Más de 40.000 muertes en Estados Unidos el año pasado fueron consecuencia de suicidios, una tasa que ha aumentado más de un 20% en los últimos 10 años. Y por cada suicidio hay otros 25 intentos. Estas estadísticas sugieren una cosa: que las intervenciones actuales no están funcionando y que se necesitan nuevos métodos para evitar que la gente termine con sus propias vidas. Pero ¿por dónde empezar? Michael Nadorff, psicólogo de la Universidad Estatal de Mississippi, dice que uno de los factores de riesgo tratables ha estado escondido en la oscuridad: las pesadillas.

En los últimos cinco años, las investigaciones de Nadorff han demostrado que las pesadillas están asociadas con un mayor riesgo de suicidio – y que entre los individuos con tendencias suicidas, tratar las pesadillas podría ser un enfoque innovador para prevenir los suicidios–.

En términos científicos el riesgo de suicidio se mide por tres elementos: pensamientos de suicidio, conductas suicidas y la probabilidad con la que una persona cree que va a fallecer como resultado de un suicidio. En un estudio de 2011 publicado en la revista Sleep, Nadorff y sus colegas evaluaron el riesgo de suicidio en 583 estudiantes universitarios y luego examinaron cómo síntomas como la ansiedad, la depresión y las pesadillas estaban relacionados con ese riesgo. Lo que se encontró fue simple: cuanto más severos son los síntomas, mayor es el riesgo de suicidio. Sin embargo, al mirar más de cerca el efecto de las pesadillas encontraron que el tener malos sueños es un mejor indicador del riesgo de suicidio que cualquiera de los otros factores.

“Lo que me sorprendió en aquel momento no era solo que las pesadillas estuviesen asociadas con el suicidio, sino que la relación continuaba incluso después de que controlamos por la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático”, dice Nadorff. “Por lo tanto, aquí vemos algunos de los mayores factores de riesgo en este campo según lo que piensa o evalúa la gente, pero las pesadillas añaden algo que los otros (factores) no están captando”.

Nadorff explicó estos hallazgos en un estudio publicado en Suicide and Life-Threatening Behavior en 2013 en el que mostró que la duración real (en meses o años) en la que una persona experimente pesadillas es importante. En otras palabras, cuanto más tiempo tenga uno pesadillas, mayor será el riesgo de suicidio. En 2014, en un artículo publicado en el Journal of Affective Disorders, Nadorff empezó a analizar la forma en la que las pesadillas se relacionan con el número de intentos de suicidio. El quería ver, de nuevo, cómo todos los diferentes factores de riesgo intervienen. Si alguien ya ha intentado suicidarse, ¿qué factores separan a los que se detienen en un solo intento de los que van a intentarlo de nuevo? “La depresión no es así, la ansiedad tampoco, ninguno de estos factores de riesgo comunes son el factor que hace la diferencia”, apunta Nadorff. Pero las pesadillas cuadriplican el riesgo de volver a intentar suicidarse.

Otros investigadores han encontrado resultados similares en otros países. El Estudio Nacional FINRISK consiste en una serie de encuestas de salud de la población adulta de Finlandia que se han llevado a cabo cada lustro entre 1972 y 2012, con un total de 76.071 encuestados. Investigadores de la Universidad de Turku analizaron los datos de este gran estudio poblacional y encontraron que tener pesadillas frecuentes duplica el riesgo de muerte por suicidio, de acuerdo a la información obtenida por el registro nacional de fallecimientos en Finlandia. Un estudio longitudinal publicado en Psychiatry Research y realizado por la Universidad de Gotemburgo en Suecia encontró que, en una muestra de individuos que habían intentado suicidarse, aquellos que sufrían de pesadillas tenían un mayor riesgo de volver a intentar suicidarse en los dos años siguientes. Por último, en 2012, un meta-análisis de 14 estudios publicados en la revista Journal of Clinical Psychiatry concluyó que aquellos que sufren de pesadillas son 2,61 veces más propensos a exhibir comportamientos suicidas que los individuos que no tienen pesadillas.

