El consumo de antibióticos está aumentando de manera sostenida en todo el mundo, según un estudio hecho público el pasado 17 de septiembre. El fenómeno se debería, sobre todo, al aumento de la demanda de estos medicamentos en los países pobres y en vías de desarrollo. La nueva investigación aporta la imagen más completa realizada hasta la fecha sobre dónde y cómo se utilizan los antibióticos y sobre las resistencias que está provocando su abuso.

El Centro para la Dinámica, Economía y Política sobre Enfermedades (CDDEP), una organización sin ánimo de lucro radicada en Washington, ha basado su análisis en datos procedentes de estudios científicos y de distintos sistemas de salud nacionales y regionales. A partir de esa información, el centro calculó la tasa de resistencia a antibióticos de 12 tipos de bacterias en 39 países, así como las tendencias que han marcado el uso de estos medicamentos en 69 naciones durante al menos los últimos diez años.

Entre 2000 y 2010, el uso global de antibióticos creció en 30 por ciento. Dicho aumento se debió sobre todo a la demanda de países como Sudáfrica o la India, en los que estos fármacos pueden obtenerse fácilmente sin receta médica y donde algunas zonas adolecen aún de una higiene deficiente. En la India, por ejemplo, la fracción de infecciones de Klebsiella pneumoniae resistentes a los carbapenemas, una familia de potentes antibióticos, aumentó del 29 al 57 por ciento entre 2008 y 2014. En EE.UU., sin embargo, menos del 10 por ciento de las infecciones causadas por este patógeno presentan resistencia a los carbapenemas. El informe también documenta un aumento en el uso global de antibióticos en ganadería. El problema resulta particularmente agudo en China, que en 2010 destinó 15.000 toneladas de antibióticos a este fin.

Tales situaciones contrastan con la existente en los países ricos, la mayoría de los cuales ya ha comenzado a regular el uso de estos fármacos, una estrategia que parece estar empezando a dar sus frutos. Según el estudio, el número de infecciones de Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina, por ejemplo, ha bajado de manera drástica durante los últimos ocho años en numerosas zonas, como el Reino Unido.

"Creo que se trata de un estudio serio y que invita a pensar", apunta Daniel Sahm, jefe científico de International Health Management Associates, una consultora farmacéutica radicada en Illinois. Con todo, Sahm opina que, dada la dificultad que supone conseguir datos en los países menos desarrollados, el informe podría tener sus propias lagunas; una razón más para aumentar la vigilancia.

El estudio incluye una lista de seis medidas destinadas a aquellos países con una regulación deficiente. Algunas de ellas, como mejorar la higiene, son obvias. Pero otras, como reducir el uso de antibióticos en ganadería o en los hospitales, pueden resultar más polémicas o difíciles de implantar. 

Timothy Walsh, microbiólogo de la Universidad de Cardiff, opina que aunque todas ellas son sugerencias útiles, limitar el uso global de antibióticos requerirá la cooperación entre países: "Podremos dedicarle todo el dinero, emociones y buenos propósitos que queramos, pero hasta que no tengamos un sistema internacional que nos permita actuar y rendir cuentas, seguiremos repitiendo los mismos errores una y otra vez", concluye.

 

Este artículo se reproduce con permiso y se publicó primero  el 17 de septiembre de 2015. La versión en español se publicó primero en Investigación y Ciencia.