KINSHASA, República Democrática del Congo – En la puerta del albergue de solo una habitación para pacientes con fiebre amarilla en el centro de Kinshasa, una madre lleva a su hija Julia sobre los hombres. Poco después, un enfermero dirige a madre e hija hacia la última cama vacante e inserta una vía intravenosa en la muñeca de la niña. Sus ojos de color amarillo limón miran perdidamente hacia adelante, Julia no se inmuta cuando la aguja perfora su piel. Podría parecer que está a la espera de un masaje de manos o una manicura.

En la cama de al lado, Elohim, de 12 años de edad, tiene una rodilla levantada como si fuera el poste de una tienda de campaña. Las palmas de sus manos y la piel bajo sus uñas son de color amarillo a causa de la ictericia. Su mirada se arrastra hasta el tubito con fluido que se enrolla alrededor de la mosquitera de su cama hasta la bolsa intravenosa, mientras mira como se vacía.

“Caso sospechoso”, dice en francés Paul Djonga, un enfermero de 50 años mientras apunta con su pulgar por encima del hombro hacia la cabecera de la cama en la que está el niño. “¿Sospechoso?”, pregunto, sabiendo que el diagnóstico podría ser confirmado fácilmente con una prueba de laboratorio. Djonga asiente con la cabeza. “Todos son solamente ‘sospechosos’”, dice. No se han hecho los análisis de sangre necesarios para verificar el diagnóstico.

La falta de confirmación no importa mucho en el caso de Julia, Elohim o cualquiera de los otros pacientes en esta sala. Los trabajadores de salud dan a los pacientes fluidos, oxígeno y los tratamientos normales para ayudarlos a seguir adelante hasta que sus sistemas inmunológicos venzan al virus –o hasta que se mueran–. Sin embargo, la falta de diagnósticos tiene implicaciones preocupantes para el resto del mundo. Significan que el brote de fiebre amarilla que comenzó a expandirse a través de Angola en diciembre de 2015 y luego se extendió a la vecina República Democrática del Congo (RDC) a principios de este año está lejos de ser controlado como debería, ocho meses después que empezara.

De hecho, la fiebre amarilla podría estar a punto de saltar fuera de África central para extenderse en Asia, que nunca ha sufrido un brote importante. La ruta más probable de transmisión: cualquiera de los miles de expatriados chinos no vacunados que están construyendo carreteras, presas y otros grandes proyectos en la región. Las autoridades sanitarias ya saben de al menos una docena de trabajadores que regresaron a China a principios de año contagiados con fiebre amarilla. ¿Cuántos más trabajadores infectados podrían haber escapado los controles de las autoridades, y las cuarentenas, permitiendo que este virus transmitido por mosquitos gane una plataforma perfecta para extenderse en una nueva parte del mundo?

La Organización Mundial de la Salud se apura para alcanzar y hacer frente al reto, planeando enviar millones de vacunas más, suministros adicionales e incluso un laboratorio móvil para analizar muestras en lugares remotos de la RDC. Pero no hay garantías de que el equipo extra, incluso si llega rápidamente, pueda detener la propagación de la fiebre amarilla antes del inicio de la temporada de lluvias en octubre. Mi viaje para reportear desde la República Democrática del Congo en julio reveló lo caótica que ha sido la respuesta hasta la fecha.

 

DIRECCIÓN EQUIVOCADA

Debido a que no hay suficientes vacunas contra la fiebre amarilla para proteger a todo el país, y mucho menos el mundo, los funcionarios de salud de la RDC deben ser selectivos en sus esfuerzos para detener la propagación del virus. Su plan es detener la transmisión vacunando a todos los que viven cerca de un paciente, fumigando  contra los mosquitos que transmiten la fiebre amarilla y drenando las piscinas de agua estancada donde los insectos ponen sus huevos. Por lo tanto, los trabajadores del Ministerio de Salud y otros grupos necesitan que los laboratorios confirmen los casos de fiebre amarilla para decidir a quién vacunar y dónde fumigar.

