En un lugar del helado cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, el módulo robótico de aterrizaje Philae comenzó una solitaria y silenciosa vigilia. Después de que se posara torpemente y rebotara en la superficie del cometa el 12 de noviembre de 2014, Philae funcionó durante menos de tres días —la duración planificada de su misión original— antes de quedarse sin energía y comenzar a hibernar. A medida que el cometa se acercó al sol en 2015 y la nave que funciona a energía solar logró calentarse y recargar sus baterías, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) restableció contacto el 13 de junio, pero los mensajes eran esporádicos y la nave quedó en silencio el 9 de julio. Después de incansables intentos para recuperar el contacto con la primera nave espacial en aterrizar sobre un cometa, la ESA terminará oficialmente la misión de Philae esta semana. Rosetta, la sonda que llevó a Philae al cometa, aún está en órbita alrededor del cuerpo celeste y continuará recolectando datos.

Perder el contacto con una nave espacial, ya sea un módulo de aterrizaje que se quedó sin energía o un orbitador que fue estrellado intencionalmente, siempre es agridulce —y también previsible— para los seres humanos que construyeron y operaron el equipo. “Si planifica su misión, es consciente de que solo tiene determinado tiempo para recoger los datos”, dice Stephan Ulamec, director del programa Philae para la misión Rosetta.

Philae ha tenido una vida difícil sobre el cometa 67P. Para un aterrizador como Philae el equipo de ingenieros hizo mucha planificación. A diferencia de módulos de aterrizaje con destino a Marte o a la Luna, Ulamec y su equipo no sabían de antemano cómo sería el lugar de aterrizaje del robot y conocían muy poco acerca del cometa en sí mismo, porque ninguna nave espacial lo había fotografiado de cerca antes. Los diseñadores de la misión tuvieron que esperar hasta que la sonda Rosetta llegara al cometa y pudiera enviar imágenes de la superficie para comenzar, rápidamente, a seleccionar un buen lugar de aterrizaje. Debido a estas limitaciones, en lugar de diseñar el módulo de aterrizaje para un terreno en particular, los expertos tuvieron que acondicionarlo con herramientas redundantes y hacerlo lo suficientemente flexible como para funcionar en una variedad de posibles topografías.

Tumba espacial
Restos de extintas naves espaciales ensucian el sistema solar luego de décadas de misiones desaparecidas. Algunas de ellas son módulos de aterrizaje e impactadores que estudiaron la superficie de nuestros vecinos astronómicos y, finalmente, perdieron contacto con la Tierra. Otros son orbitadores enviados a varios cuerpos celestes que intencionalmente se sacaron de la órbita y se estrellaron después de que completaron sus misiones. Aquí mostramos los lugares de descanso final de una selección de estas naves espaciales muertas o intencionalmente finalizadas.
Gráfico de Amanda Montañez

Estas redundancias fueron vitales cuando el rebote inicial de Philae sobre la superficie del cometa 67P/C–G llevó al módulo a aterrizar en una región inhóspita llamada Abydos. Sin luz del sol, el panel solar de Philae no podía recolectar suficiente luz para mantener el equipo trabajando. Así fue capaz de usar su batería de reserva para funcionar durante unos días, en los cuales tomó mediciones de la composición del cometa, la firmeza de la superficie y las propiedades magnéticas, y al mismo tiempo tomó fotos y escaneó las propiedades internas del cometa. De hecho, fue capaz de completar casi 80 por ciento de sus objetivos científicos originales en su corta vida operativa.

Si Philae hubiera sido capaz de anclarse a su lugar de aterrizaje rápidamente seleccionado, podría haber estado en contacto con la Tierra durante meses, no días. Pero desafortunadamente, no fue capaz de fijarse a la superficie del cometa en su contacto inicial. Una combinación de arpones y propulsores acoplados al módulo de aterrizaje que fueron diseñados para anclarse al terreno fallaron; y los tornillos para hielo destinados a perforar en material blando no pudieron penetrar la dura superficie. Debido a la muy baja gravedad del cometa, después de aterrizar rebotó hacia un sitio menos favorable, y se cree que terminó a la sombra, por lo que no pudo utilizar sus paneles solares para recargar las baterías.

Casualmente, el rebote ayudó a revelar algunos detalles sobre la superficie del cometa, que en un primer momento se esperaba que fuera relativamente blanda. “Muchas personas nos advertían que íbamos a hundirnos en la superficie, como cuando tiras una piedra en nieve recién caída”, dice Ulamec. En cambio, el hecho de que Philae haya rebotó demostró, sorprendentemente, que la superficie del cometa era dura.

Perder contacto con la sonda no decepciona a Ulamec, considerando lo difícil que era la misión y la cantidad de datos que Philae logró reunir a pesar de sus dificultades. “Lo que fue un poco decepcionante fue retomar contacto el verano pasado y sentir que había una posibilidad real de obtener datos adicionales”, dice Ulamec. Pero decir adiós a Philae siempre fue el plan. “El hecho de que tengamos una vida útil limitada es algo que define a estas misiones”. 

Muchas veces esa vida útil limitada es más larga de lo que se preveía. El rover Opportunity de la NASA, por ejemplo, ha explorado la superficie de Marte durante los últimos 12 años aunque se esperaba, de modo conservador, que su expectativa de vida fuera de 90 días. “El conejito de Energizer no hubiera durado ni un día en Marte, pero este rover duró más de 4.000 días y sigue funcionando”, dice John Callas, director del proyecto Mars Exploraton Rover (MER) para los robots Spirit y Opportunity. “Esto es como si tu abuela de 95 años jugara un duro partido de tenis cada día”.

El gemelo de Opportunity, Spirit, también tuvo una larga vida en comparación con Philae, pero su desaparición definitiva ocurrió por razones similares. Después de seis años, Spirit quedó tapado de arena y no pudo dirigir sus paneles hacia el sol y recolectar suficiente energía para encender sus calentadores y sobrevivir al invierno marciano.

Después de décadas de sondas lanzadas al espacio en nombre de la NASA, la ESA y otras agencias espaciales internacionales, ahora varias naves extintas salpican el sistema solar, ya sea en órbita, a la deriva, o descansando sobre la superficie de planetas, asteroides, cometas y lunas. “Estos vehículos son nuestros representantes de la exploración. Los pusimos en esos ambientes hostiles y los enviamos a estos viajes sin retorno. No los estamos trayendo de regreso a casa”, dice Callas. Estos vehículos robóticos profundizan nuestra comprensión del sistema solar al ir donde los seres humanos no pueden. Aunque siempre es triste decir adiós, lo que descubrieron perdura e impulsa misiones futuras.

Mientras tanto, la sonda Rosetta aún es fuerte y eventualmente entrará en una órbita baja del cometa a finales de este año. En ese punto debería ser capaz de obtener una imagen del módulo de aterrizaje sobre el cometa. Así que, aunque es posible que no podamos comunicarnos con Philae, esto probablemente no sea lo último que veremos del explorador robótico.