Mucha gente piensa que la NASA tiene cámaras secretas de entrenamiento en las que se puede eliminar la gravedad. Pero la verdad es que aparte de la veterana columna Anti Gravity en Scientific American, no existe tal cosa como la antigravedad.

La gravedad es una fuerza que surge entre dos masas cualesquiera del universo. Su efecto más familiar es la atracción que tira de nuestros cuerpos, nuestras casas y todo lo que nos rodea, hacia la superficie del planeta Tierra. Incluso en la órbita terrestre, donde los astronautas no sienten su empuje, la gravedad está muy presente. Lo que ocurre a esa altura es simplemente que el efecto de la gravedad está enmascarado por el movimiento en caída libre de la nave espacial dando vueltas al planeta. La única manera de escapar verdaderamente de la gravedad es salir al espacio profundo, más allá del dominio de cualquier planeta o estrella.

Hasta el momento, ninguna tecnología ha sido capaz de neutralizar la fuerza de la gravedad en la Tierra. La mejor manera de aproximarse a la sensación de ingravidez es montar a bordo de unos aviones especiales y volar en arcos parabólicos imitando la forma del Arco de San Luis. Tales aviones, apodados "cometas del vómito” por las náuseas que inducen, permiten a los pasajeros flotar por unos momentos mientras el avión está en caída libre descendiendo por el Arco. Con este método los astronautas se entrenan para vuelos espaciales; y también se han podido grabar las escenas de un ingrávido Tom Hanks en la película Apolo 13.

También se puede experimentar momentos de aparente ingravidez durante los vertiginosos descensos de las montañas rusas o la Torre del Terror de Disney World, por ejemplo. "Tanto tú como tu vagón en la montaña rusa están cayendo a la misma velocidad", dice Damian Pope, un físico del Perimeter Institute for Theoretical Physics en Canadá, "por lo que tu asiento no empuja contra ti, y no sientes ningún tipo de apoyo. Esto imita lo que te sentirías si, por alguna razón, te encontraras en un vagón de montaña rusa en el espacio profundo".

Estos ejemplos ilustran la manera como normalmente experimentamos la gravedad. Durante el resto del trayecto por la montaña rusa sientes la presión hacia arriba del asiento. "Un físico diría que el asiento está ejerciendo una fuerza sobre ti", dice Pope. "En términos más generales, la sensación de tener peso que experimentamos en la vida cotidiana es solo la sensación de estar sostenidos por el suelo, por un asiento de montaña rusa, etc., y que estos objetos ejercen " fuerzas normales" sobre nosotros."

La falta de cámaras de antigravedad es lo que hace que la investigación en el espacio sea tan valiosa. Sin una forma de eliminar la gravedad en la Tierra, los científicos deben poner en marcha experimentos en la órbita terrestre para estudiar qué ocurre en condiciones de ingravidez. La Estación Espacial Internacional alberga cientos de proyectos que investigan desde los efectos de la ingravidez en los virus (que aumentan su virulencia), a los cristales (que crecen mucho más grandes), o a los efectos en el cuerpo humano (que sufre pérdida de densidad ósea y daños en la visión). Los científicos esperan que los fármacos desarrollados en las condiciones inusuales del espacio puedan ayudar a tratar problemas de salud habituales en la Tierra. 

Si los seres humanos están destinados a explorar el espacio exterior en el futuro, necesitaremos mejores maneras de manipular la gravedad de las que tenemos ahora –o al menos mejores herramientas para luchar contra los efectos negativos de la ingravidez en el cuerpo humano–. En los 16 años desde que se lanzó el primer módulo de la Estación Espacial Internacional, la NASA y sus socios han hecho grandes avances en nutrición y en el uso equipos de ejercicio especializados para mantener la buena condición física de los astronautas.

Sin embargo, estas medidas no serán suficientes para proteger a las tripulaciones en viajes espaciales que duren bastante más tiempo que un año. Una solución muy popular en la ciencia ficción es tener una nave espacial giratoria que cree gravedad artificial por medio de la fuerza centrípeta, como la que aparece en la película 2001: Una odisea en el espacio. La rotación arrastra todos los objetos hacia la pared exterior de la nave, que se convierte en el suelo. La lógica detrás de esta estrategia es sólida, pero para generar una gravedad similar a la de la Tierra, dicha nave debería ser mucho más grande que cualquier vehículo espacial jamás construido. Por ahora podemos también disfrutar de algunos aspectos curiosos de la antigravedad durante los viajes espaciales, como por ejemplo algunos trucos muy peculiares con el yo-yo.