¿Por qué? ¿Por qué tener pesadillas puede provocar un comportamiento suicida?

La primera cosa a tener en cuenta es el contexto situacional de tener una pesadilla. El despertar de un mal sueño es una experiencia abrumadora y desconcertante. Uno es sacudido del sueño por imágenes perturbadoras para encontrarse acostado solo en la oscuridad con un corazón palpitando rápidamente. Tal vez soñó con una ex-esposa que le engañaba, la muerte reciente de un ser querido o la pérdida de su trabajo. Ahora se encuentra atrapado en este estado de ansiedad e incapaz de volverse a dormir, preocupado por problemas emocionales que probablemente preferiría evitar.

“Usted no tiene el mismo de apoyo que tenía durante el día, por lo que tiene menos barreras” para actuar siguiendo los pensamientos suicidas, explica Nadorff. En este sentido, una pesadilla puede empujar hacia el borde a aquellos que están considerando el suicidio.

De hecho, en un estudio de 2014 publicado en Sleep y realizado en la Universidad de Pensilvania, los investigadores encontraron evidencia de que es más probable que un suicidio ocurra en la noche, especialmente entre la medianoche y las 6 a. m. Para el estudio, se obtuvieron tiempos estimados de más de 35.000 suicidios del National Violent Death Reporting System. Cuando tomamos en cuenta la proporción de la población despierta en cada hora, la tasa de suicidios por hora alcanzó el 16% entre las 2 a. m. y 3 a.m., y luego se redujo a 2% entre las 6 a. m. y la medianoche. En un artículo publicado en Sleep Medicine Reviews en el 2016, los mismos investigadores proponen que tan solo estar despierto en la noche aumenta el riesgo de suicidio, y concluyen que los tratamientos para las pesadillas y el insomnio deben ser incorporados en los programas de prevención del suicidio.

Por desgracia, la mayoría de los profesionales de la salud no preguntan a los pacientes acerca de las pesadillas y es poco probable que la mayoría de los enfermos informen sobre ellas. De hecho, en un reciente artículo publicado en 2015, Nadorff y sus colegas examinaron este problema. “Todo el tiempo le pregunto a los médicos que estudian el suicidio si cuando se hace una evaluación del riesgo preguntan alguna vez acerca de las pesadillas. Y nadie lo hace. Nadie lo hace”.

Afortunadamente, existen tratamientos sencillos, rápidos y eficaces para las pesadillas, de los que el más común es la Terapia de Ensayo en Imaginación (IRT, por sus siglas en inglés), que se enfoca en la modificación de la pesadilla a través de visualizarla durante la vigilia. El primer paso es imaginar la pesadilla y escribirla, para luego volver a escribir la historia con un final más deseable. Luego esta versión con “final feliz” de la pesadilla se visualiza y es ensayada por 10 a 20 minutos durante el día. La terapia es bien tolerada por los pacientes y reduce significativamente la frecuencia y la gravedad de las pesadillas a largo plazo, indica la investigación.

Una de las ventajas de la terapia para pesadillas es que para los pacientes puede ser más fácil hablar de malos sueños en lugar de centrarse siempre en la depresión o los pensamientos suicidas. “La gente parece disfrutar con esto”, dice Nadorff, añadiendo, “es uno de mis tratamientos favoritos”. La IRT también beneficia a los síntomas asociados con las tendencias suicidas en la vigilia. “Si tratas las pesadillas, la depresión mejora, la ansiedad mejora, por lo que todas estas cosas sobre las que nos tenemos que preocupar van mejorando de todas formas”.

¿La mejor parte? Esta sencilla terapia puede ser eficaz en el tratamiento de las pesadillas después de tan solo una a tres sesiones. Aunque es necesario realizar más trabajos longitudinales para evaluar este enfoque, el tratamiento de las pesadillas con IRT puede ser un tratamiento adicional ideal para las tendencias suicidas, especialmente en aquellos que ya lo han intentado alguna vez.