Durante más de 30 años estuvo ahí, en silencio, colgado de una pared, como si se tratara de un trofeo de pesca del cual sentirse y mostrarse orgulloso. Los gobiernos pasaron, las autoridades cambiaron y aún así el extraordinario esqueleto de aquel pez permanecía a la vista de todos en una oficina de un museo perdido al sur de la Argentina. Un día los directivos del Museo Olsacher de Zapala, en la provincia de Neuquén, decidieron que era hora de trasladarse a un nuevo edificio. Pero en la mudanza algo ocurrió: aquella extraordinaria pieza tratada como un adorno se perdió en una gran montaña de lajas apiladas en un depósito…

Hasta que Soledad Gouiric Cavalli visitó las nuevas instalaciones. “Fue como ir de campaña —dice esta investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y de la Universidad Nacional de La Plata—. Y entonces, vi el material. Se veían aún los agujeritos de los clavos con los que había estado colgado”.

Con paciencia, ácido acético y mucho cuidado removió el pegadizo barniz con el que cual el esqueleto del animal había sido torpemente cubierto. Tras examinar sus delicados huesos atentamente, la científica de 37 años se llevó una sorpresa. Tenía ante sus ojos el fósil de un pez jurásico perteneciente a una especie hasta ahora no registrada en Suramérica. Lo llamó Catutoichthys olsacheri.

Catutoichthys olsacheri. Crédito: GOUIRIC-CAVALLI 2016. Publicación: A new Late Jurassic halecomorph fish from the marine Vaca Muerta Formation, Argentina, southwestern Gondwana. Fossil Record, 19: 119–129.

 “Muchos museos no saben lo que tienen ni les prestan mucha atención a los fósiles de peces —dice—. En este caso se trata de un representante de una familia extinta de peces que vivió hace alrededor de 150 millones de años. El fósil fue originalmente extraído de la cantera Los Catutos, en la formación Vaca Muerta de la Cuenca Neuquina”.

Una foto del océano pasado

Originaria de la provincia de San Juan y fanática de la fotografía, Soledad Gouiric Cavalli es paleoictióloga. Es la única investigadora argentina que estudia peces marinos del Jurásico. “Todo lo que encuentro es nuevo —confiesa entre risas—. Al ser un campo con tan pocos investigadores en el mundo, me siento una pionera. Europa tiene una tradición de más de 200 años trabajando con peces fósiles. En América Latina, en cambio, somos muy nuevos en paleoictiología. Mi colega y profesor Alberto Cione trabaja en ello desde hace 30 años, pero en tiburones”.

Tanto puertas adentro como puertas afuera, la paleontología está dominada por cierto ranking de popularidad. Los dinosaurios son los indiscutidos reyes del pasado y atraen todos los titulares y gestos de asombro. Le sigue la megafauna, es decir, aquellos animales como el mamut, el mastodonte, el tigre de dientes de sable que se extinguieron hace unos 10.000 años. Pero pocos parecen interesarse por las fabulosas especies marinas del pasado que habitaron el planeta cuando los actuales continentes estaban apiñados en los bloques Gondwana al sur y Laurasia al norte y estaban rodeados de un lado por un océano llamado Tetis y del otro por el Proto-Pacífico.

Actualmente, los peces son el grupo de vertebrados más diverso que existe. En algún momento surgieron. Fue hace alrededor de 150 millones de años, durante el Jurásico, cuando hubo una explosión de vida: fue un momento crucial de diversificación y origen gradual de muchos de los grandes grupos actuales que dominan los mares y ríos.

En Argentina, las principales localidades jurásicas portadoras de peces marinos se encuentran en las provincias de Mendoza y Neuquén, en sedimentos de la Formación Vaca Muerta, la mayor cuenca productora de hidrocarburos de Suramérica austral.

Soledad Gouiric Cavalli en Cuenca Neuquina, uno de los sitios en Argentina con mayor cantidad de fósiles de peces marinos jurásicos. Crédito: Soledad Gouiric Cavalli

Por aquella época, esta zona perteneciente a la Cuenca Neuquina era un mar. Las temperaturas rondaban los 27 grados Celsius. “El yacimiento es excepcional y de una diversidad única —dice la paleoictióloga—. Los ejemplares están desarticulados pero casi completos. Hay animales preservados en tres dimensiones. En algunos casos se ha preservado tanto la musculatura de los peces como la coloración de las escamas. Es como tener un fondo oceánico congelado. O, mejor, una foto de hace millones de años”.

