¿Recuerda su último viaje a la playa? ¿Quizás la visita a la nueva casa de un amigo? ¿Fue más largo el viaje de ida o el de vuelta? Aunque ambos trayectos miden la misma distancia, algo curioso ocurre cuando pensamos en ellos: los viajes de retorno parecen ser más cortos que los de ida.

¿Por qué ocurre eso? Las hipótesis son variadas, unas sugieren que tienen que ver con cómo asimilamos los trayectos que son más o menos familiares, otras que se debe a la atención que prestamos al camino y también está el factor de cuán importante es llegar a tiempo a un lugar. Pero un nuevo estudio, publicado en la revista PLoS, sugiere que el ‘efecto de los viajes de retorno’ ocurre no tanto en el momento en que realizamos el viaje, si no cuando los recordamos.     

“Una posibilidad es que el viaje de retorno afecte la memoria temporal en la que se basa nuestra noción del tiempo porque demanda menos procesamiento de información y por ello requiere de menos memoria”, dice Ryosuke Ozawa, uno de los autores del estudio .  Otra posibilidad, sugiere el experto,  es que el solo hecho de etiquetarlo como “viaje de retorno” nos predisponga a percibirlo como más corto.

Para investigar el fenómeno, el equipo de Ozawa invitó  a un grupo de hombres jóvenes a realizar trayectos simulados, observando películas de 52 minutos de duración en las que se veía el trayecto que seguía una persona caminando. Algunos observaron una película que mostraba un trayecto de ida y de vuelta, otros vieron dos películas distintas, que mostraban trayectos distintos, pero que juntas sumaban los 52 minutos de recorrido.

Durante la proyección de las películas, los participantes debían reportar cuándo sentían que habían transcurrido tres minutos. Además,  al final debían responder cuál trayecto les había parecido más largo. Tras analizar los datos, los científicos encontraron que para los voluntarios los trayectos de ida y de vuelta en la misma ruta parecieron ser más cortos en comparación a los que eran distintos. No obstante, la percepción de cómo transcurrían los minutos durante la proyección en cualquiera de los dos escenarios no resultó distinta.

Así, el estudio de Ozawa sugiere que el efecto ocurre a posteriori, al meditar sobre la duración en retrospectiva, y no durante la actividad misma.

Michael Roy, investigador del Departamento de Psicología de Elizabethtown College, ha estudiado este fenómeno antes. Sus hallazgos señalan que el efecto ocurre frecuentemente en la vida cotidiana, sin importar el propósito del viaje. 

“Lo interesante (del nuevo estudio) es que el segundo trayecto parece ser más corto sin importar si es de retorno o no”, dijo Roy, explicando que aunque estas no son las conclusiones principales de los investigadores, los resultados indican que esto ocurre. Y en efecto, si bien el estudio muestra que los trayectos redondos se percibieron como mucho más cortos que los que no lo eran; en ambos casos, los segundos trayectos fueron recordados como más cortos que los primeros.

Roy dijo que, de ser así, nuestra percepción del tiempo parece ser más corta cuando hacemos tareas repetitivas, esto es, que la segunda vez que realizamos una tarea esta parece ser más corta que la primera. Esto podría ser extensivo a otro tipo de actividades repetitivas, como ver una película o leer un cuento.

Para demostrar que el fenómeno ocurre al recordar el viaje, a los investigadores les queda la tarea de descartar la posibilidad de que los participantes hayan sido influenciados por la etiqueta “viaje de retorno” al momento de ver las películas.

“Investigaremos un viaje redondo utilizando dos rutas completamente distintas”, dijo Ozawa.  Los participantes verán escenas completamente distintas en dos viajes, unos sabrán que es un viaje de ida y vuelta y otros no, “así averiguaremos la influencia que tiene conocer la etiqueta de ‘viaje de retorno’ (en la percepción del tiempo)”, explicó.

Así las cosas, aunque cada vez se sabe más sobre la existencia del efecto del ‘viaje de retorno’ y en qué momento ocurre, aún no tenemos la explicación completa sobre por qué ocurre. Lo que sabemos es que el efecto existe, y quizás sí es producto de nuestra imaginación.