Un vuelo comercial no es un buen lugar para realizar experimentos, al menos con un mínimo de rigor científico. Tanto a los fabricantes de aviones como a las líneas aéreas les gustaría probar con nuevos diseños de cabinas, de la disposición de los asientos y de los procedimientos de embarque, pero efectuar ensayos con pasajeros a 12.000 metros de altura es carísimo, potencialmente peligroso e imposible de controlar.

Ahora, el Consejo Nacional de Investigaciones de Canadá está construyendo en Ottawa una instalación que emula varios aspectos de los viajes aéreos, con una cabina reconfigurable que puede simular de manera fiel vuelos de varias horas de duración. Según Paul Lebbin, director del proyecto, los estudios realizados en este laboratorio "servirán para que las compañías compaginen la rentabilidad y los deseos de los pasajeros". Está previsto que la construcción de la instalación, para la que ya hay varios experimentos programados, comience este verano.

Crédito: Jason Lee

La versión en español de este artículo se publicó primero en Investigación y Ciencia.