Un chimpancé, un científico con un palo y un investigador vestido de King Kong puede sonar como el inicio de un chiste malo, pero es, de hecho, la base de un reciente estudio que proporciona la primera evidencia de que los grandes simios –es decir, bonobos, chimpancés y orangutanes– poseen una comprensión de la falsa creencia, una característica de la "teoría de la mente". Esta capacidad de entender que otras personas tienen estados mentales y perspectivas diferentes a la nuestra ha sido considerada durante mucho tiempo exclusiva de los humanos.

En el estudio, publicado en Science, un equipo de científicos registró los movimientos oculares de tres especies de grandes simios, mientras los animales veían videos de un hombre buscando un objeto oculto que había sido movido de sitio sin su conocimiento, y encontraron que miraban con mayor frecuencia al lugar en el que el hombre esperaba encontrar el objeto (una creencia que los simios sabían que era falsa), aunque el objeto ya no estuviera allí. Los hallazgos sugieren que los monos fueron capaces de intuir lo que el humano estaba pensando.

La teoría de la mente es central para nuestra actividad social como humanos, pero los científicos se han preguntado durante mucho tiempo si se trata, de hecho, de un rasgo exclusivamente humano. Hay pruebas de que los simios pueden entender los estados mentales de otros cuando coinciden con la realidad, pero los simios han fallado de manera consistente las pruebas de falsa creencia –la idea de que otra persona puede actuar siguiendo una creencia que no es cierta–. Fumihiro Kano del Santuario Kumamoto de la Universidad de Kioto y codirector del estudio llama esta habilidad la "prueba decisiva" para la teoría de la mente. Las pruebas tradicionales de falsas creencias para simios han implicado tareas complicadas, como mover del sitio tazas para desvelar comida escondida. Esta es la razón por la cual Kano y Christopher Krupenye del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, y colíder del estudio, adaptaron una prueba sencilla de falsa creencia, diseñada para bebés humanos que utiliza un método de seguimiento ocular llamado mirada anticipatoria, o mirar hacia donde esperas que una persona busque un objeto.

Durante el estudio, bonobos, chimpancés y orangutanes fueron "invitados" de uno en uno a sentarse en una habitación y beber un jugo mientras veían en un monitor de vídeo una secuencia de escenarios. Una cámara de infrarrojos debajo del monitor registraba el lugar de la pantalla al que miraban los animales mientras veían desarrollarse las escenas. Para captar la atención de los simios, los investigadores convirtieron cada escenario experimental en una serie de televisión de alto voltaje protagonizada por un personaje misteriosamente simiesco (un investigador vestido con un traje de gorila), al que denominaron King Kong.

Como los humanos, los grandes simios están "bastante obsesionados con la información social –cuando, hay un conflicto dentro de su grupo todo el mundo se detiene y presta atención–", dice Krupenye. "Esto es solo su versión de Jersey Shore que hicimos para que estuvieran realmente comprometidos y sintieran curiosidad acerca de lo que iba a suceder".

En un escenario la figura de King Kong pretendía atacar a un investigador y luego se ocultaba en una de dos pacas de paja, para pasar a la otra paca mientras el investigador miraba. A continuación, el investigador se iba por un tiempo antes de regresar con un palo para buscar a King Kong, que había abandonado la escena mientras el investigador estaba fuera. En otro escenario la figura disfrazada se trasladaba al otro fardo de paja después de que el investigador se fuera y luego se iba por completo. Los investigadores también establecieron los mismos dos escenarios en una configuración ligeramente diferente –en lugar de esconderse, King Kong escondía una roca robada bajo una de dos cajas antes de eliminarla por completo–.

Simios de las tres especies pasaron la prueba de manera consistente; a pesar de que los animales sabían que King Kong o la roca habían desaparecido, cuando el investigador regresaba a buscarlo, miraban de manera consistente a la paca de paja o a la caja donde la persona había visto por última vez el objeto y, presumiblemente, todavía pensaba que estaba oculto. Estos resultados son particularmente sorprendentes porque desafían la gran cantidad de trabajos previos que sugieren que los grandes simios no son capaces de comprender las creencias que no son ciertas. "La gente lleva tiempo pensando que la comprensión de la falsa creencia es exclusiva de los humanos", dice Krupenye, "por lo que esto sugiere que los simios tienen al menos una comprensión básica, implícita de la creencia falsa, que ha sido visto como una característica de la teoría de mente".

Sus hallazgos han atraído tanto alabanzas como debate en el área. En un artículo sobre el estudio también publicado en la revista Science, Frans de Waal, un primatólogo que estudia inteligencia social en la Universidad de Emory y quién no participó en el trabajo, escribió que el diseño del estudio "es un verdadero avance, no solo porque evita una excesiva dependencia de las habilidades del lenguaje necesarias para entender la narrativa y preguntas en pruebas de la teoría de la mente en los niños, sino también porque pone de relieve la continuidad mental entre los grandes simios y los seres humanos".

Tecumseh Fitch, un biólogo evolutivo y científico cognitivo de la Universidad de Viena, quién tampoco formó parte de la investigación, ve esto como el "último clavo en el ataúd de la antigua idea de que los seres humanos son la única especie con teoría de la mente".

Sin embargo, otros son escépticos de esta interpretación. Tanto Carla Krachun de la Universidad de Saskatchewan como Robert Lurz del Brooklyn College, quienes estudian la teoría de la mente en primates, están muy contentos de que los investigadores fueran capaces de medir indirectamente los procesos mentales de los simios utilizando seguimiento ocular, lo que "abre todo tipo de posibilidades para el estudio de la teoría de la mente en simios", escribieron en un correo electrónico. Sin embargo, Krachun y Lurz no creen que el estudio demuestre definitivamente la comprensión de la falsa creencia. "La cuestión es que los sujetos podrían utilizar una simple norma de comportamiento –‘los agentes buscan las cosas donde las vieron por última vez’– para superar las pruebas, sin entender nada acerca de las falsas creencias del agente", explicaron.

Kato y Krupenye reconocen la dificultad de interpretar sus resultados, pero todavía los ven como un importante paso adelante en nuestra comprensión de la cognición de los grandes simios. "Hay otros tipos de creencias falsas que creo que debemos poner a prueba para asegurarse de que los monos confían en esta habilidad más sofisticada", dice Krupenye. "Pero el gran tema aquí es que los simios tienen claramente una comprensión más sofisticada de los demás de lo que se pensaba, y eso significa que pueden predecir el comportamiento de los demás, incluso en contextos en los que el actor está mal informado, y eso es algo que los humanos hacen todo el tiempo".