Todos los funcionarios de salud con los que hablé en Kinshasa durante mi reciente visita me dieron la misma respuesta con entusiasmo: “¡No hemos visto ningún caso de transmisión local en meses!” Esa era una buena noticia, pero contradecía lo que había visto en el hospital. Si los médicos no están haciendo pruebas de laboratorio para confirmar si los pacientes tenían la enfermedad, entonces, ¿cómo pueden estar seguros de que la amenaza que presenta la fiebre amarilla ya ha pasado?

Una visita al Instituto Nacional de Investigación Biomédica (INRB), el laboratorio del gobierno que realiza las pruebas de diagnóstico de la fiebre amarilla, puso en relieve la verdad. Cuando dije que quería ver como era el procesamiento de pruebas, Steve Ahuka, jefe del departamento de virología del instituto, vaciló. Nadie estaba estudiando muestras de sangre de posibles pacientes de fiebre amarilla ese día, dijo. Pregunté si alguien lo haría el día después. Ahuka frunció el ceño. “¿Cuándo fue la última vez que se analizaron muestras de fiebre amarilla?”, pregunté.

Ahuka no podía recordar la fecha exacta. “¿Tal vez fue el 17 de junio?”

Había pasado al menos un mes desde la última vez que se hizo una prueba de diagnóstico de fiebre amarilla en la RDC. Me enteré de que el INRB se había quedado sin el reactivo químico necesario para realizar la prueba; los técnicos no habían notado que se les estaba acabando hasta que se quedaron sin él. La OMS realizó un envío urgente de más reactivos al laboratorio, pero Ahuka murmuró algo sobre “tal vez un problema con el envío de DHL”, y algo acerca del exceso de regulación de los suministros porque habían sido confundidos con muestras biológicas. Para ese entonces, aún nada había llegado.

La visita no reveló una falta de nuevos casos de fiebre amarilla,; en su lugar, dejó en evidencia la ausencia de diagnósticos oficiales. El 15 de julio, la OMS anunció un aumento del 38 por ciento en el número de casos sospechosos en tan solo tres semanas. Ahuka dijo que esperaba que los reactivos para pruebas de laboratorio llegarían al día siguiente, pero en tres visitas al INRB, en el transcurso de ocho días, nunca vi a nadie trabajando en los cubículos de pruebas para la fiebre amarilla.

“Es un gran problema cuando el INRB no sabe si hay nuevos casos o donde están ocurriendo”, dice Guylain Kaya Mutenda Sheria, director adjunto del Programme Élargi de Vaccination, una rama del Ministerio de Salud que supervisa la vacunación dirigida por el gobierno. “En cierto modo, es como si apagaran las luces”. Sheria habló sobre su frustración con los retrasos de la prueba intergubernamental tan solo después de mucha insistencia: “Necesitamos que la luz esté encendida para poder ver. Si las luces están rotas y está oscuro, no hay manera alguna de ver dónde están los problemas. Mientras no nos dan respuestas, no podremos ir a las zonas (para vacunar y prevenir la propagación). No nos movemos cuando estamos en la oscuridad”.

Muchos especulan que la falta de casos confirmados está disminuyendo la sensación de urgencia. La vacunación alrededor de casos confirmados de transmisión locales en Kinshasa y la provincia central de Congo terminó en mayo, aunque hubo un esfuerzo menor de vacunación a mediados de julio. Médicos sin Fronteras (MSF) ha llevado a cabo un par de rondas pequeñas de control de vectores en Kinshasa en el último mes. Pero hasta que se lleven a cabo las pruebas de laboratorio de diagnóstico, no hay forma de saber si estos esfuerzos han sido eficaces, si deben ser ampliados o quizás dirigidos a otros lugares. “Este es un problema de mala gestión de los suministros”, dice Bruce Aylward, directora ejecutiva interina de la unidad de epidemias y emergencias de salud de la OMS. “Puede que haya transmisión en la RDC que no está siendo confirmada porque se quedaron sin los reactivos. Es un problema manejable … Deberían de poder resolverlo rápido”.

