Aunque millones de mujeres usan terapia hormonal, aquellas que la prueban con la esperanza de mantener una memoria aguda y prevenir la confusión mental que a veces se asocia con la menopausia pueden acabar decepcionadas. Un nuevo estudio indica que tomar estrógeno no afecta significativamente a la memoria verbal y otras habilidades mentales. "No hay ningún cambio en las habilidades cognitivas asociado con la terapia de estrógeno para las mujeres posmenopáusicas, independientemente de su edad", dice Victor Henderson, neurólogo de la Universidad de Stanford y autor principal del estudio.

Durante años se ha discutido sobre los efectos tanto positivos como negativos de este tipo de terapia hormonal, mediante algunos estudios observacionales en mujeres posmenopáusicas e investigación en modelos animales, que sugerían que mejora la función cognitiva y la memoria. Sin embargo, investigaciones anteriores, que incluyen un prolongado estudio de la memoria por parte de la Iniciativa de Salud de la Mujer del Instituto Nacional de Salud estadounidense publicado en 2004, sugirió que tomar estrógeno aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y demencia en mujeres mayores de 65 años de edad.

Henderson dice que una de las explicaciones para estos resultados contradictorios puede ser que tras comenzar la menopausia hay un "período crítico" en el que la terapia hormonal aún podría beneficiar a las mujeres relativamente jóvenes –si comienzan suficientemente temprano–. En su estudio, que apareció en Neurology el 20 de julio, Henderson y su equipo reclutaron a 567 mujeres sanas, de entre 41 y 84 años, para examinar cómo el estrógeno afectaba a un grupo cuyos miembros estaban a seis años de su último período menstrual y otro cuyos miembros habían entrado en la menopausia por lo menos 10 años antes.

Las mujeres de cada grupo fueron asignadas al azar a un régimen oral diario de o bien estradiol –el tipo de estrógeno principal producido por mujeres en años reproductivos– o bien un placebo. A las mujeres que no se habían sometido a una histerectomía también se les dio gel vaginal de progesterona o un placebo. En estas mujeres la progesterona ayudó a que el revestimiento del útero fuera más delgado, imitando la hemorragia mensual de un ciclo menstrual. Sin progesterona, el revestimiento ya no se derrama y el estrógeno puede causar un crecimiento excesivo de células en el útero, lo que puede conducir a cáncer.

Las voluntarias recibieron hormonas o placebos durante un promedio de cinco años. Los investigadores probaron las habilidades cognitivas de las participantes al inicio del tratamiento, tras dos años y medio y otra vez a los cinco años. Ambos grupos mejoraron en las pruebas de memoria verbal –pero ya se esperaba alguna mejora debido a que las participantes habían adquirido práctica haciendo las pruebas, dice Henderson–. Lo sorprendente fue que la terapia hormonal no produjo ningún beneficio –o perjuicio– significativo, sin importar cuán pronto tras la menopausia la hubieran comenzado a tomar. "Nuestros resultados sugieren que no hay razón por la que las mujeres sanas deban considerar la terapia hormonal para mejorar la memoria, independientemente de su edad", dice Henderson. "Por otro lado, si las mujeres están considerando la posibilidad de tomar la terapia hormonal para las indicaciones aprobadas, tales como el tratamiento de sofocos y sudores nocturnos de moderados a graves o para la prevención de la osteoporosis, entonces no tienen que preocuparse demasiado acerca de los efectos negativos del estrógeno en la memoria".

Los resultados podrían ofrecer tranquilidad a mujeres posmenopáusicas, dice Carey Gleason, especialista en geriatría y salud de la mujer en la Universidad de Wisconsin-Madison, quien no participó en el estudio. La mayoría de las mujeres toman la terapia hormonal para los sofocos, los cuales pueden perturbar el sueño y afectar la calidad de vida en general, dice, y casi el 80 por ciento de las mujeres menopáusicas tienen sofocos severos. Sin embargo, los efectos a largo plazo de la terapia con estrógenos aún no están claros, dice Gleason. "Es importante reconocer que la demencia, y en especial la enfermedad de Alzheimer, en realidad tardan décadas en desarrollarse. Por lo tanto hacer un seguimiento de los efectos del estrógeno en estas mujeres entre 10 y 15 años más tarde debería ser el siguiente paso en que se centren los investigadores”.