CRISPR, la tecnología de edición del genoma que ha tomado por asalto a la ciencia biomédica, finalmente se está acercando a los ensayos en humanos.

El 21 de junio, un comité asesor de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. aprobó una propuesta para utilizar CRISPR-Cas9 y ayudar a mejorar las terapias contra el cáncer que se basan en reclutar células T de un paciente, un tipo de célula inmune.

“Las terapias celulares [para el cáncer] son muy prometedoras, pero la mayoría de las personas que reciben estos tratamientos tienen una enfermedad que reincide”, dice el líder del estudio Edward Stadtmauer, médico de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia. La edición de genes podría mejorar ese tipo de tratamientos y eliminar algunas de sus vulnerabilidades para el cáncer y el sistema inmunológico del organismo, dice.

Este primer ensayo es pequeño y está diseñado para probar si CRISPR es seguro para usarlo en seres humanos, más allá de si cura o no el cáncer. Será financiado por un fondo para inmunoterapias de US$ 250 millones formado en abril por el expresidente de Facebook Sean Parker. El ensayo en sí mismo aún no tiene presupuesto. La Universidad de Pensilvania editará las células y reclutará y tratará a los pacientes de centros de California y Texas.

Los investigadores extraerán las células T de 18 pacientes con melanoma, sarcoma y mieloma, y realizarán tres ediciones con CRISPR en ellas. Una edición insertará un gen de una proteína diseñada para detectar células cancerígenas e instruir a las células T para que se dirijan a ellas, y una segunda edición eliminará una proteína natural de las células T que podría interferir con este proceso. La tercera edición es defensiva: eliminará el gen de una proteína que identifica a las células T como células inmunológicas y evita que las células cancerosas las desactiven. Luego, los investigadores volverán a poner las células editadas en el paciente.

EN MOVIMIENTO

“La excitación del año pasado en torno a CRISPR fue anticipándose a esto”, dice Dean Anthony Lee, inmunólogo en el Centro para el Cáncer MD Anderson en Houston, Texas, y miembro del Comité Asesor de Investigación en ADN Recombinante (RAC, por sus siglas en inglés) de los NIH, que revisó la propuesta. CRISPR, dice, facilita la ingeniería genética lo suficiente como para que este tipo de ensayos puedan avanzar rápidamente.

El RAC revisa todas las propuestas que se realizan en Estados Unidos para ensayos en humanos que involucran ADN modificado. Ahora, el equipo de Stadtmauer tendrá que convencer a los reguladores estadounidenses y a los comités revisores en sus propias instituciones para que permitan el ensayo. El inmunólogo Carl June, de la Universidad de Pensilvania, que es asesor científico en el proyecto, dice que podría empezar al final del año.

Otros ensayos pueden no estar muy lejos. Por ejemplo, Editas Biotechnologies , en Cambridge, Massachusetts, ha dicho que ya en 2017 quiere usar CRISPR en un ensayo clínico para una forma rara de ceguera. Sin embargo, los miembros del RAC dicen que aún no han sido abordados para la revisión del ensayo.

OTRAS TÉCNICAS

CRISPR ha llamado mucho la atención debido a su facilidad de uso, sin embargo, el ensayo de células T no será la primera prueba sobre la eficacia del uso de edición génica para combatir enfermedades. En 2014, June condujo un ensayo usando un sistema de edición de gen diferente llamado “nucleasas con dedos de zinc” (zinc-finger nucleasa).

 Su grupo extrajo sangre de 12 personas con VIH y eliminó el gen que codifica a una proteína en las células T a la que va dirigida el virus. Ellos esperan que esto evite la infección de las células. Los resultados fueron alentadores y ahora la técnica está siendo usada en ensayos clínicos para muchas otras aplicaciones.

Y la semana pasada, los investigadores del Hospital Infantil Great Ormond Street en Londres comenzaron un estudio de seguridad con 10 niños usando una técnica similar llamada TALENS.

En vez de emplear las células de un paciente, el sistema utiliza las células T de un donante que han sido modificadas para eliminar los genes que podrían causar que el cuerpo del paciente las rechace. Entonces, la edición de genes dirige las células T para que ataquen el cáncer y protege las células de otros fármacos de inmunoterapia.

A pesar de que CRISPR es más fácil de usar que otras técnicas, y es mejor en la edición de múltiples genes a la vez, June dice que el principal desafío será superar la propensión de CRISPR a las ediciones “desviadas”. Estos son instancias en las que el sistema corta o modifica partes del genoma no deseadas. Y pese a las precauciones, el sistema inmunológico aún podría atacar a las células modificadas.

POSIBLES CONFLICTOS DE INTERESES

Durante la reunión del RAC, una de las mayores preocupaciones del comité fue un posible conflicto de intereses. Entre otros compromisos financieros, June tiene vínculos con la compañía farmacéutica Novartis, posee patentes sobre tecnologías de células T, y podría beneficiarse del éxito de este ensayo. June no quiso dar detalles sobre la naturaleza exacta de sus conflictos de intereses, pero dice que su universidad está tomando medidas al respecto, como por ejemplo, impedir que él participe en la selección de los pacientes.

Varios revisores del RAC sugirieron que directamente a la Universidad de Pensilvania no se le permitirá reclutar pacientes y que eso lo hagan otras instituciones: este tema no llegó a su aprobación final.

Sin embargo, los miembros del RAC dicen que están siendo extra cuidadosos con este estudio. “Penn tiene un conflicto muy extenso y tiene una historia”, dice Laurie Zoloth, especialista en bioética de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois. Amenazando la discusión está el nombre de Jesse Gelsinger, que murió a los 18 años mientras participaba en un ensayo de terapia génica temprana realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania en 1999.

Una investigación posterior encontró numerosos problemas con el estudio, incluyendo datos en animales no reportados sobre efectos nocivos de la terapia y el hecho de que los investigadores tenían un interés financiero en el resultado del estudio.

A nivel general, se considera que el incidente llevó a que la terapia génica retrocediera décadas. “Tenemos que ser extraordinariamente cuidadosos sobre cualquier caso que se use por primera vez en seres humanos”, dice Zoloth. Por eso, muchas cosas están en juego en este ensayo.

Pero Mildred Cho, especialista en bioética de la Universidad de Stanford, en California, y miembro del RAC, dice que solo el trabajo de seguridad en animales sobre una nueva terapia llevará a los investigadores más lejos. “A menudo tenemos que dar el salto de fe”.

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó primero el 22 de junio de 2016.