Por desgracia, la falta de preparación en la lucha contra la fiebre amarilla no es nueva. Gracias a los éxitos de la campaña de vacunación en la década de 1940, la fiebre amarilla salió del radar del mundo durante medio siglo y se relajaron los esfuerzos por combatirla. Hoy en día, solo cuatro fábricas producen vacunas contra la fiebre amarilla en todo el mundo, y una está a punto de cerrar por reformas. La técnica para producir la vacuna data de 80 años atrás, es de bajo desarrollo tecnológico y es difícil de escalar ya que se requieren embriones de grupos específicos de gallinas libres de patógenos y una cadena de producción de trabajadores que inyectan, incuban y mezclan todo manualmente. Encima, dice Aylward, se tarda más de 18 meses en producir una vacuna desde el día en que la semilla original del virus es plantada hasta que se obtienen los permisos por parte de las agencias reguladoras.

Dentro de estos parámetros, Aylward dice que la actual reserva de vacunas fue concebida solo para respuestas rápidas y brotes focalizados. Para cuando el gobierno de Angola reconoció que había un brote del virus, solicitó las vacunas y se organizó para vacunar, el brote había despegado y se había esparcido. En un intento por alcanzar al virus, han usado 20 millones de dosis en lo que va de año – casi cuatro veces la actual reserva global–. Durante la distribución, al menos un millón de vacunas desaparecieron en Angola y muchas más fueron ineficaces, ya sea porque se refrigeraron de forma inadecuada o porque llegaron sin las jeringas necesarias. Pero Aylward dice que la idea de que hay una “escasez de vacunas” a nivel global es engañosa, ya que da a entender que no hay, y que nunca hubo, vacunas suficientes. “Incluso una respuesta lenta puede funcionar en la mayoría de los lugares. Sin embargo, en las zonas urbanas el virus es bastante implacable”, dice Aylward. “¿Había suficientes vacunas para manejar esta situación? Definitivamente, sí. Fueron utilizadas de forma óptima para lograr el objetivo? Obviamente, no”.

Las agencias de ayuda humanitaria están luchando afanadamente ahora. El 28 de julio la OMS anunció que un laboratorio móvil proveniente de la Unión Europea llegará a la RDC. El laboratorio proporcionará capacidad de hacer pruebas en Kahemba, en la provincia de Kwango, que está demasiado lejos del IRNB como para enviar muestras urgentes.

Las autoridades de la oficina local de la OMS optaron por no hacer comentarios sobre si la clínica móvil intentará ayudar con el retraso que el INRB tiene acumulado con  las muestras de sangre, además de hacer su trabajo lejos de la capital. “El INRB está haciendo un gran trabajo”, dice Eugene Kabambi de la oficina central de la OMS en Kinshasa. “La República Democrática del Congo es uno de los países más grandes de África, con retos logísticos. Tener una clínica móvil será muy útil para respaldar al INRB … para ofrecer apoyo y acelerar los diagnósticos”. El laboratorio móvil está siendo montado y aún no está preparado para unirse a la batalla, dice Kabambi.

Sin embargo, los fabricantes de vacunas no pueden esperar hasta que se resuelva la crisis con los diagnósticos. Debido a que la producción de la vacuna tarda 18 meses, los fabricantes tendrán que acelerar el volumen que ahora está en proceso de producción , y los países tropicales como Brasil tendrán que aportar algunas de las reservas que normalmente mantienen para su propia protección. Existen planes para vacunar a 15,5 millones de personas en ambos países a un costo de $34 millones, lo que no garantizará que la cadena de infección se rompa. En algunos casos los trabajadores de la salud estirarán sus suministros, dando a cada persona alrededor de un quinto de la dosis normal con la esperanza de que sean adecuadamente protegidos, al menos por un año. Sin embargo, hay poca evidencia de que la dosis fragmentada sea eficiente.

En cualquier caso, una nueva campaña de vacunación no puede comenzar al menos hasta finales de agosto, y los expertos coinciden en que debe hacerse antes del inicio de la temporada de lluvias en octubre, porque para ese entonces los mosquitos Aedes aegypti que transmiten la fiebre amarilla encontrarán tapas de botellas llenas de agua y neumáticos viejos donde poder reproducirse. En menos de dos meses las tasas de infección en la región probablemente se disparen.

