En un experimento, adolescentes en Hong Kong que pudieron entrar al colegio 15 minutos más tarde pudieron dormir más, dejaron de llegar siempre tarde al colegio y tenían mejor concentración, con mayor salud mental.

Pocos adolescentes duermen las 8 a10 horas recomendadas y tratan de compensarlo los fines de semana, lo que genera un patrón de sueño irregular, según publica el equipo en Sleep Medicine. Los adolescentes de Hong Kong y Estados Unidos solo duermen unas 7,5 horas por noche los días que van al colegio, según Yun Kwok Wing, de la Universidad China de Hong Kong. Su equipo reunió información de 1.377 estudiantes de dos colegios secundarios de Hong Kong. En uno, el día escolar comenzaba a las 7:45 a. m. y terminaba a las 3:40 p.m. En el otro, los alumnos  entraban a clases a las 7:55 a. m. y salían a las 3:55 p.m.

Para el experimento, el primer colegio cambió el horario de clases, iniciando a las 8 a.m. y lo compensó con 15 minutos menos de almuerzo, sin alterar el horario de salida. El otro colegio no modificó el horario escolar.

Antes del estudio, el equipo evaluó a 617 estudiantes del colegio que retrasaría la hora de entrada y a 556 estudiantes del otro colegio (grupo control). Todos registraron durante una semana cómo dormían y a un grupo se le colocaron sensores para monitorear el sueño y validar esos registros diarios. Además, los adolescentes respondieron cuestionarios sobre sus patrones de sueño, hábitos y conductas, como el tabaquismo y el consumo de alcohol y cafeína.

A los cinco meses de iniciado el experimento, se repitieron todas esas evaluaciones. Los estudiantes que entraban más tarde al colegio dormían unos 10 minutos más cada mañana que el grupo control. Ambos grupos se acostaban más tarde a medida que avanzaba el estudio y siguieron sintiendo somnolencia durante el día y compensando la falta de sueño los fines de semana. Pero al final del estudio, los estudiantes que entraban más tarde al colegio tenían mejor salud mental que el grupo control. Sus respuestas y los informes docentes mostraban mejorías en la conducta social y la relación con sus pares, además de que ese grupo tenía menos problemas emocionales que el grupo control.

Para los docentes, retrasar el inicio del día escolar redujo los problemas de conducta, mejoró la concentración en clase y disminuyó las llegadas tardías. El 75% de los estudiantes que pudieron entrar más tarde al colegio dijeron que la medida sirvió para mejorar el sueño, la atención y la puntualidad, aunque un grupo pequeño mencionó tener algunos inconvenientes con el transporte y la reducción del tiempo de almuerzo.