Eso se debe a que el proceso de sedimentación fue muy rápido. No hubo carroñeros ni descomposición de los organismos. Según Gouiric Cavalli, con estos datos se puede saber cómo lucían estos peces al igual que inferir cómo vivían y qué comían. “Los bichos que he encontrado y más me han gustado son, por ejemplo, los paquicormiformes, pertenecientes a un grupo extinto y que se parecían a los peces vela o los peces espada actuales —detalla—. Hay de mediano tamaño, unos cinco metros, a gigantescos de hasta 16 metros, filtradores similares a los tiburones ballenas y que comían plancton. Otros peces preciosos son los aspidorhynchiformes, parecidos a los peces aguja, pero grandes. Me parece maravilloso que estos animales hayan vivido en el mar. Trato de imaginar cómo nadaban”.

Su tamaño dependía de la disponibilidad de alimentos y de las temperaturas. En el Cretácico Superior, hace más de 70 millones de años, al parecer hubo un cambio climático muy pronunciado en los océanos que hizo que el alimento decreciera. “Muchos animales no tuvieron más qué comer y se extinguieron”, cuenta la investigadora. La mayoría de los especímenes hallados aún no han sido descritos.

Una caja de sorpresas en la Antártida

Históricamente, la mayor parte de los estudios sobre peces prehistóricos fueron llevados a cabo en el hemisferio norte. De ahí la importancia del trabajo de esta investigadora argentina. “Lo que se sabe es que el hemisferio norte y el hemisferio sur por entonces estaban conectados a través de dos corredores marinos —explica Gouiric Cavalli—. El Proto-Pacífico habría estado en contacto con el Tetis europeo a través del corredor Hispánico. Los extintos plesiosaurios migraron a través de la zona que hoy es Cuba. El corredor de Mozambique, en cambio, conectaba la Cuenca Neuquina con el Tetis a través de la Antártida”.

Por eso muchas de las especies halladas en Neuquén también se encuentran en Alemania y Francia. Y por eso también Soledad Gouiric Cavalli participó en enero de 2016 de la primera campaña paleontológica argentina en el Continente Blanco.

 “A 115 km al sur de Base Marambio, en plena península, cerca del Cabo Longing, afloran sedimentos jurásicos —cuenta—. Fue difícil llegar debido a las condiciones climáticas. Junto a personal de logística y un especialista en reptiles prehistóricos, nos trasladamos desde la estación científica con helicópteros MI-17 de la Fuerza Aérea”.

El campamento de Cabo Longing, en Antártida. Crédito: Soledad Gouiric Cavalli

La científica no sabía muy bien qué iba a encontrar. Solo contaba con datos suministrados por geólogos que anteriormente habían visitado la región y creían haber visto en la superficie descongelada fósiles de lo que parecían ser peces. “Llegamos en medio de la nada, nos sentamos en los cajones a tomar unos mates —recuerda—. Y cuando empezamos a armar las carpas, me agaché y encontré una laja con escamas. No lo podía creer. Fue una gran emoción”.

Luego de caminar horas mirando detenidamente el suelo en aquel rincón desoladamente frío del planeta, golpeado por los vientos y donde el silencio es solo interrumpido por el crujido de los témpanos, Soledad Gouiric Cavalli encontró restos fosilizados de cráneos y peces completos, algunos parecidos a los atunes o peces vela. “Es probable que muchos de estos peces sean especies nuevas”, dice la científica a quien ahora le interesa saber si por el corredor de Mozambique muchos organismos que se originaron en el sur migraron hacia el norte. Tendrá material de sobra con qué estudiar: esta “pescadora jurásica” regresó con nueve cajones de 45 kilos de lajas y fósiles cada uno.

“Nos preocupamos por viajar al espacio y a otros planetas pese a que no conocemos prácticamente nada del fondo marino y de su historia —dice—. La Antártida es una caja de sorpresas. Las condiciones que se dieron ahí no se dieron en otros lugares en el mundo. Nos queda aún mucho por descubrir”.

En este vídeo Soledad Gouiric-Cavalli comparte imágenes de la Campaña Antártica Argentina de 2016.