Una nueva y peligrosa forma de resistencia a los antibióticos ha llegado a Estados Unidos, según un informe publicado el jueves. Investigadores del Departamento de Defensa anunciaron que una mujer de Pennsylvania desarrolló una infección del tracto urinario (ITU) con bacterias que combatían a un antibiótico de último recurso llamado colistina, y tenían 15 genes que le conferían resistencia a otros antibióticos. Hasta ahora, muchas bacterias han sido vulnerables a la colistina, incluso si habían sido capaces de sobrevivir a otros medicamentos. Debido a que este tipo de resistencia puede propagarse fácilmente entre las bacterias, los hallazgos han hecho sonar la alarma entre los científicos sobre los temores de que las infecciones comunes pronto sean intratables.

Las bacterias han mostrado resistencia a la colistina en el pasado, pero esta vez es diferente: las formas anteriores de resistencia debilitaban a los microbios, y los genes de resistencia se hallaban en parte del ADN que no era fácilmente compartido entre bacterias. Pero en noviembre de 2015, investigadores británicos y chinos descubrieron que el mcr-1, un nuevo gen para la resistencia a la colistina, estaba circulando entre animales y personas en China y estaba alojado en una pieza circular del ADN de la bacteria llamada plásmido. Las bacterias que tienen este plásmido pueden compartir copias de esa pieza con otras bacterias cuando entran en contacto, lo que permite que la resistencia a la colistina se extienda amplia y rápidamente. Debido a que en China la colistina se usa comúnmente en animales destinados al consumo, pero no en las personas, “la aparición del mcr-1 probablemente ocurrió a causa de la amplia utilización de colistina en la producción de animales para alimentos, lo que es otro ejemplo de cómo el uso imprudente de los antimicrobianos vuelve para hacernos daño”, explica James Johnson, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Minnesota.

Poco después de que el estudio chino fuera publicado, los investigadores en Europa y Canadá anunciaron que también habían encontrado resistencia a la colistina provocada por el mcr-1. Y ahora, gracias a los nuevos esfuerzos de vigilancia del Departamento de Defensa, ha sido hallada en EE.UU. En mayo, investigadores del Instituto de Investigación Walter Reed del Ejército y el Centro Médico Militar nacional, del mismo nombre, comenzaron a probar bacterias Escherichia coli resistentes a medicamentos aisladas de pacientes estadounidenses que habían sido tratados en distintas instituciones. Fue entonces cuando identificaron la primera instancia de resistencia a la colistina mediada por el mcr-1 en bacterias, que fueron recolectadas de una mujer tratada por una infección urinaria a finales de abril en un centro médico militar ambulatorio. También parece haber llegado al ganado de EE.UU.: en un blog publicado el jueves, el Departamento de Agricultura de ese país y el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunciaron que habían descubierto bacterias resistentes a la colistina en una muestra tomada del intestino de un cerdo estadounidense.

Las personas pueden adquirir estas bacterias de varias maneras, incluyendo de su alimento. Aunque los tipos de E. coli que causan infecciones del tracto urinario se encuentran en esa parte del organismo, por lo general terminan allí porque han migrado desde el intestino. La investigación sugiere que, a menudo, este tipo de E. coli contamina la carne cruda; en 2010, el Sistema Nacional de Monitoreo de Resistencia a los Antimicrobianos, un proyecto gubernamental colaborativo, informó que más del 75 por ciento de la carne de pollo y pavo que se vende al público estaba contaminada con E. coli y que muchas de esas bacterias eran resistentes a múltiples antibióticos. Otro estudio de 2011 basado en estos datos reportó que más de una quinta parte de las E. coli que se encuentra en la carne de ave eran del tipo que puede migrar desde el intestino y causar infecciones graves, como las del tracto urinario, si se ingieren cuando la comida no se cocina adecuadamente.

En definitiva, el gran temor es que el gen mcr-1 recién descubierto vaya a terminar siendo adquirido por otras bacterias resistentes a múltiples fármacos, particularmente una clase conocida como Enterobacteriaceae resistente a carbapenems, o ERC.  Estos microbios son resistentes a una clase de fármacos conocidos como carbapenémicos, que se reservan para tratar ciertas infecciones resistentes. Las infecciones con CRE se “están haciendo cada vez más y más comunes”, dice Lance Price, un microbiólogo que dirige el Centro de Acción de Resistencia a los Antibióticos del Instituto Milken de la Escuela de Salud Pública de la Universidad George Washington; y en este momento, la colistina es uno de los únicos medicamentos que puede curarlas. Si la CRE termina mezclándose con bacterias que contienen el gen mcr-1 dentro del intestino de una persona o un animal, o incluso en un trozo de carne —y esto ya podría estar sucediendo sin que nadie lo note—, el mundo pronto podría enfrentarse a bacterias internacionalmente resistentes a los fármacos. “Entonces es una escalera real; la infección tiene una mano inmejorable”, dice Price. “Es intratable”.