Las nuevas versiones de cigarrillos electrónicos conocidas como lapiceros de vapeo no se parecen demasiado a los cigarrillos tradicionales, pero un estudio sugiere que ver a alguien usando esos dispositivos encendería el deseo de fumar.

Como otros tipos de cigarrillos o vaporizadores, los lapiceros de vapeo son dispositivos a batería que convierten con calor nicotina líquida y saborizantes en una nube de vapor que el usuario inhala. Los lapiceros de vapeo son más grandes, como las nubes de vapor que producen, y se parecen menos al cigarrillo tradicional que otros cigarrillos electrónicos.

En un experimento de laboratorio, 108 fumadores jóvenes interactuaron al azar con una persona que consumía un cigarrillo tradicional o usaba un lapicero de vapeo. Ambos escenarios generaron un aumento similar del deseo de los participantes a fumar un cigarrillo, aun cuando nunca habían probado un lapicero de vapeo.

Eso sorprendió a los autores y cuestiona la utilidad de los cigarrillos electrónicos como ayuda en la cesación, según dijo la autora principal, Andrea King, investigadora especializada en psiquiatría de University of Chicago: "Nuestros resultados sugerirían que los fumadores quieren reducir el consumo del cigarrillo electrónico como a la versión tradicional".

Todas las grandes tabacaleras de Estados Unidos están desarrollando cigarrillos electrónicos. En esta década de presencia de estos dispositivos en el mercado estadounidense, los especialistas en salud pública debatieron sobre su utilidad en la cesación tabáquica o, por lo menos, su seguridad como alternativa a los cigarrillos tradicionales, o bien la atracción de una nueva generación a la adicción a la nicotina.

El estudio no exploró la seguridad de los dispositivos, pero pone en duda la utilidad de los cigarrillos electrónicos en la disminución del deseo de fumar que produce la adicción.

El equipo de King evaluó ese deseo en 108 hombres y mujeres de entre 18 y 35 años que fumaban unos nueve cigarrillos por día. Más del 80 por ciento también había probado los cigarrillos electrónicos por lo menos una vez y casi el 30 por ciento lo había hecho el último mes.

Los participantes ignoraban el motivo real del experimento. En el laboratorio, conversaban con otros voluntarios que, en realidad, eran los investigadores. En esos momentos, cuando los falsos voluntarios fumaban un cigarrillo tradicional o un lapicero de vapeo, los autores detectaron que ambas señales elevaban el deseo de los participantes de fumar un cigarrillo o un cigarrillo electrónico.

El nivel y la duración del deseo de los voluntarios eran los mismos delante de un cigarrillo tradicional o la versión electrónica. Pero cuando los falsos voluntarios bebían agua de una botella, el deseo de fumar o vapear no cambiaba en los voluntarios.

Para evaluar la capacidad de resistir al tabaquismo en un subgrupo de 26 voluntarios que fumaban a diario, el equipo colocó un cigarrillo, un encendedor y un cenicero delante de los voluntarios. Les dijeron que podían fumar o recibir 20 centavos por cada cinco minutos que se resistían.

La mayoría de los voluntarios no fumó durante 20 minutos, independientemente de si un "compañero" había vapeado o fumado antes, según publica el equipo.