La perforación en la zona del impacto del asteroide que mató a los dinosaurios hace 66 millones de años ha revelado el origen de su misterioso anillo de montañas.

El taladro penetró en un círculo de montañas, conocido como “anillo de pico”, en el cráter de Chicxulub enterrado en México. Solo los impactos más grandes son lo suficientemente potentes como para formar “anillos de pico”. Entender cómo estas montañas se formaron en el Chicxulub, de 200 kilómetros de ancho, podría ayudar a revelar cómo las colisiones cósmicas modelaron otros cuerpos, como la Luna y Venus.

El trabajo también muestra cómo, a pesar de haber matado a los dinosaurios, el impacto pudo haber creado un ambiente donde otra vida podría prosperar. El impacto cósmico fracturó rocas, abriendo espacios y cálidos hábitats para que los microbios proliferaran.

"Tenemos una muestra de la corteza mejor de la que podríamos razonablemente haber imaginado", dice David Kring, un geólogo en el Instituto Lunar y Planetario en Houston, Texas. "Es absolutamente extraordinaria”, él y sus colegas describieron estos hallazgos el 18 de noviembre en Science.

 

TALADRANDO HACIA ABAJO

Después de una década de planificación, el proyecto logró penetrar 1.335 metros en el fondo marino de la costa de Progreso, México, en abril y mayo. Los perforadores se toparon con las primeras rocas de los “anillos de pico” a una profundidad de 618 metros y un granito rosado a 748 metros.

Los geólogos saben que el granito debe haber venido de una parte relativamente profunda de la corteza –tal vez a 8 ó 10 kilómetros de profundidad– porque contiene cristales grandes. El tamaño de estos cristales sugiere que se formaron por el enfriamiento lento de roca fundida en la profundidad; en contraste, el enfriamiento rápido a poca profundidad tiende a formar cristales pequeños. Encontrar el granito a poca profundidad en la muestra de corteza extraída significa que algo debió haberlo levantado y luego arrojado encima de otras rocas.

Eso descarta una de la ideas de cómo se forman los cráteres, en la que la roca pulverizada permanece en su mayoría en su sitio, como si fuese sopa caliente en un tazón. En cambio, la muestra de corteza confirma el modelo de "colapso dinámico" de impactos cósmicos, en el cual el asteroide perfora un agujero profundo en la corteza, haciendo que la roca fluya como un líquido que salpica hacia el cielo. Esa roca entonces cae de nuevo a la Tierra y se esparce alrededor formando un “anillo de pico”.

“El anillo de montañas que observamos está hecho de material profundo levantado y volteado", dice Sean Gulick, un geofísico de la Universidad de Texas en Austin. Gulick encabezó la expedición de Chicxulub con Joanna Morgan, geofísica del Imperial College de Londres.

 

ESPACIO LIBRE

Saber que Chicxulub se formó a través del colapso dinámico abre nuevas formas de explorar otros mundos, dice Kring. El mes pasado, él y sus colegas mostraron que, al igual que Chicxulub, el cráter Schrödinger de la Luna, de 320 kilómetros de ancho, está hecho de material que proviene de la profundidad de su corteza. Esto significa que robots o astronautas podrían visitar Schrödinger para recoger muestras del interior lunar.

Chicxulub es el único buen ejemplo de un cráter de “anillos de pico” en la Tierra. El estudio de “anillos de pico” en cuencas de impacto en otros mundos podría confirmar si el modelo de colapso dinámico es válido para diferentes ambientes, dice David Baker, un científico planetario en el Goddard Space Flight Center de la NASA, en Greenbelt, Maryland.

El núcleo de Chicxulub también explica un misterio geofísico de larga data: por qué las ondas sísmicas se mueven lentamente en las rocas de los “anillos de pico”. La respuesta es que el impacto fracturó tanto el granito que se volvió mucho menos denso que el granito típico, lo que ralentiza el progreso de las ondas.

Una densidad más baja también significa que la roca es más porosa, proporcionando el espacio para que los microbios se muevan dentro de ella. Después de que el calor de esterilización del impacto de Chicxulub se hubiese disipado, los organismos podrían haber aprovechado el calor persistente. "De alguna manera la vida encuentra su camino en estos objetos de alta porosidad y aprovecha el hábitat creado", dice Gulick. Una biosfera subterránea podría haber evolucionado durante millones de años, sobreviviendo con energía y calor químico, sin luz solar.

Los científicos del proyecto han encontrado células y ADN microbiano en la muestra de corteza extraída de Chicxulub, pero están dejando estos detalles para futuras publicaciones.

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó por primera vez el 17 de noviembre de 2016.