Sanfra Anastine fue operada a los 42 años y no pudo hablar durante las 12 horas siguientes a la cirugía. Volvió a pasar por el quirófano a los 56, y tardó tres meses en recuperar el habla. Ahora a sus 61 años, Anastine dice que no le cuesta formar palabras, pero se siente más olvidadiza que antes de su segunda cirugía. Tiene miedo de lo que pueda suceder si es anestesiada de nuevo.

Resulta frecuente escuchar que un paciente de edad avanzada "no es el mismo después de la cirugía”, dice Roderic Eckenhoff, un anestesista de la Universidad de Pennsylvania. Muchas personas se preguntan si la anestesia –que está diseñada para aturdir a la gente y robarles temporalmente sus facultades mentales–, es la responsable. Los pacientes ancianos presentan a menudo una condición llamada deterioro cognitivo postoperatorio en la que experimentan lapsus de memoria y atención, pero por lo general no dura más de unas pocas semanas.

La mayoría de evidencias científicas sugieren que recibir anestesia general durante el curso de una cirugía no aumenta la probabilidad de desarrollar demencia. Sin embargo, parece claro que algo está pasando: recientes experimentos con animales y células humanas muestran que la anestesia, especialmente en dosis altas, puede aumentar la acumulación de las proteínas que se cree son la base de la enfermedad de Alzhéimer.

¿Qué sabemos acerca de la relación entre la anestesia general, que por lo general se inhala y deja a la persona completamente inconsciente, y la demencia, que es una condición permanente y debilitante?
A pesar de ser un componente bien establecido en la medicina moderna, gran parte de cómo funciona la anestesia es un misterio. Sabemos que las moléculas del fármaco se unen a sitios concretos en la superficie de las neuronas y desactivan diferentes proteínas importantes en una amplia gama de funciones cognitivas como el sueño, la atención, el aprendizaje y la memoria. Más recientemente, algunas investigaciones han sugerido que además de actuar sobre áreas específicas involucradas en el sueño y la vigilia, la anestesia general actúa bloqueando las redes neuronales que permiten la comunicación entre regiones cerebrales.

Debido a que la anestesia afecta a muchas áreas y procesos cerebrales diferentes, a algunos investigadores les preocupa que pueda tener consecuencias imprevistas. Las moléculas de la anestesia "pueden activar otros mecanismos que no tienen nada que ver con la anestesia en sí misma", dice Maria Lioudyno, neurocientífica de la Universidad de California, en Irvine. Incluyendo "procesos que pueden estar vinculados a la neurodegeneración."

A nivel celular, Lioudyno ha encontrado que la anestesia puede desencadenar una cascada de señales químicas que provocan la liberación de microglías, células del sistema inmune normalmente encargadas de combatir infecciones en el cerebro. Resulta que cuando las microglías están activas durante largos periodos de tiempo pueden inflamar el tejido cerebral, lo cual se cree puede contribuir a los problemas cognitivos asociados con la enfermedad de Alzhéimer.

Investigaciones recientes con animales han demostrado también que la anestesia puede provocar cambios en el cerebro como los que se piensa son la base de la demencia. En estudios de 2004 y 2007, por ejemplo, Eckenhoff y sus colegas encontraron que en ratones, la exposición de anestesia inhalada –especialmente en dosis altas– aceleró la acumulación y toxicidad de proteínas beta amiloide, implicadas en el desarrollo del alzhéimer. Otros estudios han mostrado un efecto similar con otra proteína llamada tau, vinculada también al alzhéimer.

Son estudios muy preliminares, advierte Eckenhoff. Los humanos somos mucho más complejos que los ratones, y solo porque veamos algo en una placa de Petri no significa que conduzca al desarrollo del alzhéimer. Aunque efectivamente se están observando cambios a nivel celular y de tejido, "el efecto en lo que realmente nos importa –la cognición, la memoria, la capacidad de aprender– parece ser realmente mínimo", dice Eckenhoff.

Por otra parte, la evidencia epidemiológica pone en duda el vínculo entre recibir anestesia y desarrollar demencia. En un estudio de 2013, médicos de la Mayo Clinic compararon los registros médicos de 900 personas mayores de 45 años que habían desarrollado demencia, con un grupo similar que no desarrollaron la enfermedad, y encontraron que ambos habían recibido cantidades de anestesia similares durante su vida, concluyendo que es poco probable que sea un factor de riesgo.

Pero a pesar de que la anestesia no parece aumentar el riesgo de desarrollar demencia, no se puede negar que a algunas personas parece afectarles más profundamente que a otras. Una posible explicación es que sus efectos puedan amplificarse en pacientes que están genéticamente predispuestos a la demencia, o que tienen otros factores de riesgo. "Los seres humanos son muy diversos y tienen diferentes condiciones preexistentes que pueden ponerles en mayor riesgo", dice Robert Whittington, profesor de anestesiología clínica en el Columbia University Medical Center. Se ha visto por ejemplo que el deterioro cognitivo postoperatorio es especialmente frecuente en pacientes que han tenido cirugía cardíaca, así como entre personas con diabetes e hipertensión, condiciones que también han sido vinculadas a la enfermedad de Alzhéimer.

Sin embargo, es difícil separar los efectos de la anestesia de los causados ​​por la propia operación quirúrgica. La cirugía es una experiencia traumática que provoca inflamación. Eckenhoff cree que el verdadero culpable del deterioro cognitivo no es la anestesia sino la neuroinflamación provocada por la cirugía, que puede "interactuar con la patología que se está generando poco a poco en alguien con alzhéimer incipiente, y acelerarlo” dice. "No creemos que la anestesia y la cirugía causen en realidad alzhéimer o demencia", añade. "Pensamos que afecta en casos de vulnerabilidades individuales de manera que si estás predispuesto a sufrirlas, las acelera".

Los científicos están utilizando biomarcadores y otras pruebas para intentar identificar poblaciones que podrían ser más susceptibles a la demencia, y esperan con el tiempo poder usar dicha información para que las cirugías sean más seguras. Esto podría incluir anestésicos más inteligentes y biológicamente dirigidos, junto con medicamentos para contrarrestar el estrés de la cirugía. Por ejemplo se ha visto que las estatinas –comúnmente utilizadas para tratar la enfermedad cardiovascular– reducen el deterioro cognitivo en ratones cuando se administran antes de una operación.

Por ahora, sin embargo, Eckenhoff recomienda que las personas susceptibles traten de evitar operaciones de cirugía estética u otros procedimientos quirúrgicos no imprescindibles.