El cerebro produce menos dopamina, una sustancia química asociada con el placer y la adicción, cuando una persona fuma, pero esta deficiencia se revierte cuando abandona el cigarrillo.

"El cerebro se adapta a la liberación de dopamina reiterada que induce la nicotina al disminuir la producción de dopamina", explicó la doctora Lena Rademacher, de la Universidad de Lübeck, Alemania.

Su equipo les realizó estudios por imágenes del cerebro a 15 no fumadores y a 30 fumadores, a los que luego les ofreció un tratamiento de cesación del tabaco. A los tres meses, los autores repitieron las imágenes en los 15 participantes que habían dejado de fumar.

Los fumadores producían inicialmente un 15-20 por ciento menos de dopamina que los no fumadores, según publica el equipo en Biological Psychiatry. Pero en la segunda serie de imágenes, esa diferencia había desaparecido entre los no fumadores y los participantes que habían dejado de fumar durante el estudio.

Esto es importante porque algunos investigadores plantean que ciertas personas producirían menos dopamina naturalmente, lo que las predispondría a la adicción.

La adicción a la nicotina está asociada con trastornos del sistema dopaminérgico. Pero los científicos desconocen si fumar induce esas anormalidades o si éstas son preexistentes en algunas personas y eso aumenta su vulnerabilidad a la adicción a la nicotina.

Dado que el estudio identificó que la mayoría de los problemas que causa la nicotina desapareció al dejar de fumar, los resultados sugieren que se trata de un subproducto del tabaquismo, según finalizó Rademacher.