La propagación exponencial del ébola ha reavivado los temores de que terroristas puedan tratar de convertir el virus en una poderosa arma de destrucción masiva. El tema se ha tocado en el Capitolio y en los círculos de seguridad nacional de Estados Unidos. Pero los desafíos financieros y logísticos que conllevaría convertir al ébola en una herramienta de bioterrorismo hace que la preocupación parezca un poco exagerada ­–al menos en lo que se refiere a una devastación generalizada–.

Expertos en seguridad nacional y enfermedades infecciosas están de acuerdo en que los obstáculos para poder lograr un asalto a gran escala con ébola son inmensos. Para empezar, un bioterrorista tendría que obtener el virus y ser capaz de hacerlo crecer en tinas hasta tener una buena cantidad del mismo, una tarea extremadamente costosa. El virus se transmite fácilmente al entrar en contacto con los fluidos corporales de una persona infectada, lo que lo hace difícil de manipular y controlar. En pocas palabras, sería más probable que una gran cantidad de virus del Ébola en manos de un grupo criminal termine matando a los conspiradores  a que llegue a la fase final de una misión de bioterrorismo. Para tener éxito, "se necesitaría un agente que funcionara casi como un país" con recursos más amplios, dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, a un comité del Congreso estadounidense la semana pasada.

Ya hay un precedente histórico de intentos fallidos de estados de aprovechar el virus para fines de bioterrorismo. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética fue "cultivando grandes cantidades de microbios para uso potencial en bioterrorismo. Eso se supo a través de reportes de inteligencia", dijo Fauci a Scientific American. Los soviéticos intentaron cultivar la viruela, el ántrax, la tularemia, el botulismo y las fiebres hemorrágicas, incluyendo el ébola, dice.  Sin embargo, exactamente cómo el país planeaba desplegar los microbios sigue siendo un tema de especulación. Los soviéticos finalmente abandonaron el proyecto, pero no eran los únicos interesados ​​en el potencial de los microbios.

La secta japonesa Aum Shinrikyo – conocidos por esparcir gas sarín en el metro de Tokio en 1995– también exploró al ébola como una potencial arma biológica. En 1992 enviaron un grupo médico de 40 personas con el pretexto  de proporcionar ayuda durante un brote de ébola en la República Democrática del Congo. Su objetivo real, sin embargo, era recoger muestras del virus del Ébola, como Amy Smithson, una investigadora del James Martin Center for Nonproliferation Studies, señaló en su informe Ataxia,  publicado en el año 2000. El esfuerzo fue un " completo fracaso", dice ella. "Ellos no lograron ni acercarse a los cultivos".

Incluso si Aum Shinrikyo hubiese logrado obtener muestras del virus del  Ébola, hubiese sido extremadamente difícil matar un gran número de personas en países con una buena y grande infraestructura de salud, como Japón. Una vez que el virus fuese identificado y los pacientes infectados aislados,  hubiese sido poco probable que el patógenos se difundiera ampliamente. Aún así, aunque no se lograra una gran cantidad de muertes, el uso del ébola sí podría surtir efecto en avivar temores en la población. "Cuando se habla de bioterrorismo, es más sobre el terrorismo que sobre el bio", dice Fauci.

Entrevistas con Fauci y otros expertos en enfermedades infecciosas y en seguridad sugieren que el virus podría ser utilizado de tres diferentes maneras para ataques de ébola en pequeña escala –aunque cada una de ellas se enfrentaría  a barreras logísticas, financieras y biológicas significativas–. Primero, el ébola podría ser convertido en un arma tomando grandes cantidades del mismo e insertándolos en una pequeña bomba que, una vez detonada, esparciera el virus unos 9 metros a la redonda; si el virus cayera en las caras de las personas, en alguna cortada o en sus manos y luego se rascaran los ojos, podrían infectarse.  "Eso sería como  si un centenar de personas  fuesen tocadas simultáneamente por una persona infectada por el virus del Ébola", afirma Fauci.  El ébola no tendría que ser alterado de ninguna manera para llevar a cabo este plan. El virus en su estado natural ya es capaz de propagarse de persona a persona a través del contacto con fluidos corporales y podría hacer mucho daño. "El ébola es un virus patógeno muy letal", dice el virólogo Robert Garry, de la Universidad de Tulane. "Se trata, básicamente, de arma en sí mismo".

La segunda –y quizás más fácil– opción de bioterrorismo a pequeña escala sería reclutar personas para misiones suicidas con ébola. Dicho plan consistiría en inyectarle el  virus del  Ébola a un número limitado de personas quienes, antes de presentar síntomas de la enfermedad, dejarían África occidental (o donde sea que el brote esté). Luego, esas personas tendrían que ir a espacios públicos y vomitar o sangrar, tratando de esparcir dichos fluidos para infectar a las personas a su alrededor. Obviamente la trama tendría que superar dificultades técnicas considerables, incluyendo la debilidad extrema que presenta una persona con ébola. Si se logra con éxito, este modo de transmisión no mataría a miles de personas, pero desencadenaría temores significativos.

El tercer método de confeccionar un arma de bioterrorismo parece ser el más improbable: modificar genéticamente el virus para que pueda extenderse más fácilmente, quizás a través del aire.  Tal como la revista Scientific American informó el 16 de septiembre, transformar el virus  del Ébola de un patógeno que afecta principalmente al sistema circulatorio a uno muy adecuado para el sistema respiratorio sería una tarea inmensa para la ciencia. Aunque teóricamente el microbio podría ser manipulado para actuar de esa manera, sería un camino muy exigente para quienes buscan almacenar materiales nocivos.

Con un brote de ébola que ya ha matado a más de 2.800 en el África occidental y que ha sitiado a los sistemas de atención de salud de Guinea, Liberia y Sierra Leona, está claro que ya el ébola está aterrorizando a miles. Sin embargo, la posibilidad de que las organizaciones sin escrúpulos logren sembrar terror con el virus en una escala similar parece, en gran medida, lejos de ser alcanzada.