Un equipo médico que investigaba la muerte misteriosa de un paciente de 41 años portador del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) descubrió que el cuerpo estaba plagado de células tumorales provenientes de un parásito. Este el primer caso reportado mundialmente.

Resolver el misterio llevó casi tres años, según explicó el responsable del equipo, Artis Mühlenbachs, investigador del área de enfermedades infecciosas y patología de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Mühlenbachs trabajó con científicos del Reino Unido, Colombia y Japón.

"Era difícil convencer a los demás y a nosotros mismos" de que una tenia —gusano parasitario que se instala en los intestinos— podría causar tumores en los seres humanos, dijo. "Era difícil de creer", agregó.

El equipo publica en New England Journal of Medicine que este caso no sería el único, que otras personas con el sistema inmunológico debilitado portadoras de tenia podrían tener el mismo problema.

El parásito culpable fue el Hymenolepis nana, una tenia enana, que es más común en las regiones cálidas con pocas instalaciones sanitarias. Es la tenia más común de las 3.000 que habitan en el ser humano. Hay unos 75 millones de personas infectadas en el mundo y es el único parásito que se reproduce sin abandonar el cuerpo humano. No causa síntomas y rara vez se escapa de los intestinos a otros órganos.

En este caso, fueron las células tumorales de la tenia las que se diseminaron. Esto se descubrió luego de que un paciente de 41 años consultara por fiebre, fatiga, tos y pérdida de peso en un hospital de Colombia en enero del 2013.

El paciente, que sufría de VIH, no había utilizado antirretrovirales, de modo que su sistema inmunológico no estaba funcionando correctamente. Tenía nódulos en los pulmones, el hígado y la glándula suprarrenal. Se detectaron huevos del parásito en la materia fecal y los nódulos linfáticos aumentaban de tamaño.

Una muestra de esos nódulos incluía células pequeñas e inusuales que se comportaban como células tumorales: se agrupaban de manera caótica, en pequeños espacios, crecían rápido e invadían otros tejidos, pero eran 10 veces más pequeñas que las células tumorales comunes y, a veces, se fusionaban, algo que rara vez hacen las células humanas.

Surgió un gran indicio cuando el equipo intentaba determinar si esas células eran algún tipo de ameba. Los resultados indicaban que se trataba de ADN de una tenia. "Primero pensamos que era imposible", recordó Mühlenbachs. Pero las pruebas lo confirmaron.

Aunque las células tumorales no mataron al paciente de manera directa, ya que sus riñones rechazaron el tratamiento de la infección por hongos, facilitaron su muerte al debilitarlo.

Mühlenbachs dijo que si aparecieran otros casos, no tendrían indicios de cómo tratarlos. Los fármacos contra la tenia no servirían para las células tumorales. "Tampoco sabemos si la quimioterapia podría ser una opción", comentó el autor.