¿Es usted una persona buena, íntegra, y aún así no logra tener éxito con el sexo opuesto? Tal vez lo que necesita es abrazar su lado oscuro, de acuerdo con un nuevo estudio que demuestra que a las personas con ciertos rasgos patológicos extremos en su personalidad les va bastante bien en el juego del amor.

Para el estudio, los investigadores se concentraron en casi 1.000 hombres y mujeres heterosexuales con una variedad de rasgos patológicos de la personalidad, y cuyos desórdenes tenían un rango de severidad que iba desde nada hasta diagnosticable. Los participantes fueron referidos al estudio por médicos generales u otros profesionales de la medicina, dice Fernando Gutiérrez, del Hospital Clínic de Barcelona, quien dirigió la investigación. En entrevistas  y a través de encuestas con los participantes, Gutiérrez y su equipo averiguaron el número de parejas e hijos que habían tenido a lo largo de sus vidas, así como también su tipo de trabajo, ingresos y otros factores sociodemográficos.

Sus resultados muestran que la gente con algunos tipos de personalidad patológica, tales como aquellos considerados como neuróticos e impulsivos, tenían más parejas e incluso más hijos que el promedio, sugiriendo que la selección natural no excluiría esos rasgos sino que podrían incluso conferir una ventaja evolutiva.

Las conclusiones de los hallazgos, publicados en línea el 23 de octubre en la revista Evolution & Human Behavior, son especulativos debido a los límites del estudio. Por ejemplo, Corinna E. Löckenhoff, psicóloga de desarrollo humano en la Universidad de Cornell y quien no estuvo involucrada en el estudio, señala que existe una posibilidad de que haya algunas imprecisiones en los reportes que los participantes dieron sus vidas privadas . “Los participantes pudieron haber inflado el número de parejas para mostrarse a sí mismos como más deseables. Esto podría ser especialmente cierto para individuos cuyas características de la personalidad los hacen más propensos a ser deshonestos, y para los hombres, dado que las normas culturales tienden a ver la promiscuidad como algo más favorable para hombres que para mujeres”, dice. Adicionalmente, es importante “aclarar que no hay un tipo de personalidad ideal y que la variación en los rasgos de la personalidad refleja un fenómeno común en la evolución de un amplio rango de fenotipos anatómicos, fisiológicos y del comportamiento”, añade Alfonso Troisi, un investigador en psiquiatría en la Universidad de Roma Tor Vergata, quien tampoco participó del estudio.

Los resultados demuestran que tanto hombres como mujeres que eran patológicamente temerarios e impetuosos atraían a más parejas en relaciones de corta duración que aquellos participantes con personalidades promedio. Y los hombres obsesivo-compulsivos —mas no las mujeres— eran exitosos en asegurarse relaciones de larga duración, un resultado fuertemente asociado con los altos ingresos de este grupo (los obsesivo-compulsivos ganaban casi el doble que los participantes menos obsesivos del estudio), dice Gutiérrez.

Los resultados también revelaron que las mujeres neuróticas tenían más probabilidades de estar en relaciones más duraderas. Las participantes más neuróticas tenían 34% más compañeros a largo plazo y 73% más hijos que el promedio, a pesar de exhibir rasgos típicamente asociados con la inestabilidad, ansiedad e inseguridad, explica.

De acuerdo con Gutiérrez, sus resultados proveyeron la primera evidencia sólida de que algunos desórdenes de la personalidad, más que enfermedades, podrían ser estrategias sexuales de selección evolutiva. “Se supone que estas estrategias son ancestrales”, dice él. “Algunas de ellas, tales como el riesgo y la impulsividad, probablemente anteceden a la humanidad misma”.

¿Pero por qué querría alguien casarse y tener hijos con personas cuyos comportamientos se consideran como fuera de la norma?

Gutiérrez dice que una vez le preguntó a un paciente por qué se había casado con una mujer neurótica. El hombre respondió: “Me gusta porque es muy mujer”, una respuesta que podría revelar el vínculo entre las diferencias de género y los estereotipos, dice Löckenhoff. “La literatura disponible sobre diferencias de género, sugiere que, en promedio, las mujeres son más propensas a ser neuróticas que los hombres. Por lo tanto, algunos hombres podrían interpretar altos niveles de emocionalidad negativa en su pareja como una señal de femineidad”, dice ella. Sin embargo, más estudios son necesarios para examinar esta posibilidad, agrega Löckenhoff.

