Cuando Kim Williams, directora de conservación científica de la organización Paso Pacífico, visitó los bosques del suroeste nicaragüense en marzo de este año, se encontró con un escenario preocupante: más de 280 monos aulladores de la especie Alouatta palliata habían sido hallados muertos en menos de tres meses.

“También vimos que varios individuos severamente deshidratados, y algunos moribundos, estaban tratando de comer pequeñas plantas directamente del suelo, algo sumamente inusual para estos monos que pasan sus vidas colgados de los árboles”, dijo Williams a Scientific American.

Las razones de la inusual mortandad son desconocidas para los científicos y, con los pocos datos que hay disponibles, Williams y su equipo intentan desvelar el misterio. Es la primera vez desde la década de 1950, cuando hubo una epidemia de fiebre amarilla en Nicaragua, que se reporta una muerte masiva de monos aulladores.

La principal hipótesis es que los monos se han visto afectados por la falta de alimentos adecuados, producto de la fuerte sequía que azota a las provincias nicaragüenses de Rivas y Carazo. La intensa sequía, a su vez, está siendo provocada por el fenómeno meteorológico de El Niño, cuyo impacto en la región este año se perfila como uno de los más fuertes de la historia.

“Hay cerca de 10.000 monos aulladores en esa área. En nuestra estimación más conservadora, entre tres y cinco por ciento han muerto en el primer trimestre de 2016”, dice Liliana Cortés, especialista en primates neotropicales de la Universidad de Michigan y asesora científica de las investigaciones. “Creemos que el número podría ser todavía más alto porque no siempre las muertes son reportadas. Es una situación alarmante”.

Los monos aulladores son animales propios de las selvas de Centroamérica y América del Sur. Son primates pequeños —con un peso promedio de 10 kilos— y su alimentación se basa principalmente en hojas jóvenes y frutos, como el higo. Estos monos juegan un papel importante en la diseminación de semillas, que son expulsadas a través de su tracto digestivo luego de haber consumido las frutas.

Si bien los investigadores han hallado que algunos de los animales muertos tenían el estómago lleno al momento de morir, eso no es garantía de que estaban consumiendo los nutrientes necesarios, dice Katharine Milton, investigadora especializada en nutrición de primates de la Universidad de California, en Berkeley.

“Ha habido estudios en los que se ha encontrado que el contenido calórico de los alimentos consumidos por ciertos animales no ha sido suficiente, a pesar de haberlos mantenido llenos. Es como si usted y yo comiéramos papel: nuestro estómago se llenará pero no nos nutrirá para seguir viviendo”, señala Milton.

Descartando enfermedades

Aunque la fuerte sequía que azota a la región se perfila como la principal responsable de las muertes, los investigadores no pueden darlo por un hecho hasta que hallen un vínculo comprobable. Tampoco pueden descartar otras hipótesis, como la posible acción de un patógeno que esté causando una epidemia.

“Los monos aulladores son extremadamente vulnerables a la fiebre amarilla, así que eso fue lo primero que pensamos, pero estábamos equivocados”, dice Cortés. “En algunos países, como Brasil, los monos son monitoreados a nivel epidemiológico: si se desata un brote entre ellos, es una señal casi segura de que habrá también un brote entre las comunidades humanas más cercanas pocos días después. Esta valiosa información le da a las autoridades la oportunidad de actuar para contener y minimizar daños”, explica.

Las muestras también han dado negativo para dengue, chikungunya y hasta zika, las enfermedades transmitidas principalmente por el mosquito Aedes aegypti y que afectan actualmente a la región. 

Para Williams y Cortés, el siguiente paso será exportar muestras de los animales muertos y enfermos a Estados Unidos, donde hay laboratorios mucho más avanzados que les permitirán investigar si se trata de otro tipo de enfermedad.

Si bien el sitio donde se han reportado más muertes de monos aulladores es Nicaragua, el país centroamericano no está solo. Muertes de estos animales también han sido reportadas en los últimos meses —aunque en menor cantidad— en Costa Rica, Panamá y Ecuador. En Guanacaste, una provincia en el Pacífico norte de Costa Rica –que limita con Nicaragua– también se han encontrado varios monos A. palliata muertos, aparentemente por deshidratación, según reportó el periódico nicaragüense La Prensa.

En el caso de Panamá, la especie afectada es Alouatta coibensis, la cual tiene una población de cerca de 3.000 individuos en la región de Azuero. “Aunque es una especie distinta a la que hemos visto afectada en Nicaragua y Ecuador, la sequía es el principal protagonista en todos los casos”, dice Pedro Méndez Carvajal, director de la Fundación en Pro de la Conservación de Primates Panameños.

Cortés cree que esta no será la última vez que se vean casos de mortandad como estos, y por eso documentarlos a fondo es tan importante. “Los datos que podamos recopilar ahora nos permitirán modelar futuros escenarios y establecer medidas de conservación más efectivas, aunque nuestro deseo es que situaciones como estas no se repitan”.