Y eso podría ocurrir antes fuera de la región. En un mundo de creciente urbanización, alta densidad poblacional y viajes, los riesgos que cada caso representa son enormes. La inversión china en la región significa que un puñado de trabajadores chinos enfermos podrían regresar a Asia, que está infestada con A. Aegypti, y eso podría causar una erupción global. Particularmente preocupante es el sureste de China, donde el dengue es endémico y donde la temporada de dengue, también impulsada por el mosquito Aedes aegypti, ya ha comenzado. Dadas las similitudes entre los virus, los expertos están sorprendidos de que la fiebre amarilla, aparentemente nunca haya asolado Asia. Sin embargo, eso no quiere decir que no lo vaya a hacer. “De hecho, se sabe que la fiebre amarilla se puede propagar por Asia porque ... bueno, que ya lo ha hecho”, dice Jack Woodall, co-fundador del programa de vigilancia de enfermedades emergentes (ProMED) de la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas. Se refiere a los 12 trabajadores chinos no vacunados que regresaron a su país enfermos de fiebre amarilla a principios de este año después de estar en Angola.

Se dice que hay unos 100.000 trabajadores chinos de la construcción y gente de negocios en Angola que en su mayoría no están vacunados y un número desconocido  en la RDC. Un viajero enfermo llegando a China proveniente de cualquiera de estos dos países podría desencadenar la transmisión entre los 100 millones de personas que viven en grandes ciudades chinas. A partir de ahí, la fiebre amarilla podría extenderse a cualquiera de los 100 países donde el dengue es endémico.

“Por lo tanto, debemos estar muy preocupados”, dice Woodall. También advierte que las autoridades sanitarias no deben basarse exclusivamente en los documentos de los viajeros para decidir si están vacunados. Históricamente, falsos documentos de vacunación contra la fiebre amarilla han sido más baratos que la vacuna. Dada la gravedad de la situación, recomienda que las autoridades vacunen a todos los viajeros que vayan o regresen de países con brotes, incluyendo países endémicos en América Latina. “[Al menos], revisen los certificados de vacunación contra la fiebre amarilla internacionales cuidadosamente para asegurarse de que no sean falsos. Si las instalaciones lo permitan, vacunen y pongan en cuarentena a los que carguen documentos sospechosos. De lo contrario, los pueden enviar de vuelta en el próximo vuelo”, dice Woodall. “Pagar el boleto de regreso costará menos que la perturbación económica de (una epidemia global)”.

A pesar de que la OMS se ha negado a considerar este brote como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”, la organización admite que la amenaza de una propagación mundial es desconcertante. “Cuando nos preguntan cuán preocupados estamos, la respuesta es que estamos tratando de vacunar a más de 30 millones de personas este año en dos grandes áreas urbanas de África", dice Aylward, en referencia a las 20 millones de vacunas que ya se han usado este año, y las 15,5 millones que quedan. “Es un acto sin precedentes en la historia reciente de las medidas para controlar la fiebre amarilla. Aquí estamos lidiando con un evento que pudiera tener consecuencias devastadoras”.

Djonga, el enfermero en Kinshasa, percibe el barullo internacional sobre el brote de zika y dice que le parece irónico que el virus se haya hecho tan visible. Zika y la fiebre amarilla están estrechamente relacionados – son transmitidos por el mismo mosquito y se propagan de la misma manera–. Sin embargo, mientras que el zika tiene efectos perjudiciales a largo plazo en adultos y fetos, no es tan mortal como la fiebre amarilla.

En el albergue atiende a una mujer embarazada, ubicada en la cuarta cama a la derecha. Ella dice que tiene miedo de morir, matando al hijo que lleva en su vientre y dejando otros dos hijos atrás, con hambre. Su lengua está hinchada y amarilla y necesita tiempo para pronunciar las palabras. Djonga mueve su cabeza, secándose el sudor de la frente. “Elegí ser enfermero porque tengo compasión y amor por la gente. Eso se vuelve desesperación cuando tengo todos estos pacientes con una enfermedad que se podría haber evitado”.

Djonga desea que las autoridades logren ponerse en marcha antes de que sea demasiado tarde y que el mundo gire el enfoque que tiene sobre el virus del Zika, solo por un momento, para ponerlo sobre su primo, que mata.

-Este reportaje se realizó con el apoyo del Pulitzer Center on Crisis Reporting.