Un equipo de Australia realizó varias pruebas a 24 adultos sedentarios con sobrepeso y diabetes y halló que cuando el grupo interrumpía lapsos prolongados sin movimiento con tres minutos de caminata o ejercicios de resistencia -como sentadillas o levantamientos de piernas- tenía valores de glucosa, insulina y péptido C en sangre más bajos. Esos indicadores suelen aumentar cuando la diabetes está mal controlada.

"Los seres humanos estamos diseñados para movernos", dijo el autor principal Paddy Dempsey, investigador del Instituto del Corazón y la Diabetes Baker IDI, en Melbourne.

"Nuestros sistemas biológicos funcionan de manera óptima con la actividad física regular. Los períodos prolongados en una silla o un sillón de la vida actual, en especial la laboral, son oportunidades perdidas de movimiento saludable", añadió.

Mientras que estudios previos habían asociado la inactividad con un aumento del riesgo de desarrollar diabetes y hacerlo con síntomas más graves, poco se sabe sobre el tipo y la cantidad de ejercicio que contrarrestarían los efectos nocivos del sedentarismo.

El equipo de Dempsey rastreó los signos de la diabetes en la sangre después de tres experimentos, que duraron tres días cada uno: un día normal o días con interrupciones del trabajo de escritorio cada 30 minutos con tres minutos de caminata o ejercicios de resistencia (sentadillas o levantamiento de piernas), rutinas que no exigían equipamiento especial o demasiado espacio en el hogar o la oficina.

Esas interrupciones con ejercicios breves estuvieron asociadas con una reducción de la glucosa, la insulina y el péptido C en sangre. Los ejercicios de resistencia, pero no la caminata, también disminuyeron los triglicéridos, según publica el equipo en la revista Diabetes Care.

Para los autores, una limitación del estudio es que los experimentos breves no sirven para describir los efectos prolongados de la intervención en la diabetes.

Aun así, para las personas con diabetes, estos resultados deberían recordarles evitar pasar períodos prolongados sin movimiento, en especial después de comer, según opinó Bethany Barone Gibbs, investigadora de la University of Pittsburgh que no participó del estudio.

"La buena noticia es que el tiempo en una silla se puede interrumpir con una caminata corta o ejercicios en el lugar, como sentadillas o levantamiento de los talones", dijo Gibbs.