Lo describen como un logro histórico pero advierten que es tan solo el inicio del camino hacia la lucha contra el cambio climático. El Acuerdo de París consensuado por todos los países del mundo el sábado pasado en la última cumbre sobre el cambio climático de la ONU, conocida como COP21, deja varios desafíos para las naciones de América latina.

El acuerdo es vinculante porque los estados están obligados a monitorear y mejorar sus contribuciones de reducción de gases de efecto invernadero cada cinco años. El objetivo fijado es lograr que la temperatura media global se estabilice “muy por debajo” de los 2 grados Celsius respecto de los niveles preindustriales y esforzarse para que no suba más de 1,5 grados Celsius.

Hay tiempo hasta abril de 2017 para ratificarlo y con que el 55 por ciento de los países lo haga (y que eso represente el 55 por ciento de las emisiones de gases contaminantes globales) el acuerdo comenzará a regir a partir de 2020.

Liderazgo latino

La cumbre y el resultante acuerdo en términos generales es positivo para la región latinoamericana. “Una gran parte de América Latina, liderada por Perú, ha salido fortalecida. La diplomacia peruana, actuando en tándem con la francesa, ha sido clave en este acuerdo”, asegura el argentino Oscar Soria, vocero de la ONG global Avaaz.

El activista entiende que esta región ha salvado parte del acuerdo cuando las conversaciones se estancaron por la puja entre países ricos que querían metas de largo plazo para descarbonizar, y los países pobres que buscaban financiamiento para proteger a sus comunidades de la catástrofe climática. “América Latina ha apoyado ambas direcciones, generó un puente de diálogo para superar esta división”, dice.

En general, Soria sostiene que la región ganó prestigio y oportunidades de financiamiento y subsidios a las energías limpias. “Se abre una nueva era en las economías de la región”, asegura y también elogia el trabajo de otros países de la región: "México es el primer país en desarrollo con una legislación climática integral, y se autoimpuso una meta legalmente vinculante de reducciones al carbono. Chile es el único de Suramérica que introdujo un impuesto al carbono. Y Colombia es el primer país que genera un sistema de evaluación de su adaptación al cambio climático con indicadores".

Sin embargo, Isabel Calle, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, lamenta que, a diferencia de África, América Latina no haya estado unida en la cumbre. “Fue representada por el bloque AILAC (Asociación Independiente de América Latina y el Caribe), el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) y el Grupo Integridad, entre otros. Eso nos debe llevar a reflexionar sobre cuáles son las consecuencias de esa división en relación a las oportunidades que nos da el Acuerdo de París”, sostiene.

Calle asegura está orgullosa por el rol que ha tenido su país en la COP21 y que el acuerdo ha satisfecho las expectativas de Perú, en especial, en lo referido a la protección de los bosques, dado que Perú tiene más la mitad de su territorio con cobertura boscosa.

“El Acuerdo de París da un impulso conceptual a mecanismos de financiamiento forestal. Perú es beneficiario del Programa de Inversión Forestal, lo que le permitirá canalizar unos $50 millones que se suman al acuerdo que ya tenemos por $300 millones con Noruega y Alemania”, señala.

Por su parte, Manuel Jaramillo, director de Conservación de la ONG Vida Silvestre Argentina, coincide en que el acuerdo fue un éxito. “Se asumió que se va a trabajar para que no pasemos los 2 grados Celsius y se ratificó que va a haber un apoyo financiero para los países en desarrollo”, explica.

Uno de los desafíos para adelante, según Jaramillo, será el cumplimiento de las contribuciones nacionales de reducción de emisiones. “La sociedad civil tiene que poner especial atención en eso, que el dinero que aporten los países desarrollados se implemente bien, que haya mecanismos de gobernanza con participación social de control y monitoreo para realmente asegurar que las inversiones sean para mitigar o adaptarse al cambio climático y no para otras cosas”, señala.

Sobre los desafíos que ahora enfrenta Argentina, Soria asegura que deberá recuperar la credibilidad perdida tanto afuera como adentro de las fronteras, debido a que la posición en las últimas cumbre fue muy destructiva.

“El cambio climático tiene que formar parte de la agenda. Mauricio Macri, el nuevo presidente, prometió que iba a impulsar las energías renovables. Pero hay una herencia, respecto del fracking (para extraer petróleo no convencional) y la deforestación, que no queda clara cómo se va a manejar”, detalla.

Retos para un grande

Brasil, la nación más contaminante de la región, presentó unas de las metas más ambiciosas. Para Izabella Teixeira, ministra de Medio Ambiente de este país, ahora uno de los retos será definir una estrategia de financiamiento para cumplir con el compromiso de reducción de emisiones.

"Tendremos que establecer una estrategia de desarrollo tecnológico y superar desafíos como restaurar 12 millones de hectáreas de bosque nativo, con costos competitivos y tecnología que permitan acabar con el comercio ilegal de madera y la deforestación rural”, dijo.

Según la ministra, otro obstáculo de su país y de toda la región será mejorar la capacidad científica para establecer un sistema permanente de monitoreo de gases de efecto invernadero porque ahora van a ser auditados por un organismo internacional.

En tanto, Calle apunta que para sostener el acuerdo será central la transferencia de tecnologías desde los países desarrollados a naciones en vías desarrollo como las latinoamericanas.  “Pero a su vez, debemos hacer nuestra tarea. ¿Qué limita que los países usen fuentes de energía más eficientes? ¿Por qué no vemos autos eléctricos en nuestras ciudades?”, se pregunta.

Y reconoce que la urgencia de la región es vencer la pobreza, pero a su vez entiende que se deben revisar los marcos legales, tributarios, contractuales, concesiones y otros que pueden estar limitando el desarrollo sustentable. “Perú con los países de la Alianza del Pacífico quiere liderar un diálogo público-privado en ese sentido”, asegura.

Quejas desde América Central

Una de las regiones más críticas del acuerdo fue América Central. “París queda debiendo. América Central no ha sido explícitamente mencionada como región altamente vulnerable, aunque se ha dejado espacio para los países con vulnerabilidades particulares”, apunta Tania Guillén, oficial de cambio climático en el Centro Humboldt de Nicaragua y observadora en las negociaciones de la COP21.

Y agrega que el mecanismo de "obligación y compensación" fue excluido en la decisión que acompaña el acuerdo. Este elemento obligaba a los países responsables históricos de la contaminación a compensar a las regiones que inevitablemente van a sufrir los efectos del cambio climático.

Guillen asegura que la región ahora tiene mucho trabajo por delante. “Ya que el acuerdo no es lo ambicioso que necesitábamos, nos queda incrementar el trabajo de adaptación a nivel local. El Acuerdo de París no nos garantiza que no vamos a seguir sufriendo los efectos negativos del cambio climático y que quizás se incrementen”, dice.