Con respecto a los impulsivos y los arriesgados —quienes mostraron tener múltiples relaciones de corto plazo— Gutiérrez especula que algunos se sienten atraídos a este tipo de personas porque los consideran encantadores. “Aunque son egoístas, rompen las reglas, son imprudentes y rebeldes, también son valientes, temerarios, independientes y autosuficientes, y por eso tienen vidas frenéticas y electrizantes”, dice él. “Esto cautiva a mucha gente. Este deseo podría tener también una base evolutiva”, dice Gutiérrez, y señala que este comportamiento podría funcionar como un indicador de salud, “…una señal de que el sujeto tiene tanta calidad genética y condiciones para vivir peligrosamente sin sufrir daño”, añade.

Para las personalidades obsesivas es fácil encontrar una razón para la atracción, dice Gutiérrez. “Desde un punto de vista darwiniano, el dinero significa sobrevivencia, seguridad y recursos para los hijos. También son serios, confiables y cautos”, añade.

Pero otra explicación podría venir de la observación de que, desde el punto de vista de la personalidad, los opuestos no necesariamente se atraen, dice Löckenhoff. “Existe una tendencia bien conocida a casarse con personas que son similares a uno en personalidad. Por esto,  hombres que se casan con mujeres que son extremadamente neuróticas podrían ser altamente neuróticos también. Lo mismo podría ser cierto para otras características patológicas de la personalidad", dice ella.

Gutiérrez reconoce que su estudio no exploró este aspecto, por lo que es posible que algunos de los participantes tengan parejas con personalidades similares. ¿Pero cómo ayudaría esto a aquellos con personalidades inadaptadas a encontrar más parejas? Löckenhoff dice que podrían ser buenos pescando en un mar de potenciales parejas que muestran rasgos similares, aunque menos extremos. Sus futuros cónyuges podrían no darse cuenta de la magnitud del problema hasta que ya están comprometidos con la relación", dice ella.

Si, de hecho, estas parejas se están juntando de una manera no aleatoria, Gutiérrez dice que sus hallazgos actuales resultarían aún más inquietantes. "Si ambos padres son portadores del rasgo patológico, simplemente será transmitido con más fuerza a su descendencia", añade.

Otros factores también podrían jugar un papel. Por ejemplo, el estilo de vida itinerante de las personas impulsivas podría ponerlos en contacto con un mayor número de parejas potenciales, dice Löckenhoff, mientras que las mujeres que obtienen un puntaje alto en neurosis podrían estar recurriendo a las relaciones en busca de apoyo. "Las mujeres neuróticas pueden estar más motivadas a buscar relaciones estables con el fin de obtener apoyo emocional y estabilidad financiera", dice.

En general, Gutiérrez dice que sus hallazgos apoyan la visión menos generalizada de que los principios evolutivos aplican de igual forma a personalidades patológicas. "Algunos rasgos extremos no representan tanto una desventaja para la aptitud como parecen ser para la adaptación social o el bienestar, incluso cuando se evalúa a sujetos con desórdenes severos”, dice. De hecho, Gutiérrez cree que a medida que algunos rasgos se hacen más severos, estos se convierten en una ventaja más sólida para atraer a más parejas e incluso producir más descendencia. "Esto convertiría a estos rasgos en atajos riesgosos hacia la aptitud, atribuyendo menos a las fallas que a los vaivenes de los genes, para perpetuarse a sí mismos", dice.

Pero un punto importante a tener en cuenta es que "dentro de una población determinada, existe un grado normal de variación genética que puede o no hacer a una persona más adaptable al ambiente o, todavía más importante, a los cambios en el ambiente", dice Troisi .

Esta variación podría también aplicarse a los rasgos de la personalidad. Al igual que las variaciones genéticas ayudan a las especies a prosperar en un entorno cambiante, nuestras personalidades diferentes pueden ayudarnos a sobrevivir en nuestro mundo. "Por lo tanto, ser diferente no necesariamente significa ser imperfecto. ¡No hay que apresurarse en etiquetar como anormal cualquier rasgo o comportamiento estadísticamente desviado!", añade.

Aunque invitan a la reflexión, estos resultados deben tomarse con precaución, advierte Löckenhoff. "Los resultados son limitados, ya que se han extraído de pacientes de una sola clínica, están basados en auto-informes de las relaciones en lugar de en criterios objetivos y no hablan de las motivaciones o personalidades de los personas en la relación de los participantes", dice ella.

A pesar de las incertidumbres del estudio, pareciera que le podría ir mejor con esa persona especial si permite que le vea un poco de su lado más extremo.