Organizaciones preocupadas por el cambio climático llevan tiempo estableciendo conexiones entre las industrias tabacaleras y petroleras, argumentando que ambas han buscado minimizar los daños a la salud pública de sus productos para seguir operando sin restricciones.

Algunas de ellas han pedido a los reguladores federales que procesen a las compañías petroleras por el cargo de crimen organizado, como ocurrió en 1999 cuando el Departamento de Justicia interpuso cargos contra Philip Morris y otras marcas de tabaco.
Las petroleras odian estas comparaciones, pero nuevas investigaciones revelan que la colaboración entre las dos industrias lleva existiendo desde la década de 1950.

Documentos albergados en la Universidad de California, en San Francisco, y analizados en los últimos meses por el Centro Internacional de Ley Medioambiental (CIEL, por sus siglas en inglés), un grupo activista con sede en Washignton D.C., indican que las industrias petroleras y tabacaleras han estado relacionadas durante décadas. Los archivos en los que el CIEL basa su investigación son públicos desde hace años.

El autor de uno de los memorándums, cuya identidad es desconocida, y quien en el pasado trabajó para Standard Oil Co. Inc de Nueva Jersey, sugiere en él nombres de científicos para que formen parte de un comité de asesoramiento que estudie los efectos del tabaco en la salud.

“Debajo propongo los nombres de individuos que podrían ser considerados como potenciales miembros del Comité Médico Asesor para la industria tabacalera, en relación con el problema médico actual”, la persona escribió en una nota dirigida a un consejo de investigación sobre el tabaco en relación a la evidencia de que fumar causa problemas de salud.

Ambas industrias empezaron a contratar en 1956 a Hill & Knowlton Inc., una influyente firma de publicidad neoyorquina, para que se encargará de sus relaciones públicas.

Y Theodor Sterling, un profesor de matemáticas conocido por sus investigaciones sobre el fumado que eran favorables para la industria tabacalera –y al que Philip Morris le pagó mas de $200,000 por su trabajo en la década de 1990– también llevó a cabo estudios sobre la gasolina con plomo para Ethyl Corp. en 1962. Ethyl era un proyecto conjunto entre General Motors Corp. y Standard Oil.

“A partir de la década de 1950 hacia adelante, las industrias petroleras y tabacaleras usaron no solo las mismas empresas de relaciones públicas y los mismos grupos de investigación, sino también los mismos investigadores,” dijo Carroll Muffett ,el presidente de CIEL, en un comunicado.
“Una y otra vez encontramos que tanto las empresas de relaciones públicas y los investigadores, trabajaron primero para las petroleras y luego para las tabacaleras,” dijo. “Era como un pedigrí que las empresas tabacaleras reconocían y buscaban”, añadió.

CIEL informó a ClimateWire sobre la existencia de los documentos de las tabacaleras y ha estado investigando durante años en torno a qué tanto la industria petrolera sabía sobre el cambio climático y qué hacía en respuesta a ello.

CIEL ha empezado a estudiar los documentos de las tabacaleras recientemente, como parte de un proyecto de investigación que compara las industrias tabacaleras con las petroleras, un proyecto que ha sido bautizado “Humo y Gases”.

Estas nuevas investigaciones del grupo son parte de la creciente evidencia que indica que las empresas petroleras han sabido del cambio climático desde hace décadas. También son parte de un esfuerzo de varios grupos medioambientales para hacer una acusación contra empresas de energías fósiles por mentir durante años sobre los riesgos del cambio climático a nivel global, siguiendo la pauta de las empresas tabacaleras, que escondieron la conexión entre el cáncer y el tabaco.

La semana pasada el presidente del comité de Ciencia, Espacio y Tecnología en la Cámara de Representantes de EE. UU., el republicano Lamar Smith, de Texas, citó a varios grupos medioambientales y a los fiscales generales de Nueva York y Massachusetts, quienes están investigando si Exxon Mobil Corp. engañó tanto a investigadores como al público en general en cuanto al peligro que el cambio climático representa. (ClimateWire, Jul. 14)

Smith y otros miembros del comité mantienen que los fiscales y los grupos medioambientales conspiraron en sus investigaciones y argumentan que dichas investigaciones violan las protecciones que la Primera Enmienda otorga en cuanto a la libertad de expresión.

LA CONEXIÓN CON EL CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE STANFORD

Otra de las conexiones entre las industrias petroleras y tabacaleras, dice el CIEL, es el Centro de Investigación de Stanford, que ahora es conocido como SRI International, ya que se separó de la Universidad de Stanford en 1970.

Fundado en 1946, SRI estudió los gases tóxicos y la contaminación en general y recibió fondos de las industrias tabacaleras y petroleras.

Los científicos del SRI también generaron investigaciones sobre el cambio climático para el Instituto Petrolero Americano (API, por sus siglas en inglés) en las décadas de 1960 y 1970.

