Los hombres con sobrepeso e insomnio crónico se quedan dormidos con más facilidad y rapidez luego de un programa de ejercicio aeróbico de seis meses, de acuerdo con un estudio de Finlandia publicado en Sleep Medicine.

El insomnio afecta a entre el 40 y 80 por ciento de los hombres con sobrepeso y obesidad, según dijo Serge Brand, del Centro de Trastornos Afectivos, del Estrés y el Sueño de las Clínicas Psiquiátricas de la Universidad de Basilea, Suiza, y que no participó del estudio.

Brand explicó que el ejercicio aeróbico reduce el sedentarismo y el apetito, a la vez que mejora la función cardiovascular, la autoestima y la autoeficacia; aumenta la necesidad de dormir y refuerza tejidos como los músculos, los tendones y los órganos relacionados con la respiración y el flujo sanguíneo. Además, mejora el estado anímico.

El equipo de Sulin Cheng, de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, China, y la Universidad de Jyväskylä, Finlandia, convocó a 45 hombres de entre 30 y 65 años. Casi todos tenían sobrepeso u obesidad, con síntomas de insomnio como problemas para dormir, despertar temprano o sueño no restaurador durante por lo menos tres meses.

Al azar, la mitad participó de clases de ejercicio aeróbico durante seis meses, incluidas entre una y cinco clases por semanas de entre 30 y 60 minutos con un entrenador. La cantidad y la intensidad de las clases dependían del nivel de aptitud física de acuerdo con una prueba basal. El resto mantuvo la rutina habitual.

El monitoreo incluyó el uso de sensores en las camas, diarios del sueño, cuestionarios, diarios de la actividad física y la alimentación, y mediciones corporales.

A los seis meses, el grupo que había hecho ejercicio conciliaba el sueño más rápido y tenían menos problemas para hacerlo que el grupo control. También tenían menos despertares nocturnos, descansaban más y tenían un sueño de mejor calidad de acuerdo con el estado en el que despertaban, según publica Sleep Medicine.

El ejercicio calma la "hiperexcitación" mental y física común del insomnio, que se caracteriza por el aumento de los latidos, la aceleración mental y la imposibilidad de "apagar" los pensamientos, según describió Christopher E. Kline, investigador del Centro del Sueño y la Cronobiología de la University of Pittsburgh.