Ah, los caracoles. Son pequeños. Son viscosos. Carecen del carisma de los osos polares o de los gorilas. Y sin embargo, están desapareciendo, al igual que la flora y la fauna alrededor del mundo.

En Hawái, ejemplares de un caracol en crítico peligro de extinción llamado Achatinella fuscobasis están en cautiverio para aprender cómo mantenerlos en vida en la naturaleza. En Alabama, los grupos conservacionistas han solicitado añadir al Leptoxis compacta a la lista de especies amenazadas. En Nueva Zelanda, un caracol conocido solo como Rhytida oconnori se ha encontrado acorralado en un hábitat de solo un kilómetro cuadrado. En Fiji, los científicos han manifestado una "necesidad urgente" de prevenir la posible extinción de los caracoles de árbol que son endémicos de la isla. Probablemente, esa sea la suerte que ya han corrido tres especies de caracoles en Malasia después de que una compañía minera arrasara con sus hábitats –una serie de colinas de piedra caliza–.

Y hasta ahora solo he arañado la superficie. Según mis cálculos, se han publicado cerca de 140 trabajos científicos sobre caracoles en peligro de extinción en lo que va del año.

Todo esto lleva a la pregunta: ¿por qué importa la extinción de un caracol?

Obviamente, la respuesta depende de las diferentes especies, pero podemos hacer generalizaciones. Muchas aves, peces y otras especies dependen de los caracoles como una parte importante de su dieta. La mayoría de las especies de caracoles terrestres consumen hongos y hojarasca, ayudando con la descomposición, y muchos son carnívoros, por lo que ayudan a mantener otras especies bajo control.

Además de eso, ciertamente hay mucho que los caracoles nos pueden enseñar. “Desde un punto de vista práctico, los caracoles tienen algunas características muy interesantes que nos indican que probablemente deberíamos prestarles atención”, dice la investigadora especializada en caracoles Rebecca Rundell, profesora asistente en la Universidad Estatal de Nueva York. Por un lado, sus conchas –que llevan a cuestas toda su vida (ya que morirían sin ellas)– están hechas de carbonato de calcio, lo que proporciona un registro de sus vidas. A diferencia de las cáscaras de vegetales o los exoesqueletos de los insectos, estos depósitos tienden a persistir después de la muerte del caracol, dejando tras de sí una herramienta valiosa para los investigadores. “Podemos mirar en sedimentos marinos y los depósitos de tierra en busca de evidencias de cómo eran las comunidades ecológicas del pasado, y por lo tanto evidencias sobre el cambio ambiental en un área en particular”, dice.

Los caracoles vivos también pueden indicar si algo está mal en el medio ambiente, eso es algo que ya estamos viendo respecto a la acidificación de los océanos. “Los caracoles en el océano forman sus conchas, su protección, exclusivamente a partir de carbonato de calcio y si están teniendo problemas para construirlas, eso significa que el océano está enfrentando grandes dificultades”, dice Rundell.

También nos pueden dar pistas de lo que ocurre en la tierra, ya que los caracoles terrestres a menudo tienen requerimientos típicos de un hábitat restringido. “Ellos necesitan ciertos niveles de humedad, sombra y de materiales en descomposición”, dice Rundell. “Cuando no tienen eso empiezan a morir”. Y eso es solo el comienzo: si diminutos caracoles terrestres comienzan a desaparecer, es importante preguntarse qué podría suceder después. “Eso podría darnos la oportunidad de cambiar de rumbo”, dice, “para detectar cambios sutiles que los seres humanos no podríamos ser capaces de ver hasta que sea demasiado tarde”.

Los caracoles también nos pueden ayudar a responder preguntas más importantes. “El hecho de que muchas especies de caracoles terrestres viven en pequeñas áreas geográficas y de que hay muchas especies, los hace fascinantes para estudiar como evolucionó la vida en la tierra”, dice Rundell, añadiendo que “los científicos realmente se apoyan en grupos como los de los caracoles terrestres de islas del Pacífico para contar la historia de la vida”.

Pero esa oportunidad está en riesgo. “Estamos perdiendo especies de caracoles a un ritmo astronómico”, dice Rundell, “que es equivalente, e incluso superior, a la tasa mundial de pérdida de anfibios”. La mayoría de las especies tienen rangos muy limitados, por lo que son, como dice ella, “particularmente susceptibles a la extinción causada por el hombre”.

Mientras tanto, el número de personas estudiando caracoles es relativamente reducido. “Eso significa que estamos en una gran desventaja, no solo a la hora de documentar la diversidad de caracoles terrestres, especialmente en los trópicos, sino también en cuanto a aprender lo que nos dicen los caracoles acerca de cómo evolucionó la vida en la Tierra”, dice Rundell.

Prevenir la extinción de los caracoles no es tarea fácil. Para empezar, sus hábitats son demasiado fáciles de destruir. Por otra parte, ni siquiera sabemos qué es necesario para mantener la mayoría de las especies de caracoles vivos en cautiverio –eso es porque tienen unas necesidades muy específicas dado que viven en microhábitats–. “Una especie de caracoles puede basar su alimentación en cientos de especies de hongos que son únicos en un bosque en particular”, dice Rundell. “Es muy difícil replicar estas dietas en el laboratorio”. Solo un puñado de esfuerzos para criar caracoles en cautividad ha tenido éxito, y demandan mucha mano de obra y son difíciles de financiar, dice Rundell.

El trabajo que Rundell ha hecho estudiando caracoles en las islas del Pacífico le ha enseñado qué sería necesario para detener la marcha hacia la extinción de los caracoles. “En última instancia, lo más importante para los caracoles terrestres es el elemento humano: que las personas trabajen conjuntamente para proteger lo más especial, precioso e irremplazable de estas islas: sus bosques nativos”, dice. “Esto implica documentar qué hay ahí utilizando una combinación de trabajo de campo y el estudio de especímenes en los museos de historia natural. También implica el aprendizaje de las lecciones que nos proporcionan el desarrollo sin control del pasado, incluyendo la agricultura y la posterior urbanización, especialmente en los bosques tropicales de tierras bajas, y averiguar cómo podemos proteger tantas de las piezas que quedan como sea posible. Esto tendría la ventaja añadida de dejar intactas partes de la cuenca, la protección contra tormentas, además de comida y recursos medicinales del bosque para que las personas puedan sobrevivir en estos lugares”.

Entonces, ¿por qué importa si los caracoles se están extinguiendo? Al igual que todo lo demás, los caracoles son una pieza importante del rompecabezas que hace que el planeta funcione. Son también una manera de ayudar a entender mejor cómo hemos llegado hasta aquí, y tal vez a donde vamos.