dio antes de la cultura clovis. En este sentido, a Dillehay le llama la atención que en el trabajo de Politis se repita tantas veces la dicotomía pre-Clovis y Clovis. “Se ha convertido en un viejo debate. Ya es bien aceptado que las Américas fueron ocupadas antes de los tiempos de Clovis”, apunta el experto.

Politis coincide en que se trata de un debate ya saldado, pero entiende que algunos sectores académicos, especialmente en el hemisferio norte, aún creen que es un tema que debe seguir en discusión y por eso fue incluido en su artículo.