Muchas personas piensan que una copa de vino o cerveza con la comida prolonga la vida de manera saludable, pero un nuevo estudio sugiere que gran parte de la evidencia que respalda el consumo moderado de alcohol tendría algunas deficiencias.

Un equipo analizó 87 estudios publicados y detectó que 13 tenían un sesgo crítico. La mayoría había comparado a consumidores moderados de alcohol (bebían una o dos copas por día) con abstinentes. Los autores originales no habían tenido en cuenta los motivos médicos por los que los abstinentes evitaban el alcohol, lo que habría exagerado los beneficios para la salud del consumo moderado de alcohol.

Tras considerar ese sesgo, "nuestro estudio no identificó beneficios netos", sostuvo el autor principal, Tim Stockwell, director del Centro para la Investigación de las Adicción de la Universidad de Victoria, Columbia Británica, Canadá.

"La gente no debería beber por salud. La mayoría disfrutamos del alcohol y beber poco y ocasionalmente es el riesgo más bajo", agregó por e-mail.

Trece estudios no habían tenido en cuenta el sesgo de los abstinentes y ninguno había detectado beneficios para la salud asociados con el consumo moderado de alcohol, según se publica en Journal of Studies on Alcohol and Drugs.

El análisis no tuvo en cuenta si ciertos tipos de bebidas alcohólicas, como el vino tinto, estarían asociados con la longevidad. Se concentró en la mortalidad por todas las causas, lo que significa que podría existir esa relación en algunas personas con ciertas enfermedades, como las cardiopatías, según explicó Stockwell.

Aun así, la evidencia disponible sugiere que la cantidad de alcohol segura para beber sería no beber, según explicó Jennie Connor, titular de medicina preventiva y social de la Facultad de Medicina de la Universidad de Otago, Nueva Zelanda, y autora de un editorial sobre el estudio.

Connor explicó que la mayoría de los estudios publicados se hizo con la información que los participantes recordaban sobre el consumo personal de alcohol.

Una manera de mejorar la recolección de los datos es pedirle a los participantes que mencionen las marcas de cerveza o de vino que consumen, según propuso Tom Greenfield, director científico del Grupo de Investigación del Alcohol, Emeryville, California, y autor de otro editorial.