Voceros de Chevron Corp., Exxon Mobil and Royal Dutch Shell PLC dijeron que nunca habían oído sobre el Centro de Investigación de Stanford y declinaron la oportunidad de ofrecer declaraciones. Un vocero de API no contestó a nuestra solicitud de comentarios.

En un blog,  la Asociación Independiente del Petróleo de EE. UU. calificó la liberación de los documentos como una “acción desesperada” y la última movida en un intento coordinado de dañar la industria de los combustibles fósiles.

En 1968, en un informe preparado por API en la ciudad de Nueva York, los científicos de SRI Elmer Robinson y R.C. Robbins reconocían que existía incertidumbre en cuanto a la relación entre las emisiones de carbono y el aumento de la temperatura, pero concluían que el dióxido de carbono es la causa más probable del “efecto invernadero”.

“Si la temperatura de la Tierra aumenta significativamente, se podría esperar que varios eventos ocurran; tales como el derretimiento de las capa de hielo en la Antártica, el aumento del nivel del mar, el calentamiento de los océanos y el incremento en la fotosíntesis,” escribieron.

Robinson le dio seguimiento al tema en un estudio fechado en 1971 que fue encargado por API.

“Si fuera a haber un incremento significativo a largo plazo en el nivel de contaminación de la atmósfera tanto de partículas como de dióxido de carbono, el daño potencial al medio ambiente global podria ser severo,” dijo.

“Incluso si esa posibilidad fuera remota la preocupación sería justificada,” añadió Robinson, uno de los primeros científicos en conectar a los combustibles fósiles con el calentamiento global. Él falleció este año, a los 91 años de edad.

Los documentos muestran cómo las empresas petroleras analizaron la toxicidad de los cigarrillos en la década de 1950, y algunas como Exxon y Shell patentaron filtros para cigarrillos durante varias décadas. También indican que las empresas tabaqueras pidieron ayuda al SRI para crear pequeños kits de análisis del tamaño de maletas para medir el humo.

EL COMITÉ DE HUMO Y GASES

La API estableció un grupo para estudiar la contaminación de la industria petrolera en 1946 que fue bautizado como el Comité de Humos y Gases.

Preocupados tanto por las regulaciones gubernamentales para recortar la contaminación de las refinerías y otras operaciones dentro de su cadena de suministro, como por la preocupación pública por el “smog” en ciudades como Los Ángeles, los funcionarios de las petroleras que pertenecen a API ofrecían teorías sobre la causa de la contaminación atmosférica.

"Lo peor que puede pasar, en muchos casos, es el paso apresurado de una ley o varias leyes para controlar una puntual situación de contaminación atmosférica", dijo Vance Jenkins, secretario ejecutivo del Comité de Humos y Gases, refiriéndose a la contaminación atmosférica en un artículo que fue publicado en 1954 en una publicación de negocios.

Las entidades corporativas que precedieron a Chevron, Exxon y Royal Dutch Shell fueron parte del Comité de Humos y Gases a través de antiguas empresas filiales que a menudo eran también unidades del imperio corporativo que fue Standard Oil.

Mientras que los documentos muestran que API ya conocía los riesgos potenciales del cambio climático en 1968 y había formado comités para examinar la contaminación atmosférica en la década de 1940, el CEO de Exxon, Lee Raymond, dijo en noviembre de 1996 que la ciencia del cambio climático estaba en duda.

"La evidencia científica no es concluyente respecto a si las actividades humanas afectan el clima global", dijo Raymond en conferencia de prensa.

Los documentos que hoy están en la Universidad de California fueron almacenados allí a partir de 2002, después del litigio al que se enfrentó la industria del tabaco. Las menciones de Hill & Knowlton abundan.

Un memorándum interno de la empresa que data de 1954 describe un folleto que los empleados distribuyeron a médicos a nivel nacional sobre la "teoría del cáncer de cigarrillos de pulmón". También muestran que el fundador de la compañía John Hill, así como sus colegas Bert Goss, Richard Darrow y otros, participaron en reuniones de un panel de la industria tabacalera, el Comité de Investigación de la Industria del Tabaco.

Hill también aparece en las actas de reuniones de la Asociación de Productores de Químicos, un grupo de interés que representaba a las empresas químicas; mientras que un folleto de 1963 indica que Goss, presidente de Hill & Knowlton en ese entonces, fue el presentador de un evento ese noviembre sobre el futuro de las relaciones públicas.

Un ejecutivo de Socony Mobil Oil Co. Inc., un predecesor de Mobil Oil, fue el coordinador de dicha charla, que tuvo lugar en la New School de Nueva York.

Tomado de Climatewire con el permiso de Environment & Energy Publishing, LLC.  www.eenews.net, 202-628-6500. Vea aquí la historia original.